Las empresas de base tecnológica
Las empresas de base tecnológica
Dr. Alberto E. Cassano (*)
Resulta cada vez más repetido escuchar el término Empresas de Base Tecnológica. Tienen una denominación atractiva porque están particularmente asociadas, en forma casi natural, con la generación de productos o servicios de interés económico o social de alto valor agregado. Es posible indagar acerca de una definición de lo que significa ese “nombre” y, aun entre expertos, se encontrarán varias; tal vez ninguna equivocada, pero muy posiblemente también, casi todas incompletas.
Gran parte del interés suscitado por las denominadas empresas de base tecnológica (EBT) procede de la observación de que especialmente en EE.UU., durante el período 1970-1985 y nuevamente, a partir del año 1995 con la biotecnología, algunas de ellas han tenido un éxito económico asombroso. De igual forma, a finales de la década de los 90, estos emprendimientos suponían en la Unión Europea aproximadamente el 13% del total de las nuevas empresas creadas y ha seguido creciendo sostenidamente. Evidentemente, y es hasta cierto punto lógico, menos se habla de los fracasos (entendidos como la tasa de desaparición pasados 5 años desde su creación), cuyo porcentaje es realmente muy elevado y bastante mayor que el de los éxitos. Incluso en este caso, es bueno señalar, que las nuevas EBT surgidas desde otras empresas preexistentes (denominados “spin-off corporativos”) tienen una tasa de fallo alrededor de un tercio de la que presentan otras que nacen más autónomamente. Las principales razones son: (i) el mejor conocimiento del mercado y el negocio y (ii) la disponibilidad de suficiente capital como para diversificar la inversión en varios y diferenciados proyectos simultáneos y el éxito de uno solo, es más que suficiente para pagar con creces el riesgo asumido.
La necesidad de valorizar en beneficio de las propias instituciones científico-tecnológicas los resultados de la actividad de investigación y desarrollo (I+D) pública, promoviendo la generación de nuevas empresas, es muy evidente. En algunos casos, los frutos obtenidos en la exploración, no sólo aplicada sino también básica, pueden generar rápidamente nuevos productos y procesos de llamativo interés económico o social. Los ejemplos de las tecnologías de la información, la biotecnología y muy pronto se verán en las nanotecnologías, son emblemáticos, y las nuevas políticas de algunas Universidades, el Conicet y otros organismos sectoriales igualmente importantes como por ejemplo el Inta, el Inti, la Cnea para citar instituciones muy conocidas, promoviendo la innovación, apuntan a ello.
Un criterio que deber ser asimilado es que la vieja asociación de la innovación con las tecnologías duras es una noción obsoleta. Las tecnologías blandas (un típico ejemplo son las tecnologías educativas) también integran el conjunto y pueden ser motivo de interés para una actividad empresarial de estas características.
En Santa Fe
Los atributos a tener en cuenta a la hora de caracterizar a una empresa como “de base tecnológica” difieren considerablemente según el o los criterios con los que es analizada. Este es un aspecto de suma importancia por la frecuencia con que ha sido comenzado a usarse este término, tanto en los medios públicos como privados y, muy especialmente, en organismos de financiamiento de distinta naturaleza, sin que exista un acuerdo claro sobre su significado. Hace menos de un año, coordinada por el PTLC Sapem, se llevó a cabo una acción conjunta con la Universidad Nacional del Litoral y el apoyo del CCT Conicet, Santa Fe, procurando alcanzar, mediante una encuesta virtual enviada a diferentes sectores de la sociedad y que tuvo una muy buena acogida, una definición consensuada y lo más precisa posible de la misma.
Para alcanzar el objetivo propuesto se definieron quince criterios que fueron sometidos a la consulta virtual con la posibilidad de que aquellos que la respondieran pudieran sugerir cambios a su formulación o agregar otros. Participaron de la encuesta empresarios (30%), investigadores y profesores (30%) y otros opinantes no pertenecientes a los dos sectores anteriores (40%).
Al hacer el análisis de las respuestas, logró asentimiento la decisión de clasificar la aceptabilidad de los componentes que la podían definir en tres grupos: (i) Un primer conjunto formado por los criterios que habían alcanzado, como mínimo, un 95% de consenso. (ii) Otro en los que las categorías habían alcanzado hasta un 50 % de aceptación y que podían calificarse como importantes y/o complementarios y (iii) Una tercera fracción por debajo de este nivel, que fue interpretada como un rechazo a que fueran usados para su inclusión en la definición.
Criterios esenciales
Sobre esta base, fue posible definir casi inequívocamente que una Empresa de Base Tecnológica debe reunir los siguientes requisitos esenciales: (1) Que su actividad requiera el uso intensivo del conocimiento y todas las formas modernamente reconocidas de las tecnologías. (2) Que su actividad debe basarse en innovaciones de productos o procesos o servicios o diseños o sistemas de mercadeo o métodos organizacionales para prácticas productivas o comerciales. (3) Que su actividad debe tener un discernible valor agregado económico o tratarse de un emprendimiento de reconocido interés social (que también puede ser cuantificado económicamente). (4) Que entre sus objetivos tenga la mejora continua de sus productos o procesos o servicios o diseños o sistemas de mercadeo o métodos organizacionales. (5) Que entre sus objetivos tenga la permanente incorporación de nuevas innovaciones de tecnologías duras o blandas, de alto atractivo económico o social y (6) Que por las características de la innovación a implementar, posea la capacidad de generar mayor competitividad en el mercado.
Éste pasó a ser, al menos en nuestro criterio, el “todo consistente” de características sine qua non para que un emprendimiento pueda calificarse como EBT.
Un segundo conjunto importante de características incluyen: (1) Que la innovación que se analiza debe representar un progreso al menos incremental en relación al conocimiento previo preexistente sobre la materia y (2) Que algunas de las tecnologías a implementar pueden no estar totalmente desarrolladas en el momento de la constitución de la empresa, pero que no pueden ser las únicas.
Reflexión
Complementariamente, con prácticamente igual nivel de consenso que en el caso inmediato anterior se obtuvo un grupo de respuestas que deberían llamarnos poderosamente la atención cuando pretendemos alentar el desarrollo local, porque dan lugar a entender mucho más claramente la cultura empresaria y servirían para aportar proactivamente a su mejor desarrollo. Y, muy especialmente, para ser tenidas en cuenta por los integrantes del tan a menudo citado alto grado de desarrollo del sector de producción de nuevos conocimientos de nuestra ciudad. Ellas fueron: (1) Que para cumplir lo requisitos indicados anteriormente, se puede recurrir para adquirir las innovaciones a cualquier oferente que las pueda proveer aunque sólo transmita el “know-how” para llevarlas a cabo y no la totalidad del conocimiento existente en ellas. (2) Que en nuestro país, y en particular las empresas pequeñas y medianas, por diversos motivos, consideran que no necesariamente la mejor opción para incorporar innovación se puede dar cuando el proceso se lleva a cabo dentro de la propia empresa y (3) Que de ninguna manera las contrataciones externas para alcanzar las innovaciones deben hacerse preferentemente en el denominado Sistema Científico, Tecnológico y de Innovación del país, sino en el lugar que ofrezca la mejor y más económica solución. Estas tres opiniones, con un muy significativo grado de anuencia, contienen una gran riqueza fáctica que no puede ser ignorada. Pero a la vez, están indicando la apertura de oportunidades que no deberían ser desaprovechadas. Y de alguna manera, casi escondido detrás de una gran parte de estas afirmaciones, está el verbo competir.
Finalmente, no fueron considerados aspectos definitorios de especial interés, los siguientes: (1) Los antecedentes en el grado de desarrollo innovativo alcanzado en el pasado por una empresa ya constituida. Lo que indica que lo que importa es la situación temporal actual del grupo empresario y no tanto su pasado. (2) Que no es una ventaja para calificar la empresa como de base tecnológica, la localización geográfica de la radicación. Lo que significa que la incorporación del nuevo conocimiento no puede constituir solamente una innovación “geográficamente localizada”, sino que debe tratarse de una actividad competitiva en cualquier mercado y (3) Que introducir innovaciones exclusivamente culturales no son elementos válidos para calificar a una empresa como de base tecnológica.
Personalmente debo confesar que los puntos (2) y (3) de estas respuestas que quedaron clasificadas y ordenadas de esta forma con criterios estrictamente estadísticos, no dejaron de generarme, aunque sea reducido, un cierto grado de preocupación. Pero no es mi tarea en esta nota, hablar de políticas.
Resumiendo, si los deseamos usar, aunque más no sea regionalmente, tenemos algunos criterios que con seguridad, por el método empleado, han perdido en gran medida subjetividad. Y eso no deja de ser un resultado valioso.
Estos aspectos son de suma importancia para cuando en una próxima contribución, se aborde el tema de los aportes necesarios por parte del sector financiero para constituir empresas o asociaciones destinadas a proveer el Capital para la Innovación en EBT.
(*) Intec (UNL y Conicet). Presidente del Directorio del PTLC-SA.
foto: agencia AFP