EDITORIAL

Apertura económica

contra el régimen cubano

 

Las Naciones Unidas (ONU) volvieron a insistir la semana pasada para que Estados Unidos levante el bloqueo contra Cuba, medida que ya lleva casi cincuenta años y su historia se confunde con la historia misma de la dictadura castrista. En todo este tiempo se ha insistido desde franjas cada vez más amplias de la opinión pública internacional para que se ponga punto final a un embargo que a esta altura de los acontecimientos es absolutamente ineficaz y, en algún punto, una coartada política de la dictadura para oponerse a cualquier tipo de liberalización o apertura.

En su momento los gobiernos de Carter, Clinton y, en la actualidad, el propio Obama, han intentado liberalizar esta relación, pero en lo fundamental el bloqueo se ha mantenido. El principal opositor a la apertura es el influyente exilio cubano residente en Miami. Los esfuerzos desplegados por dirigentes demócratas para que modifiquen su punto de vista, que favorece objetivamente a la dictadura, han sido vanos. Para los cubanos en el exilio, el bloqueo sigue siendo una condición necesaria, la identidad que define a todo cubano opositor a la dictadura.

Lo que estos dirigentes, resentidos por tantos años de exilio, se resisten a admitir es que los tiempos de la guerra fría pertenecen al pasado y que la posibilidad de que la dictadura se derrumbe por el embargo es cada vez lejana, cuando no imposible, sobre todo, como ya lo dijéramos, porque es el principal argumento del que se vale el castrismo para sostener el régimen totalitario.

Intelectuales y académicos cubanos menos obsecados que su pares de Miami, sostienen que una estrategia más inteligente para socavar las bases del castrismo es la apertura. Para estos intelectuales la llegada de turistas y mercaderías sería fatal para la estabilidad del régimen. Al respecto, consideran que la dictadura se ha podido sostener gracias al aislamiento y a la desinformación. El cubano medio vive atemorizado y desinformado. La dictadura ha logrado que la mayoría de la sociedad se desinterese por los temas públicos, por lo que la preocupación cotidiana de la gente es cómo sobrevivir con un mínimo de dignidad en esa suerte de manicomio económico que es el comunismo cubano.

En lo que insisten los operadores del exilio es que el embargo no se puede levantar si antes los Castro no se comprometen a liberar los presos políticos, permitir la organización de los partidos y ampliar las libertades públicas en general. Los reclamos puede que sean justos, pero ya se sabe que en política, y mucho más cuando de lo que se trata es de elaborar una estrategia eficaz que liquide a una dictadura anacrónica pero fuerte, lo que importa es la eficacia.

Lo que los residentes de Miami ya deberían saber es que al régimen no lo van a liquidar los marines yanquis, entre otras cosas porque ya nadie piensa en implementar algo parecido. Al régimen, como todo régimen encerrado en sí mismo, lo va a liquidar la apertura económica, la única, por otra parte, que la oposición en el exilio está en condiciones de aplicar.