Los argentinos traducen a Pound

“Venezia”, de Lorenzo Mattotti. (De la serie “Scavando nell’acqua”)
Los argentinos traducen a Pound

“Venezia”, de Lorenzo Mattotti. (De la serie “Scavando nell’acqua”)
Por Ezra Pound
La buhardilla
Ven y apiadémonos de los que tienen más que nosotros.
Ven, amiga, y recuerda
que los ricos tienen criados y no amigos
Y nosotros tenemos amigos, no criados.
Ven y apiadémonos de solteros y casados.
El alba entra en puntas de pie
como una dorada Pavlova
Y yo estoy próximo a mi deseo.
Nada puede darnos la vida
Mejor que esta hora de clarísima frescura,
la hora de despertarnos juntos.
(Traducciones de Carlos Viola Soto)
En una estación del metro
La aparición de estos rostros en la multitud,
Pétalos en una rama oscura y húmeda.
(Traducción de Marcelo Covián)
El árbol
Me detuve y fui un árbol en medio del bosque
y supe la verdad de cosas nunca vistas;
de Dafne y la rama de laurel
y de esa vieja pareja que adoraba a los dioses
convertido en olmo-roble en el jardín.
No fue sino hasta que los dioses
fueron invocados con aprecio, y llamados
al calor del hogar en su corazón,
que pudieron hacer este prodigio;
con todo, he sido un árbol en medio del bosque
y muchas otras cosas comprendí
que antes a mi cabeza le parecían locuras.
(Traducción de Gerardo Gambolini)
El estudio en Estética
Chicos muy chicos de ropa remendada,
en un golpe de inusual sabiduría,
detuvieron sus juegos al paso de ella
y gritaron desde los adoquines:
Guarda! Ahí, guarda! ch’e be’a!
Pero tres años después
escuché al joven Dante, cuyo apellido ignoro,
porque hay allí, en Sirmione, veintiocho Dantes y
treinta y cuatro Catulos;
y habían sacado una gran redada de sardinas,
y sus mayores
las estaban guardando en grandes cajas de madera
para venderlas en Brescia, y él
saltaba alrededor, metiendo mano en el brillante pescado
y agarrándolo de cualquier forma:
inútilmente le decían sta fermo!
y como no le dejaron acomodar
el pescado en las cajas,
él acariciaba a los que estaban embalados,
murmurando para su satisfacción
idéntica frase:
ch’e be’a.
Y me sentí ligeramente desubicado.
(Traducción de Jorge Aulicino)

Ezra Pound en Venecia, 1963. Foto: Horst Tappe
Horae beatae inscriptio
¡De qué manera, cuando me haya alejado, esta belleza
se me volverá a cruzar e irrumpirá en mi mente!
¡De qué modo, cuando los dos tengamos canas, estas horas,
convertidas en su marea de zafiro, vendrán a cubrirnos!
Erat hora
“Gracias, pase lo que pase”. Y entonces se volvió
y así como el rayo de sol que cae sobre flores colgantes
se apaga cuando el viento las aparta,
se alejó de mi rápidamente. Más aún, pase lo que pase
fue una hora de sol y los dioses más altos
de nada mejor pueden jactarse
que de haber visto transcurrir esa hora.
(Traducciones de Jorge Fondebrider)
Cántico del Sole
El pensamiento de qué sería América
Si los clásicos tuvieran una amplia circulación
Perturba mi sueño,
El pensamiento de qué América,
El pensamiento de qué América,
El pensamiento de qué América sería
Si los clásicos tuvieran una amplia circulación
Perturba mi sueño.
Nune dimitis, ahora permite a tu siervo
Ahora permite a tu siervo
Morir en paz.
El pensamiento de qué América
El pensamiento de qué América
El pensamiento de qué América sería
Si los clásicos tuvieran una amplia circulación...
Verdaderamente
Perturba mi sueño.
(Traducción de Javier Cófreces y Matías Mercuri)
Epílogo
(A mí cinco libros que contienen estudios
medievales, experimentos y traducciones).
Te traigo los botines, mi nación.
Yo, que estuve exiliado,
Regreso a ti con regalos.
Yo he trabajado en las tumbas,
por lo tanto, regreso con riquezas.
Contempla mis especies y mis togas, mi nación.
Mis regalos de Tiro.
Aquí están mis rimas del Sur.
Aquí están las extrañas modas de la música;
Aquí está mi conocimiento.
Contempla, vengo con modelos;
contempla, regreso con dispositivos,
ingeniosa la artesanía, ingenioso el trabajo, la moda.
(Traducción de Silvia Camerotto)
(de “Argentarium”, op. cit.)