Tarea de contención en pleno barrio Candioti

“Hay una estigmatización de

los chicos en situación de calle”

Funcionarios y autoridades del Refugio explicaron el trabajo que se realiza en la institución, sobre todo ante personas que responsabilizan a los chicos que asisten allí de cometer los últimos robos en la zona.

Mónica Ritacca

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“Rotular a los chicos del Refugio como los culpables de los robos en la zona es no poder ver los problemas de fondo”. La frase de Marcela D’Angelo, subsecretaria de Niñez, Adolescencia y Familia de la provincia, es una respuesta a quienes señalan a los chicos en situación de calle como los responsables de los últimos hechos policiales ocurridos en instituciones educativas de barrio Candioti. La secretaria de Programas para el Desarrollo de la Ciudadanía, Patricia Giuricich, considera por su parte que “los chicos son el último eslabón de una cadena de problemas y en todo caso, antes de echar culpas, hay que preguntarse qué pasó que durante décadas jamás se invirtió un peso en los jóvenes”.

A fines de 2005, un lugar de puertas abiertas conocido como el Refugio abrió en Ituzaingó 1854. Desde entonces, se caracterizó por tener un equipo de operadores de calle externos, que se encarga de contactarse con los chicos en el lugar que eligieron para quedarse y establecer un vínculo, y otro de operadores internos, que se ocupa sobre todo de evitar que estén la mayor parte del día en la calle.

En diálogo con El Litoral, Aníbal Mendiburo, director del Refugio, explicó que los operadores de calle externos trabajan para que los chicos que pasan el día o pernoctan en la estación de colectivos, la plaza España y hasta en los ingresos de domicilios particulares o edificios opten por acercarse a la institución.

“Venir al refugio es una elección voluntaria que implica por parte de los chicos renunciar a algunas cosas y atenerse a ciertas reglas: acá no se permite el ingreso de armas, de drogas, de objetos robados y hasta de dinero que no puedan justificar. Una vez adentro, se les ofrece la posibilidad de bañarse, de comer y de dormir. Al mismo tiempo, los operadores de calle internos empiezan a indagar sobre por qué están en la calle, dónde viven, quiénes son sus padres...”, manifestó Aníbal Mendiburo. Y agregó: “En un cierto número de casos se consigue que el chico vuelva a su barrio, pero hay otros donde no se puede lograr lo mismo porque ya lo han intentado y no resultó”.

Sobre el funcionamiento del Refugio, el director indicó que durante el día se trabaja de manera ambulatoria, coordinando actividades con otras instituciones para que los chicos puedan hacer ejercicio de sus derechos: acceso a la educación, a espacios recreativos, a la salud... Por la noche, cerca de 14 menores en situación de calle, capacidad máxima que dispone el lugar de alojamiento, van hacia allí hasta la mañana siguiente.

“Una de las realidades contra la que tenemos que lidiar cuando van llegando es el consumo de distintas sustancias, ya no es sólo el poxirrán. Buscamos que vengan chicos entre 8 y 14 años, pero hay algunos que superan esa edad y otros que están por debajo”, refirió.

Consultado sobre los prejuicios que giran, sobre todo por estos días, alrededor de los chicos del Refugio, Aníbal Mendiburo señaló preocuparle. “La acusación automática a pibes que están en una institución, donde se supone que están haciendo algún tipo de proceso, me preocupa porque no hay ninguna razón ante la duda de pensar que fueron ellos”, dijo, acotando que “siempre se espera que instituciones como éstas se transformen en lugares de encierro”.

Acciones a futuro

La subsecretaria de Niñez, Adolescencia y Familia de la provincia, Marcela D’Angelo, destacó el trabajo que se realiza en los lugares donde se apunta a recuperar los lazos familiares, como es el Refugio, en la medida que no sea perjudicial para los chicos. “Si su presencia acá es porque en el mismo vínculo familiar se vulneran sus derechos, a través de situaciones de abuso o de maltrato, se tienen en cuenta alternativas como la de sus familias ampliadas o referentes barriales”, fueron sus palabras.

Tras ello, remarcó que para nada ayuda cuando “los chicos son llevados a las comisarías sólo por su cara porque sienten ser lo que otros les marcan”. “Hace un tiempo las instituciones de niñez convocaron a reuniones a los referentes de las seccionales policiales sobre ese tipo de situaciones”, manifestó.

Patricia Giuricich, secretaria de Programas para el Desarrollo de la Ciudadanía, refirió por su parte lo ocurrido el jueves pasado en el Refugio cuando, después del robo que sufrió una ciudadana, “un juez dictó una orden de allanamiento -que arrojó un resultado negativo- sin que mediara prueba alguna que vinculara ese episodio con los chicos de acá”.

“Hay una mirada discriminatoria y un juicio por anticipado que causa mucho daño y sobre todo no ayuda al trabajo que se está haciendo. La sociedad tiene que estar convencida de que estos jóvenes deben estar alojados en algún lugar de la sociedad porque son tan ciudadanos y personas como cualquiera que transita por la calle”, fueron sus palabras. Y agregó: “Nos preocupan estos hechos que están sucediendo en barrio Candioti, pero vamos a tomar recaudos para proteger los derechos de los niños ante situaciones totalmente infundadas o fundadas en prejuicios”.

Por último, la funcionaria anticipó que se están articulando acciones con la Municipalidad tendientes a realizar un trabajo serio sobre quienes se encuentran en situación de calle. Asimismo, aclaró que tal problemática está instalada hace tiempo y resolverla no será fácil.

“Hay una estigmatización de los chicos en situación de calle”

El Refugio está localizado sobre Ituzaingó al 1800, jurisdicción de barrio Candioti.

Foto: Amancio Alem

ESPECIAL PARA EL LITORAL

OTRA MIRADA

Preocupación

Por Stella Maris Vallejos (*)

En diciembre de 2005 comenzó a funcionar en calle Ituzaingó 1854 un Refugio para niños y adolescentes en situación de calle.

Existía, en aquel momento, un grupo de chicos que se encontraba viviendo en las inmediaciones de la terminal de ómnibus y plaza España. Esta situación se hizo visible cuando los medios de comunicación empezaron a denunciar insistentemente que el gobierno “no daba respuestas a niños en situación de abandono”.

Cabe señalar que este grupo, conocido como “la banda del Poxi”, pernoctaba en esa zona practicando hábitos destructivos, hacia ellos y hacia los que por allí pasaban. Nació así este espacio de contención en el cual empezamos a construir alternativas que posibiliten “otra mirada” hacia quienes, vistos como “peligrosos”, seguían siendo “niños”.

Por entonces, se nos convoca a trabajar a un grupo de 15 personas en la función primordial de lograr que esos chicos, que vivían en la calle, eligieran dormir en el Refugio. En el andar, esa meta inicial se enriqueció y se modificó en torno a que los chicos encuentren en el operador de calle un lazo de sostén afectivo, que los acompañe en la búsqueda de su desarrollo integral, como primer momento del encuentro adulto/ niño. (...).

Desde el Inadi, observamos con absoluta preocupación los últimos acontecimientos en los que, tanto quienes asisten al Refugio como sus trabajadora/es son sospechados de delincuentes. Actualmente, el Centro de Permanencia Transitoria forma parte del conjunto de políticas públicas que se abocan a la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, proclamada en la Declaración Universal de los Derechos del Niño, en la Ley Nacional Nº 26.061 y en la reciente sancionada Ley Provincial.

Recordemos que son niños que han sido despojados de todo: educación, salud, vivienda, trabajo para sus padres; y que además están siendo estigmatizados como delincuentes. Para los 350 pre-adolescentes que transitan anualmente, este refugio es apenas una “curita” a las grandísimas carencias que padecen. Para ellos la construcción de la confianza es un proceso que, como ciudadanía, deberíamos cuidar.

(*) Delegada del Inadi en Santa Fe