Sobre Gabo Ferro en el Foro Cultural
Cantar para sobrevivir a la noche en vela

En la semipenumbra en la que se siente solo, Gabo Ferro despliega una serie de climas especiales, convirtiendo la derrota en belleza, sostiene el autor.
Foto: Pablo Aguirre
Ignacio Andrés Amarillo
Gabo Ferro canta canciones de desamor. Si Zambayonny es el cantautor de la parte sexual de las relaciones (aunque supo escribir una canción de amor trunco como “Las horas perdidas”), si Pablo Krantz es el cantautor de los amores lejanos (en ocasiones con promesa de también lejano retorno, como en “No quiero vivir esperando” o “Lo imposible puede pasar”), Ferro es creador de canciones bellamente dolientes, que se conjugan en presente.
El dolor de la pérdida está allí, o al menos el vacío de la ausencia. Si para Shirley Manson una prenda dejada en el suelo es motivo de convulsión (“Cup of cofee”), para Gabo un par de zapatos abandonados, tan abandonados como quien escribe, es motivo de poesía: “Los pondré de mi parte / cuando se enteren que también los dejaste / Como los zapatos que dejaste acá tirados / Uno boca abierta al cielo y el otro desatado / Como tus zapatos, incompletos, solos, gastados / Hermosos juntos / imperfectos separados” (Como tus zapatos”). De igual modo que en tiempos felices dos tazas y una azucarera pueden conformar un sistema planetario entero al calor del hogar (Voy a montar un caballo”).
Gabo Ferro canta muy bien, entre unos agudos precisos sostenidos en el tiempo, y un susurro intimista. Gabo Ferro rasguea muy fuerte y arpegia en el límite de lo audible. Así, en la semipenumbra en la que se siente cómodo, despliega una serie de climas especiales, convirtiendo la derrota en belleza (¿no es esa acaso la función del arte?), tal como la protagonista de una de sus canciones , que dice “Que hay hombres para ser hombres nomás / y hay hombres para ser arte” (“El cuadro de mi daño). Despliega canciones como quien arranca los pétalos de “Calvas margaritas calvas / tercas en soplarme que voy a perderte” (“Calvas margaritas”).
Gabo Ferro canta fundamentalmente para expurgar demonios. Canta porque hay horas de la noche, cuando el insomnio se impone a la fatiga del cuerpo, en las que para muchos la opción es cantar o suicidarse. Es entonces cuando las palabras se forman en la mente, los dedos surcan el diapasón y la voz se alza, con el objetivo de sobrevivir a la noche en vela.




