La semana política
La semana política
El Estado son ellos
La creación por decreto de lo que podía instituirse por ley y como “política de Estado” y dos casos en Jujuy ilustran el Estado bifronte de los Kirchner.

Cristina Kirchner y Milagro Sala.
Sergio Serrichio
CMI
Cierta sensatez prevaleció. A partir de diciembre, la Nación asignará 180 pesos mensuales para asistir a entre dos y medio y cuatro millones de chicos que no tienen hoy ningún tipo de ayuda o protección estatal.
Por una vez, al menos, un anuncio refleja la situación económica y social del país, aunque la presidenta Cristina Fernández de Kirchner haya preferido la mezquindad de un decreto de necesidad y urgencia a instituir una política de Estado mediante una ley sobre una materia en la que había amplio consenso. Ya existían seis proyectos con estado parlamentario que el Congreso podría haber fusionado y aprobado con rapidez justificada, a diferencia de las falsas urgencias que la mayoría oficialista en vías de extinción impone por diKtat de Olivos.
Como sea, reconocer la realidad es un progreso. La súbita “necesidad y urgencia” desmiente, de hecho, palabras de hace apenas dos meses, cuando la presidenta dijo que “el problema en la Argentina no es la pobreza, sino la inequidad” y ninguneó la idea de una “asignación universal a la niñez” diciendo que “el Estado no está parar regalar cosas”.
Como si el derecho de los chicos y de los mayores en extrema necesidad fuera una dispensa personal de los Kirchner.
Por eso, la ayuda estatal no estará definida por una ley y en función de la mera existencia de los niños, sino que será filtrada por la burocracia y el aparato clientelar.
Y la financiación no vendrá del presupuesto, donde los países serios ordenan sus prioridades, sino de los fondos jubilatorios que el gobierno arrebató hace un año para darle aire a un “modelo” en quiebra (el presupuesto 2010 incluye, en cambio, los 648 millones de pesos destinados al programa “Fútbol para Todos”, pero contabilizados bajo la finalidad “Educación y Cultura”, de modo que el Estado K cumpla más holgadamente las metas de la “ley de financiamiento educativo”).
La gran privatización
Hay, en todo esto, una constante. Al igual que Luis XIV, “el rey Sol”, figura histórica del absolutismo monárquico, que en el siglo XVII resumió su visión del poder y de la política con la frase “El Estado soy yo”, los Kirchner creen que el Estado son ellos. Han malversado el discurso de la recuperación del Estado, mientras consumaban su definitiva privatización.
El caso de Milagro Sala sirve para ilustrar el punto. La líder de la cooperativa y del movimiento social y sindical jujeño Túpac Amaru-CTA adquirió fama nacional a partir de las denuncias que cruzó con Gerardo Morales, luego de un agresivo “escrache” al senador radical. Sala fue demonizada como una jefa cuasi-mafiosa por unos, reivindicada como una santa hacedora por otros y, en fin, tuvo el jueves una ratificación pública del apoyo K en la forma de un abrazo presidencial en la Casa Rosada.
La Túpac recibe del gobierno nacional 8 millones de pesos por mes (otras fuentes estiran la cifra a 200 millones al año), con los que ha construido miles de casas y una infraestructura digna para muchas personas antes desamparadas. Las casas no están titulizadas a nombre de los habitantes, y la férrea disciplina de la cooperativa se sostiene, al menos en parte, sobre la implícita o explícita posibilidad de “destierro”.
En ese proceso, Sala y la Túpac ganaron un poder de veto e imposición sobre la política y la vida de los jujeños (sobre los que protegen, y sobre los que no) que ninguna ley ni voto popular les confirieron. Al punto de amedrentar a otras organizaciones, presionar de malos modos al gobierno provincial e imponer incluso una ley de “emergencia edilicia”.
Lo que muestra la secuencia no es la recuperación, sino la aniquilación del Estado, en particular el provincial, con dinero que mana de los ministerios de Planificación y Desarrollo Social de la Nación.
La socióloga Maristella Svampa, quien tiene una visión positiva de Sala y de su obra, reconoce que “la dependencia respecto del Estado es parte constitutiva del vínculo” que establecen organizaciones como la Túpac.
En otras palabras, bajo el kirchnerismo, el Estado en Jujuy desaparece como proveedor de salud, educación, justicia, protección social, pero establece el dinero como “vínculo” y variable de control. Dinero que, por supuesto, se maneja a nivel nacional, desde el entorno K. Al flujo de fondos lo administran Julio de Vido y Alicia Kirchner.
Abra Pampa y la vía
La otra cara de ese Estado bifronte es Abra Pampa, un pueblo de 12.000 habitantes, mayormente indígenas, en el noroeste jujeño. Un estudio realizado en 2006 por la Universidad de Jujuy sobre 234 niños de entre 6 y 12 años detectó que 81 por ciento de ellos tenían (tienen) más de 5 microgramos de plomo por decilitro de sangre, nivel a partir del cual los efectos sobre la salud, de por sí adversos, empiezan a ser irreversibles.
El problema se remonta a fines de los ‘80, cuando Metal Huasi, una fundición de plomo, cesó sus actividades y dejó tras de sí 15.000 toneladas de desechos tóxicos.
Muy poco se hizo desde entonces. Al respecto, una “Clínica” de Derechos Humanos enviada en agosto por la Universidad de Texas y que recurrió a la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) para intentar extraer del Estado información sobre el drama, divulgó el jueves pasado un dramático informe.
Afirma, por caso, que “la investigación y los hallazgos han revelado una total indiferencia por parte del Estado argentino por la salud de los residentes de Abra Pampa”. Precisa que, de 11 pedidos de informes y de 44 preguntas planteadas al Estado K, sólo una fue respondida por la Defensoría del Pueblo de la Nación. Señala que las primeras fases de un proceso de supuesta “remediación” agravaron el problema. Y denuncia que “las autoridades locales y nacionales consistentemente le han restado importancia a la gravedad de la situación sanitaria y ambiental”.
Peor aún: en 2007 el gobierno nacional recibió un préstamo de 40 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que incluía fondos para Abra Pampa, pero todavía no lo usó.
Tales las dos caras del “Estado K”: hábil y manipulador en las artes de la Caja y los anuncios; desinteresado e inútil a la hora del trabajo en serio y de las verdaderas soluciones.