Era una pelota ganada, enganchó mal, la perdió y después cometió penal...
Por “confianzudo”, Ferrero eligió hacer la peor jugada
Un error del defensor, que había jugado bien, privó a Colón de sumar de a tres.

Un Garcé atlético llega antes que Tito Ramírez para rechazar la pelota. El Chino fue de menor a mayor y tuvo algunos problemas en el primer tiempo por algo de desconcierto de Colón por ese costado.
Foto: DyN
Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Buenos Aires)
Se queja Caruso, dice que se le fueron muchos jugadores (él “cesanteó” a 18), que no le trajeron los refuerzos que pedía y que se le lesionan jugadores (Falcón, Wagner y Yacob). Se queja Caruso y propone un partido cerrado, a su propio estilo, corriendo y metiendo mucho en el medio, haciendo sufrir a un hincha que ya tiene ganado un “living en el cielo” con tantos malos tragos vividos en los últimos tiempos, más allá de aquella alegría de 2001 con Mostaza Merlo. Se queja Caruso y uno tiene la sensación de que está abriendo el paraguas; y es que Racing no le va a dejar lugar para pensar en que hay que ganar puntito por puntito, peleándola y rasguñándolos a duras penas, porque ya el hincha no quiere ni pensar en que sólo hay que sumar para mejorar el promedio. Quiere y va por más. Y uno se pregunta: ¿puede Caruso, un técnico “saca-puntos” que no elabora propuestas con grandeza sino que prioriza consecuencias, ser una garantía de lucha en los primeros puestos?, humm...
Enfrente, el Turco Mohamed también piensa en Caruso. “Este tipo me va a poner un 4-4-2 combativo y va a proponer una “guerra’ en el mediocampo”, habrá pensando. Y obró en consecuencia. Plantó también un 4-4-2 al que quiso darle elasticidad sin conseguirla. Porque se decidió por Castillo (tenía otras cuatro opciones) para jugar por derecha y no acertó. Castillo nunca tuvo claro si tenía que jugar de “8” o si debía hacerlo de “7”, retrasándose para juntarse con Capurro o Alfredo Ramírez. Así, pocas veces se enfrentó en el mano a mano con Cahais y muchas veces descuidó las espaldas ante Lucero, quien junto a Lugüercio hicieron trabajar demasiado a Garcé.
Esa línea de cuatro que armó Mohamed, supuestamente para cuidarse de dos delanteros agresivos como Lugüercio y Tito Ramírez, no siempre respondió bien. La superioridad numérica, varias veces, quedó disimulada ante la falta de solidez que tuvo el equipo y que nació en la escasa preponderancia del mediocampo.
De todos modos, la falta de volumen de juego de los dos (Colón, porque sus mediocampistas estaban en una noche de muchas imprecisiones; y Racing, porque la propuesta de Caruso no prioriza el dominio del juego a través del control de la pelota) no se vio reflejado en la cantidad de situaciones de gol que se crearon frente a los arcos. Colón tuvo tres o cuatro muy claras, la mayoría de ellas en los pies o la cabeza de Federico Nieto. Y Racing también supo crear zozobras en el arco de Pozo, generalmente definiendo mal a pesar de estar bien perfilados o en posiciones sumamente favorables.
La creatividad del pibe
Se veía venir que a Colón le estaba faltando la presencia de alguien que, por habilidad y técnica individual, pudiese escaparse de cierta mediocridad del resto a la hora de elegir la mejor forma de atacar.
La presencia de Facundo Bertoglio o de Lucas Acosta se hacía imperiosa. Mohamed se decidió por Bertoglio y así como no eligió bien a la hora de colocar a Castillo de volante por derecha, habrá que decir que fue excelente su elección cuando puso a Bertoglio de enlace. Allí empezó lo mejor de Colón, porque la movilidad del pibe desarticuló lo que Racing había armado para mantener el 0 en su propio arco. Se ubicó a espaldas de Grazzini y Ledesma y fue inteligente para aprovechar las esporádicas subidas de Lluy y Lucero para utilizar esos espacios que quedaban despejados. Desde allí, la consigna de Bertoglio fue la de encarar siempre. Generó infracciones, le cambió el semblante al equipo, hizo que algunos se animaran y no permitió que le jueguen todas las pelotas por arriba a Fuertes y a Nieto.
Un “bombazo” de Rivarola no fue bien resuelto por Santillo, que dio rebote, y Nieto de cabeza marcó el gol que parecía sellar el resultado. Un ratito después, una buena jugada de Bertoglio dejó mano a mano a Fuertes y Santillo enmendó su error tapando el 2-0, que habría resultado lapidario. Sin embargo, Racing, que tuvo poco y nada como propuesta para complicarle la existencia a Colón (sólo centros buscando a Ramírez y a Lugüercio), se encontró con un regalo de Ferrero, quien tenía controlada una pelota que debía rechazar de zurda (lejos o afuera), enganchó para adentro para salir jugando, se la entregó a Velázquez y después le cometió un penal que Tito Ramírez ejecutó en forma brillante. 1 a 1 que dejó una doble sensación: de frustración por el lado de Colón y de cierto respiro por el de Racing (o el de Caruso), que tenía el partido prácticamente perdido.




