Al margen de la crónica

O sea..., nada..., ¿viste?

El diccionario define como muletilla a la frase que se usa mucho por hábito. En el lenguaje cotidiano hay un exceso en el uso de muletillas -y de otras formas apocopadas del lenguaje- tanto que pasan a ser muletas que ayudan a sostener a quienes las emplean para conformar un discurso que, en general, termina poniendo nerviosos a los que escuchan.

O sea, digo, digamos, ¿cierto?, ¿verdad?, ¿no?, ¿me explico?, ¿entendé?, ¿me siguen?, ¿viste?, te juro, nada... son parte de la larga lista de ese tipo de voces o frases.

Cuando hablamos, también “vendemos” una imagen, del mismo modo que cuando nos vestimos, cuando sonreímos o cuando caminamos.

La manera en la que nos expresamos muestra de nosotros más de lo que suponemos y más de lo que podemos controlar. Las muletillas sirven para dominar una imagen que se quiere imponer pero, al mismo tiempo, dejan escapar mensajes subliminales en el discurso y que subyacen en el inconsciente de quien expone.

En algunos momentos de la interlocución, algunos términos que permiten no dispersar la concentración del otro, están correctamente usados, pero la sobreactuación, la exageración y, sobre todo la repetición del mismo término, no hace más que destruir o devaluar lo que podría ser una transmisión interesante.

Algunas muletillas son estereotipadas y pasan inadvertidas al común de las personas pero, al ser tan reiteradas y abundantes, consiguen que quienes escuchan, duden de la solvencia del discurso.

De manera inconsciente, quien hace uso de muletillas quiere apropiarse del interés de quienes lo escuchan, no perder el hilo conductor de su charla, controlar el uso de la palabra al negarle al otro intervenir en las pausas (ya que las reemplaza por las muletillas), mantener el interés de la platea y tomarse el aire necesario para pensar en medio de una alocución. Busca también, borrar las posibles dificultades que podrían quedar descubiertas con las pausas, disimular la falta de lectura o esconder una cultura general insuficiente.

El uso de esos soportes no reconoce ámbitos ni niveles de educación; desde un cuidacoches hasta muchos de los famosos invitados a los almuerzos más glamorosos de la televisión, hacen uso y abuso de las molestas repeticiones.

Por falta de convicciones, por escasez de recursos dialécticos, por inseguridades no registradas o por cualquiera otra razón que sustente el abuso de muletillas, lo cierto es que su uso es contagioso como una epidemia e igual de nocivo para la salud del idioma. Y bueno, nada, ¿me explico?