EDITORIAL

Cuando la inseguridad se convierte en una

novela vespertina

El debate entre “inseguridad” y “sensación de inseguridad” no es nuevo. Tanto es así, que parece haberse transformado en una dicotomía eterna entre aquellos ciudadanos que a diario sufren el accionar de la delincuencia, y las autoridades encargadas de garantizar el orden público.

Durante los últimos años, la inseguridad trepó a la cima del ranking de preocupaciones para la mayoría de los argentinos, dejando atrás algunos temas tan sensibles como la inflación, los bajos salarios o el desempleo.

No se equivoca el ciudadano común cuando reclama soluciones a un flagelo que agobia. Los muertos están allí, así como las víctimas de asaltos callejeros, las armas de circulación ilegal o los vendedores de drogas.

Sin embargo, tampoco mienten las autoridades cuando se aferran a estadísticas específicas que no siempre coinciden con el sentir de la gente y que, incluso, suelen demostrar que el número de delitos graves ha bajado en ciudades tan violentas como Santa Fe capital.

De poco serviría una discusión tendiente a determinar quién tiene razón en esta puja, pues seguramente unos y otros cuentan con elementos suficientemente valederos como para respaldar sus posturas.

En los últimos días, el juez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eugenio Zaffaroni, cuestionó el papel de los medios de comunicación en el abordaje de la inseguridad. Durante un panel realizado en Rosario, habló de una suerte de puesta en escena que los medios -sobre todo la televisión- realizan a partir de este tipo de noticias.

Zaffaroni advirtió que suelen elegir un determinado perfil de victimarios a quienes se les trata con la “impunidad” suficiente como para que puedan apelar a cualquier tipo de discurso, incluso al que “incita a responder con más violencia”.

En general inconscientemente, las víctimas suelen formar parte de un espectáculo dramático que, si bien está basado en hechos reales, termina por incrementar la sensación generalizada de miedo e indefensión, y desemboca en el reclamo de medidas efectistas y tan irracionales como la actitud de los mismos delincuentes.

Las recientes repercusiones provocadas por el homicidio de Daniel Capristo -el chofer de la empresa Andreani que fuera baleado por un menor de edad durante un asalto- son un claro ejemplo de este espectáculo montado por la televisión sobre el dolor generado por la muerte de un ciudadano común.

Prácticamente todos los canales porteños -tanto de TV abierta, como por cable- transmitieron en directo y sin pausa este drama y la marcha organizada hacia el Obelisco para reclamar seguridad y justicia.

Como si el llanto, el dolor y la desesperación de los seres queridos no fueran suficientes, en muchos casos la transmisión incluyó cataratas de obviedades por parte de periodistas acompañados por una música dramática de fondo, al mejor estilo de las más elementales novelas vespertinas.

Decir que la inseguridad es una mera sensación sería negar la realidad. Sin embargo, los medios de comunicación deberían realizar un profundo análisis sobre el papel que están jugando en este difícil momento.