“Belle toujours”
“Belle toujours”
Una concesión a la nostalgia

Bulle Ogier, en el papel de Severine, en el filme dirigido por Manoel de Oliveira. Foto: Agencia Télam
Laura Osti
La película comienza en la Opera de París, donde una orquesta interpreta una sinfonía de Dvorak. La cámara alterna entre primeros planos de algunas personas que están en el público y otros que muestran a los músicos en el escenario. Entre el público hay un anciano, que mirando a su alrededor, de pronto descubre a una mujer, también mayor, rubia y bella, en una butaca un poco alejada, en el teatro repleto.
Cuando termina el concierto, el anciano parece ansioso, se apresura intentando superar a las personas que le hacen de obstáculo. Se adivina que lo que quiere es alcanzar a la mujer, que se le escabulle entre la gente y en la calle se sube a un auto majestuoso con chofer y se va. El hombre queda solo en la vereda, indeciso y vacilante.
“Belle toujours” es el homenaje que el veterano y prestigioso director portugués Manoel de Oliveira le rinde al genial director español Luis Buñuel, autor del memorable filme “Belle de Jour”, estrenado en 1967 y que es una de las joyas de la historia del cine y uno de los grandes títulos que aportó Buñuel, dueño de un estilo propio, al patrimonio cinematográfico universal.
Oliveira, que se autodefine como “un racionalista intuitivo” y se confiesa un admirador del director español, imagina un reencuentro entre Severine, la protagonista de “Belle de Jour”, y el amigo de su marido, Henri Husson, 38 años después de que ocurrieran los acontecimientos narrados por Buñuel.
En Husson, interpretado por el mismo actor, Michel Piccoli, se concentra esta secuela, más que en el personaje femenino, que esta vez (por defección de Catherine Deneuve), interpreta una difusa Bulle Ogier.
Husson, que sigue siendo una especie de dandy solitario, parece obsesionado por saber qué ocurrió en todo ese tiempo con Severine y con su sufriente esposo, que en la película de Buñuel había quedado paralítico a raíz de un balazo que un amante de su mujer le incrustó en la columna vertebral.
Oliveira se concentra en los diálogos y ubica a sus personajes en ambientes cerrados, casi todos emblemáticos de una época de oro del París de otros tiempos, de exactamente 50 años atrás. Hay una suerte de nostalgia que recorre todo el filme, que se expresa no solamente en la selección de las locaciones (el Teatro Opera, el Hotel Regina, el del bar del Vendôme y otras postales parisinas) sino también en las secuencias lentas, largos silencios, las preferencias por los planos fijos, muchas veces sin profundidad de campo, los ambientes nocturnos, marcando un fuerte contraste con las características del cine contemporáneo, frenético y ostentosamente artificial.
Finalmente, luego de una no tan discreta persecución, Husson consigue encontrarse con Severine y la invita a cenar para hablar de “aquello” y quiere saber qué es de su vida ahora. Ella, que primero rehúye y después acepta, aun a regañadientes, suelta algunas confesiones: su marido murió, no tuvieron hijos y ella ahora está sola pensando en terminar sus días en un convento. Él insiste, quiere saber acerca de sus raras costumbres sexuales, las que él mismo alentó en el pasado, pero ella asegura que ya es una etapa superada y en cambio quisiera saber si él la traicionó contándole su secreto a su esposo.
Instante nostálgico
Son dos ancianos que sin haber sido amigos, comparten secretos de un pasado conflictivo, y que ahora parecen querer saldar viejas cuentas, sin embargo, ninguno se decide a ahondar demasiado y no parece haber ninguna gran verdad que revelar.
Es sólo un instante concedido a la nostalgia, más que un reencuentro, una despedida que había quedado pendiente. Una etapa que por fin se puede cerrar, aunque las dudas queden flotando en el ambiente con su eterno misterio y su sinfín de conjeturas, que pueblan la mente curiosa y siempre insatisfecha de Husson.
Oliveira también rescata algunos fetiches simbólicos utilizados e inmortalizados por Buñuel como la caja oriental que emite un zumbido al abrirla y el gallo que irrumpe inesperadamente en ambientes solemnes.
Se trata de un juego, una licencia, un homenaje que un gran creador le hace a otro, recreando su mundo, pero que comete el pecado tal vez de querer explicar lo inexplicable, lo que Buñuel mostraba sin analizar.
BUENA
Belle toujours
Idem, Portugal y Francia, 2006. Drama. Dirección: Manoel de Oliveira. Interpretación: Michel Piccoli, Bulle Ogier, Ricardo Trêpa, Leonor Baldaque, Júlia Buisel. Guión: Manoel de Oliveira; inspirado en los personajes creados por Joseph Kessel. Producción: Miguel Cadilhe. Música: Dvorjak. Fotografía: Sabine Lancelin. Montaje: Valérie Loiseleux.
Diseño de producción: Christian Marti. Vestuario: Milena Canonero. Duración 70 min.