Los golpistas decretaron un toque de queda
El gobierno de facto hondureño emplazó a
Brasil a que dé asilo a Zelaya o lo entregue
Militares hondureños rodearon la embajada de Brasil, en la que se encuentra refugiado el presidente, y reprimieron con palos y gases lacrimógenos a los manifestantes zelayistas.
Télam-EFE-AFP
El gobierno de facto de Honduras acusó a Brasil de haber permitido que su embajada en Tegucigalpa se haya convertido en el “cuartel general” del derrocado presidente Manuel Zelaya “para llamar a la insurrección”, y emplazó a Brasilia a darle asilo o entregarlo a las autoridades.
La vicecanciller Martha Lorena Alvarado denunció que el gobierno brasileño “lastimosamente” permitió que Zelaya se dirija a sus seguidores y llame a que las personas violen las leyes y se trasladen a la capital Tegucigalpa, a pesar del toque de queda existente.
Según declaraciones citadas por Ansa, Alvarado pidió a Brasilia que no se preste a que Zelaya llame a la “insurrección” y la violencia desde las instalaciones diplomáticas acreditadas en Tegucigalpa.
Alvarado adelantó que se dará un plazo a Brasil para que otorgue asilo político a Zelaya o bien lo “entregue” a las autoridades hondureñas para que responda ante la Justicia.
El derrocado Zelaya regresó ayer en forma imprevista a Honduras y fue recibido en calidad de “huésped” por la embajada de Brasil, según el canciller brasileño, Celso Amorin.
Alvarado dijo que una solución rápida del caso Zelaya ayudará a evitar “una insurrección o enfrentamiento violento” en Honduras que cause derramamiento de sangre.
Represión
En tanto, militares hondureños rodearon esta mañana la embajada brasileña en Tegucigalpa, donde permanece el depuesto presidente Manuel Zelaya, y reprimieron a los manifestantes que pasaron toda la noche frente al edificio, comprobaron periodistas presentes en el lugar.
Los soldados y policías hondureños, muchos con sus rostros cubiertos con gorros pasamontañas, llegaron hacia las 6, lanzaron gases lacrimógenos y golpearon con palos a unos 4.000 manifestantes zelayistas para obligarlos a irse de la zona de la legación brasileña, mientras regía en el país un toque de queda impuesto por el régimen de facto.
Luego de desalojar a los manifestantes, los militares colocaron equipos de amplificación en dirección a la embajada brasileña y comenzaron a tocar en forma estridente el himno nacional de Honduras, dijo Zelaya a la cadena estadounidense CNN.
Los militares pusieron “sonidos estridentes para intentar enloquecer a las personas que están adentro” de la embajada, agregó.
Un fotógrafo de la AFP permanece dentro de la legación brasileña, donde el mandatario depuesto buscó refugio el lunes tras volver sorpresivamente al país, y confirmó que la zona de la embajada ha sido desalojada.
Los militares “armados y enmascarados rodearon la embajada, tiraron gas lacrimógeno hacia la embajada y golpearon a la gente. Fueron bien agresivos con la gente”, dijo el periodista independiente Nelson Oliva, quien también permanece dentro de la legación.
Denuncia de Zelaya
Zelaya, quien puso ayer fin a casi tres meses de exilio luego de ser derrocado en el golpe de Estado del 28 de junio, denunció que los militares “tiraron bombas (lacrimógenas) hacia adentro” de la legación brasileña.
“Estamos rodeados de francotiradores”, indicó Zelaya. “Ellos tienen las armas y el pueblo está indefenso. Llamo a la ONU a tomar aciones inmediatas para intentar buscar una salida en el menor tiempo posible” a la crisis política en Honduras, agregó.
Anoche el titular del gobierno de facto, Roberto Micheletti, ofreció una declaración, rodeado de todo su gabinete, en la que reclamó al gobierno de Brasil que entregue a Zelaya a las autoridades, ya que acumula varios pedidos de captura.
La respuesta llegó por boca del presidente brasileño, Luis Lula da Silva, quien desde Nueva York condenó la metodología de los golpes de Estado para resolver divergencias internas de los países.
En tanto, se aguardaba para las próximas horas el arribo del titular de la OEA, José Miguel Insulza, con la manifiesta intención de negociar con Zelaya y con el régimen de facto la aplicación del Pacto de San José, que se elaboró meses atrás en la capital de Costa Rica, en una negociación por ahora frustrada que condujo el presidente costarricense, Oscar Arias.
Sin embargo, el presidente de facto Micheletti ya descartó un diálogo: “Lo de él (Arias) ya terminó”, dijo Micheletti. “Yo creo que el señor Arias no tiene absolutamente nada que hacer ya en este conflicto”, agregó.




