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AFP-EFE-Télam
El avance de los talibanes hasta un distrito situado apenas a 100 km de Islamabad -la capital paquistaní- incrementó las preocupaciones de Estados Unidos sobre la capacidad del gobierno del único país musulmán dotado del arma nuclear de contener a las milicias islamistas vinculadas a la red Al Qaeda en el vecino Afganistán.
Varios grupos de talibanes “patrullaban el distrito de Buner”, confirmó por teléfono Rasheed Jan, un agente de policía de esa zona.
Cientos de combatientes islamistas, vinculados a Al Qaeda y a los talibanes afganos, circulaban en la capital del distrito, con armas ligeras y lanzacohetes, e instalaron puestos de control en las principales rutas, indicaron habitantes y responsables administrativos locales que solicitaron el anonimato.
Desde el día anterior ocupaban las mezquitas, los edificios de la administración y los locales de varias organizaciones no gubernamentales locales, según las mismas fuentes.
Ayer, la caída previsible de ese distrito provocó reacciones muy hostiles por parte de Washington hacia Islamabad, su principal aliado desde 2001 en la “guerra contra el terrorismo”. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, expresó abiertamente sus inquietudes ante la posibilidad de que armas nucleares caigan en manos de islamistas radicales.
“Nunca se destacará lo suficiente la seriedad de la amenaza que plantean al Estado de Pakistán los continuos avances de los talibanes, ahora a sólo unas horas de Islamabad”, declaró Clinton, precisando que una alianza de talibanes y combatientes islamistas intenta “tomar el control del Estado paquistaní, que como sabemos es un Estado nuclear”.
Negociación o capitulación
El gobierno tuvo que negociar a mediados de febrero un alto el fuego a cambio de la instauración de tribunales islámicos en el valle de Swat, ante la incapacidad o la falta de voluntad del ejército para enfrentar a los combatientes vinculados con Al Qaeda y a los talibanes afganos en esa región del noroeste.
Ese acuerdo, aprobado por el presidente Asif Ali Zardari, fue calificado como capitulación por Washington.
De hecho, a pesar de que el pacto les obligaba a abandonar las armas, los talibanes de Swat, fuertemente armados, siguieron avanzando y esta mañana se apoderaron del distrito adyacente de Buner.
“La regulación ha sido firmada bajo condiciones que ambas partes tienen que cumplir. Los insurgentes tienen que abandonar las armas. Si no lo hacen, nos reservamos el derecho a emprender acción (militar) contra ellos”, le respondió hoy el primer ministro, Yusuf Razá Guilani, según el canal privado Express TV.
A principios de esta semana, Muslim Jan, portavoz de los talibanes de Swat, juró imponer la más estricta Sharia, la ley islámica, a todo Pakistán, y aseguró que el jefe de Al Qaeda, Osama Ben Laden, que según Estados Unidos se esconde en las cercanas zonas tribales en la frontera con Afganistán, era bienvenido en Swat.
El líder religioso de Swat que llevó las negociaciones con el gobierno, Sufi Muhamad, sostuvo que la democracia era un concepto ajeno al Islam y que los talibanes tenían la intención de eliminarla en Pakistán.
Estados Unidos, que multiplica desde hace casi un año los disparos de misiles contra Al Qaeda en su nuevo refugio en las zonas tribales paquistaníes, se preocupa de la “talibanización” creciente en la República Islámica de Pakistán, potencia nuclear del sur de Asia.
A principios de esta semana, Richard Holbrooke, el representante especial del presidente estadounidense Barack Obama para Pakistán y Afganistán, expresó su inquietud por el acuerdo de Swat.
“No debería preocuparse tanto, es nuestro país y conocemos mejor que él la realidad del terreno”, contestó el martes el primer ministro Razá Guilani, asegurando que ya se podía observar una “vuelta a la normalidad” en Swat. Estas declaraciones provocaron la ira de la prensa local, que criticó la “política del avestruz” del gobierno.
“Señor Guilani, no solamente se inquieta el señor Holbrooke, sino también todos los paquistaníes, atemorizados por esta amenaza”, contestaba el diario The News, instando “al ejército y al gobierno” a reaccionar.
Envían refuerzos
En tanto, hoy el gobierno paquistaní envió dos centenares de soldados para recobrar el distrito de Buner (norte) de manos de los talibanes, envalentonados tras su “victoria” en el vecino valle de Swat y decididos a expandir su influencia por todo el país.
Los refuerzos de la guardia de fronteras se desplegaron en Buner, a unos 100 kilómetros de Islamabad, con la “misión de proteger los edificios oficiales y permanecerán en la zona hasta que los insurgentes hayan sido expulsados”, explicó el portavoz del ejército, Athar Abbas.
Hoy mismo, un policía murió y otro resultó herido en un ataque insurgente contra un convoy de las fuerzas de seguridad en la zona, informaron los medios paquistaníes, que también citaron testigos según los cuales un grupo de unos 30 talibanes entraron en el distrito vecino de Shangla y ya lo están patrullando.
Aparte de su demostración de fuerza en Buner o en Shangla, la insurgencia no ha cesado en su ola de atentados, cada vez más frecuentes no sólo en la conflictiva Provincia de la Frontera del Noroeste, sino también en grandes urbes como Lahore e Islamabad.
Envalentonados
Shangla, Buner y el valle de Swat pertenecen a Malakand, una región tribal pastún de la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP) en la que las autoridades convinieron en febrero en implantar tribunales de la Sharia (Ley Islámica) en el marco de un acuerdo de paz con los talibanes. La insurgencia declaró entonces una tregua -como el ejército- pero han seguido registrándose episodios de violencia y la “provocación” que supuso su desplazamiento desde Swat a Buner.
“El acuerdo de paz los ha envalentonado para expandirse”, observó una fuente de inteligencia occidental. El artífice del acuerdo, el clérigo radical Sufi Muhamad, declaró esta semana que la democracia y las cortes superiores paquistaníes “no son islámicas” y que las autoridades deben apresurarse en la preparación de los tribunales de la Sharia.