Judy Garland
Buscando el arco iris
Ana María Zancada
La vida de Frances Ethel Gumm es un cliché de las muchas historias que Hollywood armó y desarmó a lo largo de los años. En realidad era el marco dorado que contenía a una serie de magnates sin alma ni compasión que usaron, inventaron, armaron y desecharon sin compasión centenares de personajes que reportaron millones de dólares de ganancias. Estas especulaciones sin escrúpulos, estuvieron abonadas por la necesidad innata del ser humano de sentirse adulado, ensalzado y embriagado por ese condenado minuto de fama.
Judy Garland no escapó de esa trampa. Las condiciones de su vida fueron las ideales para que se viese envuelta en el camino que la marcó, como esa senda dorada que con tanto entusiasmo transitó en “El Mago de Oz”, la película que la lanzó a la fama.
Infancia y trabajo
Sus padres eran actores de vodevil y desde los dos años estuvo sobre un escenario. La madre viendo las dotes naturales de la niña no tardó en llevarla a Hollywood. Corría el año 1930 y Frances Ethel Gumm, pequeña, gordita y dotada de una potente y afiatada voz no tardó en conseguir pequeños papeles en las comedias pasatistas del momento.
Fueron doce las películas que hizo antes de aquella que la consagraría para siempre.
La MGM decidió llevar a la pantalla uno de los cuentos para niños de la saga del Mundo de Oz, del norteamericano Lyman Frank Baum, que en ese momento era muy popular además de un éxito de ventas. Para la protagonista principal se pensó en la niña de moda, que era Shirley Temple, encantadora, perfecta y éxito de taquilla por supuesto. Pero las pruebas de canto fueron desastrosas. Había que conseguir otra figura en forma urgente.
Judy tenía entonces 16 años, una voz increíble y una imagen inocente, perfecta para el papel. Para entonces ya comenzaba a figurar en los repartos como Judy Garland. Había intervenido en doce películas donde por su precocidad y su hermosa voz no faltó quien pensase que se trataba de una enana. La aceptación para el papel fue unánime, Judy era la encarnación misma de la pequeña Dorothy Gale. La firma del contrato fue inmediata y así comenzó a integrar la familia de la MGM. Pero también a partir de ese momento dejó de tener vida propia para convertirse en una pieza más dentro del mundo del cine.
La legislación laboral exigía a los estudios la escolarización de sus estrellas infantiles y así fue que concurrió a clase junto a Lana Turner, Jackie Cooper, Feddie Bartholomew y Diane Durbin.
Formó pareja con Mickey Rooney, en tres de las películas sobre Andy Hardy, imprimiendo en la saga la frescura de su personaje.
Pero su vida privada se iba alejando de a poco de las alegres, coloridas y candorosas historias actuadas en la pantalla. Por orden estricta del propio Louis B. Mayer pasaba días enteros a consomé. Tenía espías que controlaban hasta sus mínimos movimientos, hasta su propia madre se transformó en su carcelera. Para ayudarla a combatir el hambre, se le suministró un medicamento de moda, Benzedrine. Como éste era un estimulante necesitó pastillas para dormir pero para poder despertarla temprano para asistir al estudio se le daba nuevamente estimulantes y nuevamente necesitaba otras para calmar la ansiedad. Un círculo infernal que la fue envolviendo sin que tuviese ninguna oportunidad de evadirse.
En medio de esta vorágine también apareció el amor, que como todo en su vida fue meteórico y frágil como un delicado cristal.
La fama y la vida
Su primer matrimonio fue con el director de orquesta David Rose. Judy quedó embarazada pero tuvo que abortar por orden del estudio y las exigencias de los contratos. La pareja no duró mucho.
Corría 1944, cuando hizo “Meet me in St. Louis”, que en el público de habla hispana se conoció como “La rueda de la fortuna”. El director era Vincent Minelli. Fue un verdadero éxito. Judy brillaba ya como una estrella consumada, aunque ella dudaba siempre de su talento. En 1945 se casó con Minelli y su vida pareció aquietarse un tanto. Al año siguiente nació su hija Liza, por cesárea lo que resintió un poco su salud. Comenzó con sus períodos de depresión, pero su marido la contuvo y apoyó en todo momento. La dirigió en su primera película no musical “El reloj”, con Robert Walker, en 1954. Al año siguiente en un breve episodio de “Las Follies de Ziegfeld” y en 1948 “El Pirata”, con Gene Kelly.
Pero su falta de puntualidad, su permanente nerviosismo, sus internaciones, cansaban a los directivos de los estudios. Sin embargo, en la pantalla seguía brillando con su encantadora imagen y su increíble voz.
En 1951, se divorció de Minelli para casarse con Sif Luft, con el que tuvo dos hijos más, Lorna y Joel y con el que fundó su propia productora.
Es entonces que filmó “Ha nacido una estrella”, en 1954, bajo la dirección de George Cukor. Fue uno de los mejores trabajos de Judy, dramático, ajustado, conmovedor. Por fin la mujer vencía al personaje, la verdadera Judy Garland demostraba que era algo más que una brillante voz. Fue nominada para el Oscar, pero inexplicablemente se lo arrebató Grace Kelly en “La que volvió por su amor”. En 1961, volvió a mostrar su talento en un breve papel en “Vencedores o vencidos”, sobre el juicio en Nüremberg, bajo la dirección de Stanley Kramer.
Sus fracasos matrimoniales, su lucha por la custodia de sus hijos, su depresión, su dependencia de los barbitúricos, sus problemas económicos, todo esto desaparecía cuando, sentada en el borde del escenario seguía cautivando a su público con “Over the rainbow”, ya convertido en un clásico. Entonces, Frances Ethel Gumm, convertida en Judy Garland se transformaba nuevamente en la angelical Dorothy Gale y soñaba con un mundo maravilloso que nunca encontraría.
Su último intento por alcanzar la felicidad fue su matrimonio con el actor Mickey Deane. Parecía estar tranquila, casi feliz. Su rostro no mostraba crispación cuando la mañana del 22 de junio de 1969, su esposo la encontró muerta en el departamento que compartían en Londres. La causa de la muerte fue una sobredosis de píldoras para dormir.
Su búsqueda por fin había concluido.
Obra consultada: Historia Universal del Cine; Editorial Planeta 1982.




