Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
El poder de la negación
Algunos consensos pueden explicarse como una negación psicótica colectiva; otros consentimientos se obtienen por el reparto de la ganancia residual de un beneficio malhabido, pero que alcanza para comprar las conciencias -muchas, masivas- de bajo costo.
Hace ya mucho tiempo que los vendedores de autos saben que las decisiones de compra de los consumidores son más emocionales que racionales; de otra manera no podrían explicar cómo es que los compradores aceptan su palabra y consumen lo que se les ofrece, a pesar de las evidencias.
Los que todo lo iluminan con la razón, incluso cuando ésta procure un valor (subjetivo) personal o social, corren el riesgo de ser apocalípticos desintegrados, desubicados, que piden lo que nadie consiente. Terminan aislados, con sus gritos rebotando contra férreas paredes, o simplemente encerrados en sus silencios sin testigos conscientes.
Los poderosos administran el cinismo para sacar partido de las grandes mayorías que no están dispuestas a hacerse cargo de la realidad. Sólo así puede haber alguien que revoluciona el negocio de un deporte después de haberlo robado; sólo así se entiende que pueda existir un administrador que se queda con los porotos de los que más tienen, sin repartirlo entre los que asegura defender.
Entre ellos hay quienes dicen estar en un sitio y acusan a su alter ego de ignominiosas traiciones. Confían en que las ráfagas de lucidez pública no durarán lo suficiente para advertir que una y otra mano son parte de una misma identidad, menos ética que práctica, dispuesta a escalar en la negación emocional para alcanzar el poder que desea.
Si por alguna razón tal episodio lo arrastra, otro lo logrará.