A 15 años de la jura de la Carta Magna de 1994
Menem y Alfonsín: apellidos emblemáticos de la reforma
El presidente de la convención y el hijo del ex presidente de la Nación participaron del cierre de las jornadas realizadas en esta capital. Ambos instaron al diálogo para superar las dificultades.
Juan Carlos Maqueda fue convencional por Córdoba y Alfonsín vino a recibir el reconocimiento a su padre. Juntos transitaron los pasillos de la UNL.
Foto: Mauricio Garín
Mario Cáffaro
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El doctor Eduardo Menem volvió a sentarse en el amplio despacho del rectorado de la UNL como hace quince años. En esta ocasión, no para encabezar reuniones de los bloques que integraban la convención constituyente, sino para esperar el acto de cierre de las jornadas por los 15 años de la reforma constitucional de 1994. En la amplia mesa, compartió un café con las autoridades de la casa, entre ellos, el rector Albor Cantard y el decano de la Ciencias Jurídicas y Sociales, José Manuel Benvenuti; el ex convencional y hoy ministro de la Corte Suprema de Justicia, Alberto Maqueda, y Ricardo Alfonsín, hijo del ex presidente y ex convencional. “Recuerdo que a mi padre le preguntaban, allá por 1998, qué era lo mejor y qué era lo peor que había hecho en los últimos años, y en ambos casos respondía el “Pacto de Olivos’.”
Es que ese pacto entre Alfonsín y Carlos Menem fue la génesis de la reforma que se debatió durante tres meses en Santa Fe. Sobre lo hecho, lo que falta, virtudes y defectos, se discutió ayer en el Paraninfo de la UNL entre ex convencionales y profesionales del Derecho.
“Hoy se le rinde un homenaje a la Constitución y es un homenaje a todos los constituyentes que fueron capaces en el marco de una relación civilizada, responsable entre las distintas fuerzas políticas, de sancionar una reforma que, más allá de las correcciones que habrá que hacer en el tiempo, mejoró la que tenía más de cien años” señaló el radical.
Menem defendió la decisión de dejar en manos del Congreso el dictado de leyes sobre nuevas instituciones. “La Constitución estableció las bases sobre las cuales se deben dictar esas leyes” y admitió la demora en la futura norma sobre coparticipación. “Se indicó que debe ser sobre bases que tienen en cuenta el desarrollo de las provincias, criterios de solidaridad y equidad que son importantes a la hora de discutir recursos”, especificó.
Presidencialismo
Uno de los argumentos de la reforma constitucional fue la necesidad de atenuar el presidencialismo, institución que resurgió con fuerza tras la crisis del 2002. Alfonsín recordó que su padre insistió en transformar el régimen presidencialista en parlamentario. “No fue posible, se llegó a una solución intermedia pretendiendo atenuar el presidencialismo, pero de hecho no ha resultado atenuado. Hay que avanzar en una discusión; creo en el régimen parlamentario que facilita los consensos que son muy importantes en una sociedad. Cuando existen discrepancias, visiones diferentes, intereses diferentes, la mejor manera de resolver esos conflictos es por consenso y diálogo; por lo menos, vale la pena intentarlo”.
Para Menem no se ha sacado provecho de la institución del jefe de Gabinete de ministros para atenuar el presidencialismo. “Ésa era la figura que debía funcionar y hasta ahora lo ha hecho a medias. No es el jefe de Gabinete que pensaron los constituyentes. A veces, no hay ni gabinete de ministros, pero también hay instituciones que con el tiempo se van a ir afianzado. Las instituciones nuevas no funcionan bien de entrada, necesitan un tiempo y, como los buenos vinos, requieren un poco de añejamiento para que tengan sabor”.
Después, presenciaron un video en homenaje a Raúl Alfonsín, recibieron diplomas y con una cena en el Club del Orden pusieron fin a las actividades de una jornada donde hubo mucho recuerdo, instancias al diálogo y ausencia absoluta de figuras allegadas al gobierno nacional.
Ricardo Alfonsín -diputado electo por provincia de Buenos Aires- dijo que el gobierno nacional ha convocado sinceramente al diálogo tras el resultado electoral del 28 de junio, pero “más por necesidad que por convicción”. De todas maneras, admitió que “el tiempo dirá qué es lo que ocurre. No hay que esperar mucho; el presidente del partido (por Gerardo Morales) va a pedir una nueva reunión con el jefe de Gabinete para obtener respuestas a nuestros planteos. Si no hay respuestas, si no están dispuestos a discutir, si no están dispuestos a realizar las correcciones, se terminará el diálogo por responsabilidad del oficialismo, y tendremos que tratar estas cosas en el Parlamento. Después del 10 de diciembre, podremos tratar nuestros proyectos y el gobierno va a pagar otro costo social severo por negarse a discutir cosas que todos los argentinos queremos que se discutan”.
Eduardo Menem reconoció que en el país “falta diálogo, falta tolerancia, falta comprensión. Espero que terminemos con esto”, dijo.
Advirtió que “diálogo significa que ambas partes se escuchen y que, después, se pongan en práctica algunas ideas en las que haya coincidencias. No es un diálogo para guardar las formas”.
El riojano es muy crítico de los Kirchner. “Se ha instalado desde el 2003 un gobierno hegemónico que no dialoga, que impone, que ejerce el poder en forma autoritaria, y esto espanta el diálogo con fines constructivos. Acá es la imposición por la fuerza, por el imperio de la caja que se maneja desde el gobierno nacional. Se ha tergiversado tanto la distribución de recurso que hoy queda el 70 para la Nación y el 30 % para las provincias, cuando lo habitual era 50 y 50. Eso genera una mayor subordinación de las provincias al poder central”.
Ricardo Alfonsín destacó la discusión civilizada entre la dirigencia argentina sobre el texto constitucional.
Foto: Mauricio Garín
Eduardo Menem cree que no se aplicó como soñaron los constituyentes la figura del jefe de Gabinete.
Foto:Mauricio Garín