Los horrores del Jemer Rojo

Camboya, donde la ficción

ni se acerca a la realidad

El video sobre la matanza de Svay Khleung remite a lo peor del genocidio en el que murieron 1.700.000 camboyanos. La película es exhibida durante el juicio al jefe de los verdugos del Jemer. Cada proyección genera ira, dolor e indignación.

Camboya, donde la ficción ni se acerca a la realidad

Los restos de centenares de víctimas del régimen del Jemer Rojo integran el Museo del Genocidio en Phon Phen, la capital camboyana. Los últimos responsables del gobierno de Pol Pot están siendo actualmente juzgados.

Foto: Archivo El Litoral

 

Jordi Calvet

Agencia EFE

Las películas de terror que exhiben en cualquier cine de Camboya, difícilmente provocan más emoción en las víctimas del Jemer Rojo que el video que en estos días están proyectando de pueblo en pueblo para informar del genocidio.

El turno de ver el filme del Centro de Documentación del Genocidio de Camboya sobre el juicio al jefe de los verdugos de aquel brutal régimen, Kaing Guek Eav, le tocó recientemente a la gente de Svay Khleung, única aldea del país que se rebeló contra el Jemer Rojo.

Todo los habitantes de pueblo de pescadores situado a orillas del río Mekong se han congregado ante la mezquita, donde se proyecta el video con varias escenas del juicio en las que el acusado, alias “Duch”, describe y confiesa los crímenes que ordenó mientras dirigió el centro de torturas de Tuol Sleng, en Phnom Penh.

Al finalizar la proyección, seguida en silencio y con atención, entre los asistentes brotan las lágrimas, la ira y el recuerdo del tormento que sufrieron en esta aldea.

“Que “Duch’ pida perdón no basta. Mató a mucha gente. Que lo maten tampoco sería suficiente”, dice Ly Musa, un vecino del pueblo.

La centenaria torre de observación de las estrellas y la luna, que utilizaban para fijar el calendario musulmán, es lo único de la aldea que quedó en pie después de que el Jemer Rojo la incendiara en represalia por la sublevación de sus pobladores.

“Quemaron todas las casas y mataron a cuantos vecinos encontraron. Sobrevivieron aquellos que pudieron huir durante la rebelión. Algunos escaparon cruzando el Mekong nadando”, explica Youk Chhang, director de la institución que recopila pruebas sobre el genocidio.

Aquella gente que antes de que implantaran el régimen convivió con los jemeres rojos, pagó su osadía con la aniquilación de 1.900 familias de las casi dos mil que por entonces residían en la aldea. “Durante tres meses, cada noche se llevaban a 20 ó 30 personas que nunca volvíamos a verlas”, explica Piamin Yusoh, guía musulmán de la comunidad y superviviente de la revuelta.

La reacción de los habitantes de Svay Khleung al ver y oír al ex director del centro de torturas de policía política del Jemer Rojo, es muy similar a la que se produce en otros pueblos de Camboya, país en el que la mitad de la población mayor de 35 años padece traumas o desórdenes mentales a causa de las experiencias vividas hace ya más de tres décadas.

“No hay ningún perdón posible. Lo que hicieron es demasiado”, dice Sa Loep, otro asistente a la proyección del video y que por medio de un pequeño aparato de radio se mantiene informado de los pormenores del juicio contra “Duch”.

Hasta el momento, cerca de 10.000 campesinos han sido invitados por el Centro de Documentación a asistir a las sesiones del juicio que se celebra en Phnom Penh, la capital, o han visto en sus pueblos el filme que, según Chhang, no persigue convertirse en terapéutico.

“Llevo años trabajando en esto y nadie perdona. El perdón es una cosa cristiana y aquí todos son budistas o musulmanes. Lo que quieren es que los responsables sean castigados por lo que hicieron. El juicio es su perdón”, apunta el director del centro que investiga las atrocidades.

Cerca de 1,7 millones de personas murieron en Camboya a causa de la hambruna, enfermedades y las purgas ordenadas por la cúpula del régimen, que sucumbió en enero de 1979 tras tres años y nueve meses en el poder.

“Duch” es el ex oficial de menor rango de entre los ex miembros del Jemer Rojo que el tribunal internacional auspiciado por Naciones Unidas pretende juzgar por su implicación en el genocidio.

Aguardando que llegue el momento de sustituir a “Duch” en el banquillo, están Khieu Samphan, ex jefe del Estado; Nuon Chea, “hermano número dos” e ideólogo de la organización; e Ieng Sary y su esposa Ieng Thirit, ex ministro de Exteriores y ex titular de Asuntos Sociales, respectivamente.


 

El reino del terror

El reino de Camboya es una monarquía constitucional del sudeste asiático con una población de cerca de 14 millones de habitantes. La principal religión es el budismo theravada. Su gentilicio es “camboyano” o “jemer”.

El país limita al oeste con Tailandia, al norte con Laos, al este con Vietnam y al sur con el Golfo de Tailandia. Es atravesado por el río Mekong.

Kampuchea Democrática fue el nombre oficial de Camboya bajo el gobierno comunista de Pol Pot y su partido de los jemeres rojos, entre 1975 y 1979.

Durante este período, cerca de dos millones de camboyanos murieron a causa de las políticas de exterminio de lo que Pol Pot llamó “el enemigo oculto”, es decir, todo aquello que consideró contrario a su plan de construir “una nueva Camboya comunista”. Dicha acción generó otro tipo de consecuencias como hambrunas y epidemias que nunca fueron atendidas.

Se calcula que más de un cuarto de la población murió durante lo que se conoce como el genocidio camboyano.

El período concluyó con la invasión vietnamita en una guerra que duró 17 días, entre diciembre de 1978 y enero de 1979, y el paso a la clandestinidad de Pol Pot y los suyos.