/// análisis
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Ver para querer
Gustavo J. Vittori
Se trata de levantar la vista, de despegar los ojos de las baldosas, de mirar la ciudad y descubrir las huellas que han dejado quienes nos precedieron, ya sean señales intencionadas o marcas al acaso. Siempre es interesante descifrar la ciudad a la que pertenecemos, e incluso a aquellas en las que sólo estamos de paso. Al fin y al cabo es un gesto de interés que a menudo se traduce en afecto- y que las ciudades suelen retribuir con creces, en primer lugar, haciéndonos sentir menos ajenos.
El acto de levantar la vista abre panoramas sorprendentes y nos devuelve a nuestros orígenes, a aquel proceso que empezó cuando los homínidos se irguieron sobre sus pies, liberaron la visión a los cuatro rumbos y activaron el cerebro que empezó a procesar imágenes y establecer asociaciones mientras los ojos recorrían el perfil del horizonte.
Millones de años después, con un cerebro de mayor tamaño y una sensibilidad más desarrollada, hacemos más o menos lo mismo cuando nuestros ojos buscan en el denso paisaje urbano señales pretéritas y mensajes actuales que nos permitan comprender la evolución de una ciudad.
En el caso de Santa Fe aún se pueden relevar porque hay documentos físicos y escritos- la etapa fundacional, el traslado al actual emplazamiento a mediados del siglo XVII, una segunda onda migratoria procedente de España (con el agregado de un significativo número de portugueses) durante el siglo XVIII; las guerras de la Independencia y las luchas civiles con acentuados componentes mestizos-, la Organización Nacional con la consiguiente apertura al mundo y el arribo de contingentes inmigratorios que principalmente llegaron de Italia y España (tercera oleada), pero también de Suiza, Francia, Gran Bretaña. Alemania, Yugoslavia, Rusia, Siria, El Líbano, por citar sólo los de mayor número.
Con todos ellos se hizo en la práctica una suerte de tercera fundación que transformó la antigua ciudad de la Colonia en una urbe con fuerte crecimiento poblacional y moderna impronta. De ese ciclo, caracterizado por la formación del barrio Candioti Sur, con sus comercios, industrias y sistemas de transportes, y de su articulación con el barrio del puerto, con eje en la gran estación de ultramar y su alto número de trabajadores criollos, trata la muestra ambientada en uno de los viejos silos para almacenar granos, ahora convertido en espacio cultural.