Después de Rosario no queda otra que rezar

Ya no hay “Mano de Dios...” Que Dios nos dé una mano

Estamos colgados de los cables en la tabla de las Eliminatorias rumbo a Sudáfrica 2010. Quedan 9 puntos, hay que ir a Paraguay y Uruguay.

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El estadio entero en el Gigante de Arroyito ovacionó a Diego Armando Maradona. No se nota, por ahora, la mano del entrenador para sacar a Argentina de esta crisis.

Foto: Télam

Darío Pignata

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Si la cancha de River es fría para Diego, ayer por momentos Arroyito fue la Antártida. Es que los dos goles seguidos de Brasil en menos de siete minutos en el primer tiempo hicieron que se escuchara el silencio en Rosario. Ni que hablar cuando Brasil clavó el 3-1 con Argentina todavía festejando el golazo de Dátolo desde lejos. Siempre corrimos de atrás, igual que Mascherano a Kaká. Y fue tanta la falta de equivalencia táctica y estratégica de los equipos por sus bancos que hubo un detalle que pasó desapercibido: si Oscar Ruiz hubiera aplicado el reglamento, los dos volantes centrales —Verón y Mascherano— debieron ver la tarjeta roja por infracciones a Kaká. Nos perdonó la vida el colegiado colombiano, algo que no sirvió de nada anoche pero quizás se valore si alguno de los dos es héroe en el Defensores del Chaco.

Decir que Kaká fue más que Messi o que Dunga es mejor que Maradona son obviedades innecesarias ahora con el 3-1 sellado a favor de los pentacampeones. Algo encuentra Messi en el Barsa que no tiene en la Selección. Y en este punto, señores, no se trata de afectos, amistades o comodidades. Se trata de funcionamiento de equipo, pequeñas sociedades, trabajo automático. “Ellos juegan de memoria, por eso Luis Fabiano pica con los ojos cerrados cuando Kaká la agarra antes del tercero”, fue una de las frases más escuchadas anoche en Arroyito. ¿Cómo hace un equipo de hoy para llegar a esa famosa frase de “juegan de memoria”? La respuesta sería una sola: la repetitividad de los movimientos y la prepotencia del trabajo en el día a día. “Diego no tiene tiempo, están todos en Europa y llegan un par de días antes nada más”, sostienen los defensores del “10”. Si esa es la respuesta, bien vale preguntarse: ¿los jugadores que tiene Dunga son todos del Flamengo y Fluminense?

En este tipo de circunstancias es donde se ve la mano de un entrenador por encima del otro. Hoy para poder estar a la altura de una Selección a nivel técnico-mundial no se puede poner a gente grande (Basile) y tampoco improvisar con principiantes en la profesión (Maradona). Todavía Grondona nos debe la explicación de porqué no fue técnico Carlos Bianchi en su mejor momento, cuando ganaba todo con Boca.

Si algo siempre tuvo Diego a favor fueron los números: lo que jugó, lo que ganó, lo que generaba. Hoy, la calculadora lo manda “en cana”. Perdimos todo en la altura y ahora perdemos el clásico con Brasil de local. El fixture indica que el miércoles vamos al Defensores del Chaco contra Paraguay, después recibimos a Perú —sólo Dios sabe dónde haremos de local en ese partido— y terminamos visitando a Uruguay en el Centenario de Montevideo.

Es cierto que el hincha, y también los periodistas, lo último que pierde y/o perdemos es la ilusión. Pero bien vale preguntarse: ¿de qué nos podemos agarrar para ser optimistas, si venimos de mal en peor como equipo? No se puede justificar nada positivo desde la realidad, en todo caso será cuestión de fe. Es por ello que estamos en mano de un milagro, sólo eso.

Nosotros vemos a Messi con la “10” en la espalda y pensamos que tiene que hacer en todas las jugadas lo que hizo Diego contra los ingleses en México “86: gambetear medio equipo rival en 50 metros y mandarla a guardar. Como si fuera algo fácil, tipo un lateral. O bien esperar por alguna “viveza criolla”, de la que todos parecen estar avisados, con Messi en campo y Diego en el banco.

Tenemos que estar convencidos que “La Mano de Dios” no volverá más, porque Diego ya no juega. Aunque duela. Hoy intenta dirigir y ser el técnico de la Selección Argentina camino al Mundial de Sudáfrica. Y como no hay más “Mano de Dios”, sólo resta esperar de acá hasta el miércoles que sea Dios el que nos dé una mano para clasificar.

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La relación de amor futbolero entre el pueblo argentino y Diego va más allá de cualquier resultado. Y fue algo que quedó claro anoche en Rosario.

Foto: DyN

 

5 de septiembre: fecha prohibida

Al perder con Brasil 3-1 en Rosario, la Argentina dejó anoche de lado un invicto de 34 partidos sin derrotas por Eliminatorias en condición de local, con 24 triunfos y 10 empates. La última caída, casualmente, había sido un 5 de septiembre de 1993, contra Colombia en la cancha de River Plate, la tarde del increíble 5-0 contra Maturana.

Ahora, 16 años después, la Argentina vuelve a perder un partido de local por las Eliminatorias, el que además le permite a Brasil distanciarse por un partido en el historial de este gran clásico sudamericano: 34 triunfos de los pentacampeones, 33 victorias albicelestes y 23 empates.