Resabios de la “vieja agricultura”
Resabios de la “vieja agricultura”
La lección del suelo
La compactación es un fenómeno extendido en los campos agrícolas, pero no todos los productores son conscientes de ello. El impacto en los cultivos y cómo resolverlo.

Juan Manuel Fernández
Un siglo de agricultura tradicional, sumado al pisoteo de la hacienda, generó un extendido fenómeno que debiera haberse resuelto antes de entrar masivamente a la siembra directa: la compactación de los suelos agrícolas.
Favorecida en muchos casos por las características arcillosas del terreno o por el tránsito de maquinaria sobre un perfil muy húmedo, una franja dura se forma bajo la capa fértil y le aporta una resistencia extra a los cultivos, que tienen que dedicar más energía a penetrar esa barrera en lugar de traducirla en mayor estructura de planta y mejores rindes.
A su vez, ese obstáculo restringe el poder de absorción de agua del lote y por lo tanto reduce la capacidad de acumulación de humedad. Justamente, con lluvias generosas como las de esta semana se puede detectar fácilmente la compactación bajo la superficie porque en esos sectores es donde se observan los encharcamientos.
De a poco, los productores santafesinos se van enterando de esto y empiezan a utilizar nuevas herramientas pensadas para resolver el problema, que también puede solucionarse con la incorporación de gramíneas en la rotación de cultivos.
Un viejo problema
La compactación puede darse en forma natural por la existencia de horizontes con alto contenido de arcilla; o bien por los años de uso de un lote. Antiguamente las labranzas en terrenos húmedos generaban los denominados “pisos de arado” o “piso de disco”. “Todo el mundo usaba el arado de reja y vertedera; después tenemos las rastras de discos, que eran las que hacían las labores principales y eran las que tenían ese efecto sobre el suelo”, explicó durante una jornada a campo en San Jerónimo Norte el ingeniero Sebastián Gambaudo, especialista en manejo de suelos del INTA Rafaela.
Si bien puede haber variaciones de un lote a otro en el nivel de endurecimiento de la tierra, al haberse aplicado las mismas prácticas en toda la región es natural que el fenómeno de compactación sea bastante extendido. “Esas compactaciones hay que corregirlas o con herramientas o con rotaciones de cultivos”, enfatizó Gambaudo, quien prefirió poner a las gramíneas en primer lugar, ya que son capaces de regenerar el suelo por acción de sus raíces. Pero cuando no se puede lograr por esta vía, irremediablemente hay que recurrir a las herramientas.
Hoy la mayoría de los productores trabaja con siembra directa, práctica que no cuenta con más de 15 años de uso intensivo en el país. Pero no significa que el problema de compactación ya no exista. En realidad “lo ideal hubiera sido corregir eso y después empezar con la siembra directa”, afirmó el especialista del INTA.
Una nueva herramienta
La compactación representa una importante limitante para los cultivos, sobre todo cuando hay poca humedad. “Una raíz tiene una fuerza equivalente a 20 kilos por centímetro cuadrado. Si el suelo le ofrece más resistencia no puede pasar. Entonces da vueltas buscando una grieta para poder pasar”, detalló Gambaudo ante un nutrido grupo de productores de San Jerónimo Norte y alrededores.
Concretamente, el efecto agronómico de la compactación es una menor eficiencia del cultivo. En su búsqueda de agua o nutrientes “la planta gasta más energía, en lugar de hacer hojas, en darle fuerza a esa raíz para que pueda pasar”.
Aunque no está medido con precisión el impacto de este problema en los rindes, sí se da por hecho que los disminuye. El menor desarrollo radicular es directamente proporcional al desempeño de la planta: si la raíz se desarrolló, por ejemplo, entre 20 o 25% menos, el mismo déficit tendrá al momento de absorber agua y nutrientes y por lo tanto habrá un menor rendimiento.
La solución más rápida es roturar el suelo. Pero ya no sirve el cincel o el arado de rejas, sino que se necesita ir más abajo. Por eso empezó a utilizarse el descompactador. “Esta herramienta tiene una reja capaz de trabajar a 35 o 40 centímetros de profundidad”, precisó Gambaudo, mientras que el cincel lo hace a 20 centímetros. Además, corta verticalmente la compactación y “nos aumenta la maceta para acumular agua”.
La contra, o el riesgo del descompactador, es que cuando llegue el momento de la cosecha no haya piso justamente por la mayor cantidad de agua acumulada.
Costo - beneficio
Precisamente con esta herramienta se hizo una demostración durante la jornada en San Jerónimo Norte, que organizó AFA Humboldt en el campo de Jorge Lagger. Para ello se utilizó un prototipo construido en un taller de la zona, propiedad del grupo de productores “Colonias Unidas” (lo componen unos 30 chacareros), que lo compraron para realizar el trabajo en sus campos.
El tractorista a cargo, Armando Bertone, comentó que en la zona “se trabaja mucho con disco desencontrado y ahora empiezan a probar con el descompactador”. Sin embargo, todavía no es una tarea que esté muy demandada. “Se está empezando recién ahora. Se pasó de trabajar mucho con disco a la siembra directa. Y ahora están haciendo análisis de suelos y se encuentran con compactación”, agregó el operario, confirmando lo dicho por Gambaudo.
En el campo de Lagger se testeó un descompactador con 5 púas diferentes para determinar cual era la mas efectiva para remover la tierra. El implemento combina discos, púas y un pequeño rolo que aplana la tierra roturada para evitar ondulaciones. Los discos están ubicados delante y tiene por finalidad evitar que las púas “se empachen” con rastrojo.
La profundidad a la que trabaja demandan al tractor que tira de la herramienta entre 35 y 45 hp por cada púa, por lo que el prototipo exhibido necesitaba unos 200 hp (se usó un tractor Pauny articulado de 240 hp turbo). De todos modos hay variantes. “Hay terrenos que con 160 hp los llevás; pero hay otros más compactados en los que necesitás toda la potencia”, precisó el operario.
Lógicamente, potencia y gasto de combustible están relacionados directamente. Aunque todavía no está medido, se calcula que para hacer el trabajo de descompactación un tractor puede gastar unos 20 litros de gasoil por hectárea, con picos de 23 si el trabajo es muy pesado o un piso de 15 litros. “Nosotros estábamos usando un cincel de 19 púas pasándolo a una profundidad de 25 centímetros y este tractor gasta entre 15 y 16 litros por hectárea”, detalló Bertone.
Si los chacareros no se largan con todo es porque tienen algunos miedos. El principal, como lo remarcan los especialistas, es “aflojar mucho la tierra” y perder piso para transitar el lote, sobre todo al momento de la cosecha. La clave es manejar la profundidad y para ello hay que hacer un seguimiento prácticamente en tiempo real. Para no hacer un gasto inútil, el tractorista recomendó lo mismo que el especialista del INTA: “hacer un pedazo, agarrar una pala y comprobar si realmente estás descompactando allá abajo”.
Además de remover en exceso, el otro riesgo es el gasto desmedido. Porque con una profundidad insuficiente “por ahí gastas un montón de combustible y no estás logrando lo que buscás”, finalizó el tractorista de “Colonias Unidas”.
El efecto agronómico es una menor eficiencia del cultivo. En su búsqueda de agua o nutrientes la planta gasta más energía en darle fuerza a la raíz.
EN RELACIÓN
Características del suelo “Serie Humboldt”
Durante una jornada organizada por AFA Humboldt se realizó una calicata en un campo de San Jerónimo Norte que desnudó las características físicas del suelo en esa zona y el grado de propensión a la compactación.
El geólogo del INTA Rafaela Rubén Tosolini detalló su composición: 67% limo, 28% arcilla y 4% arena. “Muy fácil de compactar si se trabaja con mucha humedad”, advirtió el experto.
También incide el nivel de materia orgánica (MO), que es del 2% en ese lugar (contra 4% en zona núcleo). Cuando hay poca MO se acelera la compactación.
La “Serie Humboldt” es muy similar a la “Serie Esperanza” en los primeros 22/23cm, pero se diferencia en el Horizonte B, ubicado a 35cm, que muestra hasta un 60% de arcilla.
Otras Series de la región son “Rincón de Ávila” y “Recreo”.

Impacto. La raíz de alfalfa muestra las alteraciones que causa la compactación. En condiciones normales mantiene la verticalidad (der.), pero con suelo compactado “zigzaguea” buscando superar esa barrera (izq.).
Foto: Gentileza INTA Rafaela.
La profundidad a la que trabaja, demandan al tractor que tira de la herramienta entre 35 y 45 hp por cada púa, por lo que el prototipo exhibido necesitaba unos 200 hp.


Conjunto. En la primera línea, los discos van cortando los rastrojos y evitan que las púas se “empachen”. El rolo impide que el suelo quede con ondulaciones.
Foto: Juan Manuel Fernández

A remover. El descompactador cuenta con púas que penetran hasta 40 centímetros en el terreno.
Foto: Juan Manuel Fernández

Detección. La franja compactada se distingue por mostrar capas laminadas.
Foto: Gentileza INTA Rafaela.
el dato
¿Se puede medir?
Existe una forma de evaluar el nivel de compactación de un terreno. El índice se denomina “densidad aparente” y se expresa en gramos por centímetro cúbico. El procedimiento consiste en tomar una muestra de suelo, colocarla en un horno y secarla a 105º durante 24hs para eliminar toda la humedad. Luego se pesa la muestra. Hasta los 1.2 gramos por centímetro cúbico es un valor ideal y no existe compactación; pero a partir de 1.45 gr/cm3 se considera que hay compactación y por lo tanto la raíz encuentra resistencia en ese suelo.
Señales de compactación
Encharcamiento en el lote. Es indicador de que una capa dura que impide la infiltración de las lluvias.
Raíces torcidas. El desarrollo normal es recto, pero la necesidad de la planta de perforar la franja compactada provoca el “zigzagueo” y hasta ángulos de 90º de la raíces.
“Tierra hojaldrada”. Cavando un pozo se puede distinguir que existe una estructura laminar en la capa de tierra compactada.
resistencia al cuchillo. Los especialistas recomiendan cavar un pozo e ir clavando un cuchillo por la pared del mismo de abajo hacia arriba. “Si ofrece resistencia puede estar compactado”, aseguran.
