Esta mañana, en Guadalupe

Asaltan y golpean a una anciana

Ocurrió en una finca próxima a la Basílica de Guadalupe. La dueña de casa fue sorprendida por dos delincuentes que la maniataron y la golpearon. Le llevaron dinero y objetos de valor.

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Antonia Amelia Gómez (85) resultó con heridas cortantes en rostro, manos y brazos producto de la golpiza que le dieron los cacos.

Foto: Danilo Chiapello

Danilo Chiapello

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“¡¿Ustedes no tienen madre?!”, fue el grito que esta mañana lanzó una jubilada en la cara de unos malvivientes que la estaban asaltando en su casa del barrio de Guadalupe.

Eran cerca de las 6.30 cuando Antonia Amelia Gómez (85) despertó sobresaltada por un estruendo que venía desde el interior de su domicilio. “Cuando escuché semejante semejante estallido enseguida me di cuenta de que algo malo iba a suceder.

El ruido al que se hace referencia corresponde a la puerta de la cocina, la que comunica con un patio exterior. La cerradura de dicha abertura fue vencida mediante un tremendo golpe dado con un objeto contundente. Claro que previamente los cacos se habían ganado al interior del inmueble ubicado en Padre Genesio 452, trepando por una pared desde donde se accede a un pasillo.

El domicilio en cuestión está ubicado en el corazón de lo que se conoció como la Villa Guadalupe, a escasa distancia de la Basílica y a unas tres cuadras de la avenida Costanera. La barriada cuenta con un servicio de vigilancia privada, que dura hasta las 6 de la mañana. El atraco a la casa de la abuela, ocurrió a las 6.30.

“¡La plata, la plata!”

Antonia es jubilada. Madre de 5 hijos y abuela de 13 nietos. Si bien vive sola, su buen estado de salud y su perfecta lucidez, le permiten afrontar con solvencia los avatares de la vida diaria.

Tras despertar por el estruendo de la puerta, la dueña de casa no tuvo tiempo a nada. Dos hombres fornidos ingresaron al dormitorio. Se trataba de dos sujetos de entre 40 a 50 años; “bien parecidos” (como los describió hoy la víctima), que actuaron a cara descubierta.

Con la ayuda de un cable uno de los rufianes maniató a la mujer. Luego comenzó la tétrica danza de las amenazas. “Decinos dónde está la plata porque si no te vamos a matar”, decían los malvivientes.

En su búsqueda del dinero provocaron un gran desorden. Los cajones de cada mobiliario fueron sacados y tirados al suelo. La vestimenta de los roperos. En fin, “parece que pasó un tornado”, según narraron los familiares de la víctima.

“Fue entonces cuando les grité en la cara ¿ustedes no tienen madre? ¿De dónde salieron? Son unas porquerías que no merecen perdón”, dijo hoy orgullosa la mujer en diálogo con El Litoral.

Demás está decir que el reproche de la Antonia no fue escuchado por los rufianes que siguieron en la suya. Todo hubo de culminar cuando en un escondrijo hallaron 1.600 pesos en efectivo. Acto seguido se hicieron también de un teléfono inalámbrico, un celular y desaparecieron de la escena.

Asado y porrones

Poco después, la anciana arribó al hospital Cullen acompañada de sus familiares y algunos amigos. Los médicos que la recibieron le diagnosticaron heridas cortantes en rostro, manos y brazos. Estas lesiones fueron producto de los golpes que le propinaron los ladrones. Al cabo de una serie de placas radiográficas le dieron el alta domiciliaria.

De regreso en su casa, Antonia lamentó todo lo ocurrido. Sin embargo, cerró la entrevista con una broma: “Lo peor de todo es que se llevaron hasta los porrones y el asado que tenía preparado para el domingo”.