Llegan cartas

Vergüenza ajena

Ana María Gauchat de Rocha.

DNI: 4.859.207.

Señores directores: Hace tiempo que los dirigentes políticos argentinos nos han quitado la costumbre de asombrarnos con su falta de pudor, pero desde que el invento vernáculo de la “transversalidad” hizo su aparición, las conductas de algunos de nuestros más conspicuos funcionarios nos hacen sentir “vergüenza ajena”.

El comportamiento de Roxana Latorre, catapultada a los más altos cargos públicos merced a la popularidad de Carlos Reutemann, a quien reconoce como su jefe político y al que no dudó en traicionar, sembrando “miguelitos” en su camino hacia una posible candidatura a presidente de la Nación, amerita un comentario. Lo más grave no es el perjuicio que le hizo a su antiguo compañero de bancada y de fórmula sino la burla al electorado santafesino que, en su inmensa mayoría, expresó en las urnas el rechazo categórico a una política agropecuaria que está destruyendo lo poco que resta de la otrora pujante agricultura y ganadería del interior. Más allá de las preferencias partidarias o personales en las elecciones nacionales de junio, los votos de Gustiniani y de Reutemann, sumados constituyen una enorme voluntad expresada por el pueblo de Santa Fe acerca de la necesidad de cambiar una política nacional dirigida contra el campo.

Recientemente, las cabriolas de María del Carmen Alarcón que saltó de un espacio político a otro con la liviandad de quien salta un charco, inducen en la ciudadanía una certeza: en el mercado electoral, todo está en oferta. Estos tristes ejemplos, cuyo poder de escandalizar no radica en su existencia -en todo tiempo y en todo lugar existen individuos sin principios- sino en su falta de castigo, porque se naturalizan y al hacerlo terminan siendo aceptados como algo inevitable e inherente o componente esencial de la actividad política.

Como si los hechos nombrados no fueran suficientes, el costado fáctico de la sociedad presidencial, Néstor Kirchner, utiliza el soborno como herramienta para “cooptar” -más bien comprar- las voluntades de muchos de los que han prometido ejercer algún tipo de representación. Por último, la circunstancia de que en esta farándula sean dos mujeres las que exhiban su desenfado, constituye un agravio al género, porque si alguna vez se creyó que el “cupo femenino” mejoraría el escenario público, llegó el momento del desengaño.

Una ola de náusea remueve nuestras vísceras y un enorme anhelo de justicia, que la justicia no colma ni aplaca, se apodera de nosotros mientras un reflejo humano elemental, el de huida, nos susurra al oído: No te metas que no se puede hacer nada. Pero la voz de nuestros padres, que no es otra que la voz de la conciencia, nos anima seguir luchando para exigir, si no la sanción de la justicia (humana o divina), la sanción social, para quienes tanto han dañado a las instituciones de la República

Cuenta Hesíodo que Pandora, levantando la tapa de un gran vaso que tenía en la mano, derramó sobre el mundo miserias horribles. Solamente la esperanza se quedó en el vaso, detenida en los bordes. Aferrémonos a la esperanza, no para lograr un consuelo fácil sino como la savia que nos anima seguir luchando.