El método Montessori da sus frutos en una escuela

Se aplica con éxito, en un pequeño establecimiento rural de la localidad de San Agustín. Allí, los niños de nivel inicial y primario aprenden bajo la pedagogía de la percepción y experimentación, el conocimiento autocorrectivo y la convivencia en la diversidad.

El método Montessori da sus frutos en una escuela

Los niños conviven y trabajan en el aula bajo la pedagogía Montessori.

Foto: Gentileza Escuela Nº 711.

 

Luciano Andreychuk

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La Escuela Nº 711 Dr. Manuel Alberti se recuesta al costado de la Ruta Nacional Nº 19, en el km 20. Equidista de Franck, San Agustín y Las Tunas, aunque allí las distancias y los tiempos se miden con la métrica pausada de la vida rural. Van 8 nenes al nivel inicial -salas de 3, 4 y 5-, y 9 al primario. Las clases se dictan en un viejo galpón hecho con losetas, donde antes se almacenaban cortadoras de césped, rastrillos, palas y bancos rotos. Se siente el frío en invierno -nunca esta primavera fue tan esperada- y el techo se llueve a veces. Afuera, las frondas verdes y los silencios llevan a la añoranza.

En ese pequeño paraje se implementa un sistema pedagógico de enseñanza conocido como el método Montessori, creado por la médica y pedagoga italiana María Montessori a principios del siglo XX (ver aparte). Este método -de gran auge en sus inicios, hoy aplicado en miles de instituciones educativas del mundo entero- puede resumirse en unos pocos principios: los niños son vistos como seres competentes y merecen ser alentados a tomar decisiones importantes; el ambiente es un pilar clave, pues se busca que los pequeños tengan un dominio sobre su entorno; la convivencia en la diversidad de edades e intereses (plurigrado) es otro aspecto fundamental.

Además, los materiales didácticos (rompecabezas, letras de madera, etc.) son autocorrectivos: los nenes deben detectar y superar ellos mismos las dificultades que aquéllos les presentan. La noción de “mente absorbente”, que el método promueve, alude a una serie de saberes aprehendidos desde la percepción -todos los sentidos se aplican en el proceso de aprendizaje- y la experimentación. Se promueve el saber dinámico, activo, puesto en común con los demás. Bajo estos conceptos, las actividades áulicas permiten al niño internalizar un sentimiento del éxito, derrotando frustraciones e inseguridades. El docente acompaña muy de cerca cada paso, guía y sugiere, contiene y ayuda, pero no interviene a menos que sea muy necesario.

En la práctica

“Al ser una escuela oficial debimos adaptar la aplicación del método a parámetros curriculares fijados desde el ministerio de Educación y la legislación escolar. Esta experiencia es para nosotros una especial y significativa construcción de aprendizaje, vivida plenamente con los nenes y toda la comunidad del lugar”, explicaron a El Litoral Carlos Barrera, docente de nivel primario, y Carina Pontoni, docente de inicial.

Los materiales didácticos son dispuestos en el aula para que los nenes los alcancen fácilmente, y están graduados en dificultad creciente. “Una vez que el chico resuelve una primera dificultad y pasa a la siguiente, el interés decae; entonces necesita de la mirada del docente para poder guiarle y facilitarle el paso al siguiente nivel. Esos conocimientos se van reestructurando en otros objetos y situaciones, y se incorporan”, refirió Pontoni.

“Nosotros somos facilitadores pedagógicos: nuestra función es facilitar el pasaje de un nivel de dificultad a otro -explicaron Barrera y Pontoni-. Tratamos de que el niño actúe en libertad y experimente con cada material didáctico. Él mismo pone su control de error a esa dificultad (por ejemplo, en el reconocimiento de una letra, o el armado de una figura en rompecabezas). Si se equivoca el docente no interviene, porque es un conocimiento autocorrectivo. Permitimos que descubra por sí solo el error y, si no puede, ahí el maestro interviene para poder guiarlo”, contaron.

Buenos resultados

No existe el sentido de la competencia en el aula, se promueve la tolerancia, la disciplina sin rigores. De cada material didáctico hay un solo juego: “No hay un rompecabezas para cada uno, hay uno para todos. Eso favorece el respeto por el otro, la paciencia de esperar turno, los buenos modales (“Me lo prestás por favor?, gracias”). Esta es la lógica del aprendizaje en la convivencia dentro el aula bajo el método Montessori”, afirmaron los docentes.

“Con todas estas acciones, los resultados obtenidos desde nuestra experiencia han sido muy positivos. Los nenes no se frustran, pues fortalecen la autoestima. A través de este método, los chiquitos no aprenden más o mejor, sino desde otra óptica: se trata de que los chicos aprendan a aprehender, a captar la información de su entorno, a darle una significación e internalizarla”, concluyeron los docentes.

Los números están hechos sobre tableros con lijas. Los chicos sensibilizan las yemas de sus dedos con agua tibia. Van pasando sus deditos sobre la forma de la letra. ¿Cuál es el control de error? Cuando deben escribir la letra sobre una superficie lisa. “Entonces, antes de ir a la fonética, tienen la memoria muscular del reconocimiento del dibujo de la letra. Esto les ayudará más adelante con la escritura. Nosotros, los docentes, seguimos sus propios ritmos de aprendizaje”, dijo Pontoni.

Memoria muscular y escritura

María Montessori

(1870-1952) fue una educadora, científica, médica psiquiatra, psicóloga, feminista y humanista italiana. Su método de educación -basado en estudios científico experimentales- ha sido aplicado exitosamente con niños de distintas edades y características, y es muy popular en muchos lugares del mundo. “No me sigan a mí, sigan al niño”, es una de sus frases célebres.

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