Crimen en Romang
Once cartas y un pacto suicida
Crimen en Romang
Once cartas y un pacto suicida
Estaban enamorados a pesar de que eran primos. La enemistad manifiesta entre sus familias los condujo a sellar un pacto suicida del que él se arrepintió cuando estaba a punto de colgarse. La correspondencia sería clave para develar el acuerdo secreto.
Juliano Salierno
María y Hugo se encontraron a las cuatro de la tarde en el Cementerio de Romang para cerrar el trato. Charlaron durante un largo rato sentados en un banco y luego marcharon resueltos, hacia un “campito” ubicado unos 1.500 metros al oeste de la ciudad. Él llevaba dos sogas largas y fuertes que usarían para matarse, como lo habían acordado.
El relato del “Nocho” Hugo Orlando Hurt estremece el cuerpo. El muchacho de 25 años contó sin rodeos cómo fue que mató a su prima y amada, María Luisa Sánchez, de 16 años. Asegura que ella se lo venía pidiendo hacía tiempo y que llegado el momento, tras comprobar que la había matado, no tuvo el coraje para ahorcarse.
El testimonio de Hurt se complementa con la correspondencia que su familia le entregó al juez Jorge Galbusera, que estuvo a cargo del caso durante el receso invernal. El magistrado del turno lo indagó el viernes pasado bajo el cargo de “homicidio simple” y lo dejó detenido. Con la vuelta de la actividad judicial el caso pasó a manos del juez de Instrucción titular, Virgilio Palud, que tiene diez días para resolver la situación procesal del acusado.
Hurt ratificó en Tribunales su declaración ante la policía, aceptando lo que había hecho. Por su parte, el juez Palud le tomará declaración testimonial esta semana a los familiares, puesto que uno de los motivos que los indujo al suicidio habría sido una antigua diferencia entre los padres de uno y otro.
Familias enemistadas
Once cartas desesperadas son la llave que permiten dar crédito a la versión del muchacho, que se encuentra apesadumbrado y preso en la Alcaidía de la ciudad de Reconquista.
El abogado defensor, Claudio Darío Villasboas, se entrevistó con el muchacho previo a la indagatoria, para brindarle el asesoramiento correspondiente. No obstante, como se trata de un delito en que su autor asume la responsabilidad del hecho, la estrategia de la defensa es esperar el procesamiento y luego pedir la libertad.
Hurt es un “peón de albañil” de condición humilde y gozaba de “buen concepto” entres sus allegados. Según se revela en la investigación la relación se inició cuando ella tenía apenas 12 años, mientras que él ya alcanzaba los 21. No obstante, a pesar de la diferencia de edad, la chica habría tenido una gran ascendencia en las decisiones de Hurt, quien habría intentado hacerla desistir de la idea de matarse.
En su relato Hurt contó que era la madre de ella la que no los dejaba ver. La chica le venía proponiendo matarse por ese motivo desde hace un año y medio aproximadamente. Al punto que en la correspondencia “ella le pedía que la matara” indicó una fuente del caso. Le decía que “iba a sufrir mucho”. Todos esos datos se encuentran registrados en “once cartas” que forman parte del expediente.
En uno de los escritos María Luisa le pedía que consiguiera una escopeta y cartuchos. En otros lo amenazaba con quitarse la vida ella misma y de ese modo abandonarlo.
Lo último que se supo de la joven pareja era que ella estaba embarazada, lo que hacía aún más traumática la relación. Sin embargo, como todavía rige el secreto del sumario no se sabe qué resultados arrojó la autopsia en cuanto a la veracidad o no del estado de preñez.
Muerta a palos
El crimen de María Luisa Sánchez se consumó el lunes 20 de julio. Esa tarde, en el paraje rural que habían elegido para ahorcarse Hugo Hurt se encargó de preparar las sogas, para que pendieran de una rama que pudiera soportar el peso de ambos; borraron los mensajes de texto de sus celulares y en un momento determinado ella le dijo que iba a sufrir mucho ahorcada y “le pide que la mate a palos”, indicó una fuente del caso.
Entonces “seleccionan una vara de madera, ella se arrodilla y él la golpea en la nuca. Después le da dos palazos más”. Al advertir que no respiraba fue hasta el árbol, mete la cabeza dentro del lazo que había preparado para él, pero no se anima a matarse.
Desesperado por lo que había hecho, tal vez por la falta de coraje o por no haber cumplido con la promesa, se dirige a su casa del barrio Obrero, donde cuenta lo ocurrido. Momentos después la policía de la Comisaría 2da. de Romang se lo llevó detenido ante el asombro de familiares, vecinos y curiosos.