Lengua viva
El poder “versus” la autoridad
Lengua viva
El poder “versus” la autoridad
Evangelina Simón de Poggia
Las palabras “poder”, “autoridad”, “autoritarismo”, “respeto”, “valor”, “humillación”, “desvalorización”, “dominio”, “soberbia”, “ignorancia”, “abuso”, vienen atropelladamente a mi mente de manera desordenada y acuciante.
Sustantivemos el verbo “poder” conformando “el poder”. En nuestra sociedad, “el poder” nos produce ciertos recaudos, cierto temor, cierta incertidumbre; no así “autoridad” , cuyas implicancias llevan tranquilidad a nuestro espíritu, pues tenemos muy claro que no cualquiera llega a la posesión de tal investidura; en ella vislumbramos el respeto, la coherencia de pensamiento, acciones inteligentes, justas e impregnadas de ética. No cualquiera logra tener autoridad frente a la comunidad, la autoridad se obtiene a través de un accionar exento de impunidad. “El poder” nos produce temor, la “autoridad” nos tranquiliza. Ahora bien, ¿Qué pasa con el poder? ¿Qué pasa con el “poderoso”, con el que ostenta y ejerce “su” poder? Lo tememos, nos sometemos a él por temor a sus represalias, no defendemos nuestras posturas, sus decisiones son acatadas aún sabiendo que van en contra de nuestros principios, somos dóciles por la posibilidad de sufrir humillaciones, no sabemos en qué causales se basa para tomar sus decisiones; la desvalorización y la falta de reconocimiento suelen ser constante; a pesar de tu conducta positiva, aun con errores humanos, puede, en posesión de su poder, dar órdenes o tomar decisiones basadas en la arbitrariedad, sin diálogo de por medio, haciendo ostentación de su dominio. Aun sumergidos en la desvalorización, muy rara vez nos atrevemos a preguntar “por qué” dado nuestro óptimo desempeño en las responsabilidades que nos atañen, pues tememos a las represalias. El abuso del poder es producto de la ignorancia, la deshumanización, la irracionalidad y la soberbia. El poderoso te usa mientras le sirves y, si piensas o progresas en tu crecimiento intelectual, trata de anularte por temor. Estos personajes están conformándose en demasía en todos los estamentos de nuestra sociedad, donde viven y reinan, desde que nuestro nivel educativo perdió el rumbo y la ignorancia y la sumisión empezaron a instalarse en nuestra cultura acuciados por el miedo a las represalias, pérdida de trabajo, etc. Por eso, nuestro mejor día es el que pasamos sin pena ni gloria: no discutimos con nadie, a los poderosos los saludamos cordialmente y nos conformamos con un esbozo de sonrisa condescendiente, podemos acatar los mandatos más incoherentes con cierta tranquilidad, etc., etc.
¡¡Pero, lo cierto es que se ven tan ridículos ejerciendo ese poder!! No saben que la vida es circular y que hoy están ahí y mañana pueden perder ese poder ganado o concedido; que la vida se goza y nos da la posibilidad de crecer en un contexto en el que prevalezca el respeto, las actitudes humanas, la idoneidad, el amor hacia ti mismo y hacia los demás, el diálogo fructífero...
Me pregunto: ¿Quién es el que inspira más lástima: el que ejerce el poder de manera lamentable o nosotros? Creo que la respuesta es obvia.