Edición del Sábado 12 de setiembre de 2009

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Vestida de sí - Edición Impresa - Artes y Letras

Vestida de sí

Por Juan Carlos Ramírez

“La mujer desnuda”, de Armonía Somers. El cuenco de plata, Buenos Aires, 2009.

“La mujer desnuda”, publicada por primera vez en el año 1950 bajo el seudónimo de Armonía Somers, es la primera novela de Armonía Etchepare. Narra con un lenguaje recargado de metáforas e imágenes alegóricas el efecto que produce en los habitantes de un pueblo los rumores certeros de que una mujer desnuda deambula por las cercanías.

La uruguaya Armonía Somers, que no dejó nunca de ser una autora de culto a pesar de la dificultad para conseguir sus libros en los años recientes, logra con su estilo barroco un lugar destacado junto a los grandes escritores orientales: Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández y Marosa di Giorgio. Otras obras de Etchepare son dos volúmenes de cuentos: “El derrumbamiento” (1953) y “La calle del viento norte”, y las novelas “De miedo en miedo” (1967), “Un retrato para Dikens” (1969) y “Sólo los elefantes encuentran mandrágora” (1986).

“La mujer desnuda” comienza con una situación abigarrada de simbolismo, que bien presagia no sólo el lenguaje poético con que se narran los hechos, sino también lo emblemático de los hechos mismos.

Una mujer llamaba Rebeca Linke cumple treinta años y sintiéndose vacía decide hacer un cambio drástico en su vida. Se “corta la cabeza”, se despoja del pasado, de su ropa (“como si fuera su antigua piel”) y sale a caminar desnuda. Luego, al atravesar un bosque en la madrugada encuentra la casa de un leñador, que la llamará Eva y al que le despertará el deseo diciendo: “Ven toca, estoy desnuda”. Más tarde, a través de los rumores de unos muchachos que la vieron caminar mientras trabajaban en el campo, se presenta de una manera invisible y controversial a un pueblo que la llamará “La mujer desnuda”.

Pronto todos los hombres se ven seducidos por la idea de que esta mujer desnuda se les presente como el cumplimiento de sus fantasías adolescentes. Así, el pueblo se ve convulso, los hombres no hacen más que soñar con que la mujer desnuda se les presente de una manera tangible y las mujeres llenas de celos, por las fantasías de sus esposos, piden que se la arreste.

“La mujer desnuda” es una novela de hechos claros y bien definidos, si bien presentados por una escritura de vuelo poético, generosa en adjetivos.

Su argumento se despliega en aproximadamente dos días, la trama presenta los hechos en un orden cronológico progresivo y en dos o tres escenarios principales, circunscriptos a una cabaña en un bosque y el interior y los alrededores de un pueblo; un despliegue escénico que facilita la aprehensión de lo narrado.

El estilo de la prosa que Armonía Etchepare utiliza se conforma por una lírica que confluye en lo alegórico que, aunque en ocasiones difuso, a la vez que narra, cataloga, define, las acciones y los sentimientos del mundo que construye. Un estilo rico en situaciones fluidas y proclives a una compleja condensación de sentidos. Todo esto sin presentar al lector dificultades, ni perder nunca el horizonte de la especificidad narrativa y el encadenamiento de acciones.

Un leñador se debate entre el sueño y la vigilia. Ahí, el susurro de una mujer le pide que la posea. La situación lo consterna. Si despierta y el pedido carnal era un sueño, se sentirá frustrado; si continúa durmiendo y la mujer que lo solicita es real, le morderá la duda.

Así, toda la novela resulta ser una invitación para la interpretación del propio lector, que podrá despertar de esta prosa y traducir lo literario a literal o podrá seguir con el ensueño del mundo creado por Armonía Etchepare.

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“Desnudo y naranjas”, de Henri Matisse.



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