La de Luisao en el primero y la de Kaká para hacer todo fácil

Nos mató la altura

Distracciones defensivas groseras cuando Argentina la estaba peleando y era mejor. Después, falta de ideas en todo: Heinze, el que más tuvo la pelota.

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Más solo que... Luisao en Rosario. Una imagen que se iba a repetir durante toda la noche en Arroyito: de arriba, Brasil ganó siempre en las dos áreas.

Foto: EFE

Darío Pignata

Rosario/Enviado Especial

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Los golpes que recibió esta Selección Argentina de Diego Armando Maradona serían mortales para cualquier otro técnico. Nos comimos seis en Bolivia, perdimos un clásico de local con Brasil y ni la tocamos en Ecuador. A un técnico del montón, le hubiera costado seguramente el puesto. Claro que, a esta altura, estamos jugados. Ya da lo mismo con Maradona o sin Maradona.

Y después de jugar mal y perder bien con Brasil, la clasificación quedó pendiendo de un hilo. Otra vez el fantasma del repechaje, como cuando Maradona se volvió a poner los cortos por un pedido popular pocas veces escuchado, le salvó las papas a Basile antes del ‘94 y pasamos a Australia. Pensar que ahora Diego está donde antes estaba el “Coco” y la cosa sigue igual. O peor. Lo que está claro es que, con Basile o Maradona, la Argentina sufrió estas Eliminatorias rumbo al Mundial de Sudáfrica 2010.

Entonces, no sorprende que lleguemos al final colgados de los cables, haciendo números, agradeciendo que Uruguay y Ecuador no ganaron ayer; viendo cómo Brasil, Chile y Paraguay se cortaron arriba; sufriendo porque a Colombia y Ecuador ya los tenemos en el retrovisor.

Por lo menos a esto, saber dónde estamos parados en la tabla de posiciones, Maradona lo tiene claro. Es por eso que anoche, con la misma claridad que cuando jugaba, Diego disparó: “Va a ser duro y complicado clasificar”.

Lo más fácil sería decir, acorde a la promoción marketinera del partido, que Kaká le ganó a Messi el duelo de los millones. No fue lo más importante. Lo que hay que decir, a la hora de las diferencias, es que Brasil es un equipo trabajado que adquiere la dimensión de tal. Figura más, figura menos, su idea de juego, dibujo táctico y estrategia están claras. Enfrente, la Argentina es la contracara: una expresión futbolística casi virginal. Muchas estrellas, poca luz.

Imperdonable

Cometer errores como los de los goles de Brasil es inadmisible en este tipo de partidos. Que un jugador de casi dos metros no tenga marca adentro del área es un suicidio futbolístico. Que nadie corra para buscar un rebote al fondo, que no aparezca ninguno para evitar el centro atrás y que resulte habilitado un jugador a medio metro de la línea de sentencia para empujarla al gol es una ventaja que no se pueden dar en este tipo de choques.

En el fútbol moderno, tener la pelota por el simple hecho de tenerla es un argumento de imbéciles. ¿Para qué queremos manejarla si la bola va a terminar abierta por la izquierda en los pies de... Heinze? El resultado, obvio: centros pasados, pelotazos intrascendentes, balones regalados. El “Gringo” iba como Roberto Carlos pero la terminaba como Heinze. Era el síntoma más evidente de la impotencia. Porque Zanetti —como siempre— en su club vuela y acá no despega. ¡Si hasta Mascherano rebotaba físicamente cuando chocaba con Kaká! Apenas algo de Verón, la soledad de Otamendi para frenar la contra amarilla y los saludables pecados de Messi: es cierto que no se puede gambetear a medio equipo en tan pocos metros, pero al menos lo intentó. Peor los otros —Tévez, Agüero—, que ni siquiera aparecieron.

Sin altura

Varios jugadores, desde la técnica, no estuvieron a la altura de este juego de grandes ligas. Tampoco lo estuvo el entrenador, que miró todo el partido impotente sin decir nada. En realidad, nos volvió a matar la altura. Como en la vergüenza de Bolivia y el rebote en Ecuador. Y ayer, otra vez, el problema fue la altura.

Por un lado, la altura de Luisao que se elevó solo, claro y limpio, sin nadie que siquiera lo molestara para poner el 1-0. Por el otro, la altura futbolística de un jugador como Kaká, un problema sin solución para los volantes argentinos durante toda la noche, decisivo en el 2-0 y en el 3-1.

 
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Así recibieron los rosarinos (de Central) a Diego Maradona.

Foto: DyN

/// análisis

Messi, muy atrás

Ricardo Enrique Bochini (*)

No puedo creer que Messi aparezca parado tan atrás en todas las pelotas. Es cierto lo de su habilidad, gambeta y enganches. Pero yo me pregunto: ¿a cuántos brasileños tiene que eliminar para poder entrar libre al área? Además de imposible, no hay físico que aguante, por eso terminó casi caminando e impreciso.

No hay que engañarse con el golazo de Dátolo desde lejos: el chico no debió salir a jugar el complemento, porque fue uno menos en la primera parte. Y Agüero debió ser titular desde el vamos. Es evidente que falta trabajo o tiempo de trabajo. Pero estamos lejos de mostrarnos como un equipo en función de tal.

Ésa es la respuesta del porqué Messi brilla en el Barcelona y fracasa en la Selección. El Barcelona es un equipo que sabe a qué jugar y donde Messi tiene sociedades. Argentina, por ahora, es sólo un rejuntado de ganas y amor propio. En este nivel, donde está Brasil, con esos argumentos no alcanza para nada.

(*) Ex jugador de la Selección Argentina.