Para los santafesinos, ni Sol
Desde hace un tiempo, el aeropuerto de Río Gallegos, contempla el cotidiano aterrizaje de un Boeing 747-400, el mayor avión comercial de pasajeros del mundo, proveniente de Ezeiza. La aeronave que tiene una autonomía de vuelo de 13 horas y una capacidad de transporte de 470 pasajeros es, por obra y gracia del secretario de transporte Ricardo Jaime, el vehículo rápido que une Santa Cruz con la Capital. Por si el hecho no fuese en sí muy llamativo, un detalle lo hace decididamente disparatado: apenas viajan un centenar de personas y muchas de ellas, son invitados de cortesía.
Las autoridades parecen haber sobreactuado aquello de “que el sur también existe” ya que, una provincia que en cifras del Indec en 2008 totalizaba una población de 225.920 habitantes de los cuales 110.435 dormían en Río Gallegos, es depositaria de vías de comunicación de las que carecen otras con mayor densidad demográfica o geopolíticamente más importantes. Además, récords de inversión pública, dotan a la provincia pingüina de kilómetros de rutas y caminos curiosamente costosos.
El motivo de la incorporación del Jumbo en una ruta de cabotaje para satisfacer necesidades santacruceñas, no tendría que ver tanto con la estratégica posición de la provincia, sino más bien con la falta de naves de la alicaída Aerolíneas Argentinas y con el tácito compromiso oficial de no dejar a pie a ciudadanos de primera.
No llegaron, y parecería que no llegarán, las promocionadas aeronaves prometidas después de la reestatización de la compañía entre gallos y medianoche.
Burlas de un federalismo de utilería: Santa Fe desde hace años no cuenta con conexiones aéreas fluidas con el resto del país, ni siquiera con Buenos Aires.
Ser ciudadanos de segunda, perteneciendo a una de las provincias más importantes del país, ya no llama la atención, como tampoco sorprenden los delirios de los funcionarios actuales cuando de Santa Cruz se trata.
Y lo que realmente exaspera como santafesino, es la absoluta falta de respeto por la gente que en Sauce Viejo espera horas por un avión que a veces, ni siquiera llega. Con todo y eso, algo es mejor que nada; pero a partir de agosto es incierto que Sol, la empresa que por ahora sostiene con cierta rutina varios vuelos diarios hacia la capital, pueda o le convenga seguir manteniéndolos. De algún modo habría que hacerles saber a los burócratas que racionan el federalismo, que al norte del río Deseado, hay un territorio que está lleno de argentinos.




