Ascenso al Aconcagua
Ascenso al Aconcagua
Nunca tan cerca del cielo
Uno de los pocos santafesinos que puede decir “yo estuve ahí” es el profesor Juan Manuel Moretti, quien coronó en su primer intento nada menos que al Aconcagua, considerado la puerta de entrada al Everest, el “techo del mundo”.
Juanchi Moretti
Y cuando me di cuenta, estaba mirando hacia arriba y no llegaba a dimensionar lo que había realizado… Pensándolo una y mil veces, no llegaba a poder entender plenamente que lo había logrado: cumbre en la cima más alta del mundo occidental, el Centinela de Piedra (Ackon – Cahuak). Había escalado el Aconcagua.
Pasaron 25 años desde que vi por vez primera esa descomunal masa de piedra. Desde la entrada al Parque Provincial Aconcagua pude ver a la distancia, allá muy atrás de todo, la nevada pared sur que se mostraba a todos los que participábamos de esa excursión. Jamás pensé que un día la iba a escalar, sin embargo hoy creo que en ese momento se firmó el contrato de esta expedición que marcaría profundamente mi vida.
El plan
Podría decirse que fue todo un proceso que paulatinamente me fue acercando a este desafío. Lo primero fue tomar la decisión, donde el apoyo de mi familia fue importantísimo al momento de comunicarles mi objetivo.
Tenía trazado un plan de actividades durante un año, que incluía preparación física y técnica, concretadas en una sucesión de viajes que me permitieron llevar adelante una preparación específica de montaña; realizar todas estas actividades durante el año 2007 me hizo disfrutar de una nueva experiencia.
Un detalle a remarcar y que pienso que detonó parte del resultado final, fue conocer a mi guía y amigo de montaña, Juan Pedro Vilches. Observarlo con atención me reveló su profesionalismo y nivel de calidad humana, que al llegar el momento definiera mi elección para participar de una de las expediciones que proponía para el año 2008.
El inicio de todo
Llegué al 3 de Enero de 2008 que partí hacia Mendoza, donde daría comienzo la expedición. Una vez allí se disparó todo con los últimos aprestos; es así que creyendo que estaríamos descansando durante todo el día, lo que si hicimos fue trabajar un poco más todavía para colocarnos en mejores condiciones para comenzar.
Ya listos para partir, nos condujeron hasta Vallecitos donde coronaríamos la cumbre del cerro del mismo nombre. Fortalecidos con el primer logro, descendimos al refugio para descansar y enfrentar la etapa principal que nos llevaría hasta la zona de Horcones, uno de los accesos para llegar al Aconcagua.
Ahí estábamos, a 11 días de haber comenzado la aventura, a 2850 metros de altura y con todo el entusiasmo para realizar el esfuerzo más importante para el que tanto habíamos trabajado. Fue así que una vez pasado los controles de guardaparques nos adentramos finalmente en tierras del Aconcagua buscando el primer objetivo, acampar en Confluencia. Allí nace mi primera incertidumbre, el control médico detecta presión sanguínea alta, que bien podría ser el motivo de mi deserción para otra oportunidad. Tanto esfuerzo y bajarme sin casi haber comenzado….
Paisaje nuevo
El tramo de Confluencia a Plaza de Mulas fue la mejor representación del paisaje al que nos adentrábamos. Transitamos por un desierto muy extenso que nos fue llevando hasta la cara norte de la montaña. El paso por la Cuesta Brava, que bien merecido tiene su nombre, nos hace ilusionar de una pronta llegada, pero todavía nos falta un trayecto muy accidentado que pareció interminable.
Al llegar a Plaza de Mulas nos alojamos en el hotel-refugio, aunque dormimos una sola noche en sus habitaciones; de la carpa no zafamos porque Juan Pedro no quería que nos ablandáramos, más cuando todavía nos faltaba poner lo mejor de nosotros para alcanzar la meta.
El control médico determinó que había superado el proceso de alta presión y que podía seguir sin inconvenientes, pero al trasladarnos al campamento de altura en Cambio de Pendiente, durante la noche comencé a producir apneas involuntarias. Hice uso de todo lo que había aprendido con mi maestro de yoga, relajación, concentración, respiración completa, los mantras aprendidos; nada dio el resultado esperado, pues cuando me dormía volvían los accesos de ahogo. Me planteé seriamente abandonar la expedición y así se lo comuniqué al grupo, ellos me animaron a seguir y con un tratamiento de suero fisiológico pude superar el trastorno respiratorio que me permitió continuar.
El ataque final
Berlín, 6000 m., último campamento antes del asalto a la cumbre. Faltaba poco y mucho a la vez. Vientos en la cumbre nos hicieron esperar un día más en la carpa, buena oportunidad para descansar e hidratarnos, dos aspectos que nunca sobran en la alta montaña.
Llegó el día, yo estaba tranquilo, pero con la carga de incertidumbre del que sabe a qué se enfrenta, pero no tiene todos los ases en la mano, pues la última carta siempre la tiene la montaña.
Comenzamos a ascender lentamente. Con paso firme y coraje intacto vamos sumando altura. Descansamos, avanzamos, tomamos algo caliente, seguimos avanzando, con grampones y piquetas avanzamos por el Gran Acarreo, una inmensa extensión de piedra suelta cubierta de nieve. La falta de oxigeno se advierte y obliga a ajustar el paso, que se hace más lento, sin perder firmeza y decisión. Paulatinamente vamos superando los lugares conocidos a través de los relatos de otros montañistas o la lectura de algún libro de montaña.
Al llegar a la Cueva, el desnivel y la pendiente se modifican, lo que nos hace comenzar el tránsito por la mítica Canaleta, lugar donde muchos terminan sus mejores esfuerzos. Nosotros seguimos con ritmo seguro, ascendiendo lenta e inexorablemente, nada nos va a detener, el día es maravilloso. El Filo del Guanaco está al frente, solo hay que seguir caminando, el paso se entorpece y se vuelve más lento todavía. Falta muy poco.
Momento cumbre
Curva a la derecha un pequeño promontorio de rocas, le cedo el paso a mi amigo Leandro y juntos llegamos a la cumbre. Los sucesos son un poco confusos en mi mente escasa de oxígeno, seguimos hacia la cruz, la alcanzamos juntos, el abrazo con Leandro es interminable. Por supuesto, brindamos con lágrimas, de esas que brotan fácil y calidamente, las que son acompañadas por nuestros mejores afectos, por los seres queridos que esperan que volvamos intactos y que tanto hicieron para que llegamos a donde lo hicimos, la cumbre del Aconcagua.
Fotos y más fotos, abrazos. Empezamos a prepararnos para el descenso, hasta ahora solo hicimos la mitad del trayecto, ahora hay que volver a casa. Comenzamos a bajar, perdemos altura con facilidad pero no sin continuar invirtiendo energías que a estas alturas comienzan a escasear. La sensación es de agotamiento, pero sumamente placentero, es como haber ingresado en un ámbito nuevo e inexplicable. Solo el compartir anécdotas con amigos podrá ir revelando todo lo sucedido y entender mejor lo realizado.
La bajada no fue fácil, hay menor motivación, mayor cansancio, el equipo que fuimos abandonando en sucesivas etapas hay que volver a cargarlo. Querer llegar a Plaza de Mulas, comer bien y descansar, es el máximo anhelo; que de a poco vamos alcanzando. Una vez allí, llega el festejo y las felicitaciones de otros montañistas que comparten nuestra felicidad.
Caminar en descenso es todo lo que falta. Estamos rumbo al final, la ciudad de Mendoza, despedidas, abrazos, promesas de mails y fotografías enviadas por el mismo medio. Nuevamente solo, viajando a Santa Fe, satisfecho, en un estado de plenitud desconocido y todavía tratando de entender y dimensionar lo alcanzado. Qué es una cumbre para mi mismo, qué son los afectos cultivados durante esos días, qué son mis seres queridos, la familia, los amigos de siempre que me acompañaron todo el tiempo y que sin ellos nada tendría sentido.
Para todos ellos, para todos los que pueden emocionarse con la aventura y la inmensidad de escalar el Aconcagua, va mi agradecimiento.

Saludo eterno cerca del cielo. Con su compañero de escalada Leandro, y las impresionantes pared y cumbre sur al fondo. La cruz como testigo de la hazaña.
Foto: Juanchi moretti.

Campamento de altura: Vista del campamento “Berlin” a 6200 msnm, la última estación antes de hacer cima.
Foto: juanchi moretti.
ascenso al aconcagua

Ataque a la cumbre, Amaneciendo en el Aconcagua el grupo se abre paso hacia la cumbre con grampones y piquetas, con paso firme y coraje intacto.
Foto: Juanchi moretti.

JUANCHI MORETTI
EL PERSONAJE
Gracias totales!
El apoyo de mi familia ha sido importantísimo al momento de yo comunicarles mi objetivo, cualquiera que ha realizado actividades parecidas a esta sabe que para lograrlo debe movilizar una cantidad importante de recursos humanos, materiales, equipos, logística y organización y los mecanismos de seguridad que se requieren. Todo eso se traduce en tiempo y dinero que hay que poner en juego, y que la medida de ello marca también las posibilidades de éxito.
