El Rey Sol y los relojes

Juan Carlos Preiswerk Morgan.

DNI. 10.064.205. San Javier

Señores directores: “Interesado sobre todo por la arquitectura y por la música, Luis XIV demostró “un gusto muy personal” que evolucionó del barroco...”, dice entre otras cosas el artículo publicado en la última página de El Litoral de fecha 21/10/09, que se explaya sobre las inclinaciones por el arte, ciencia y arquitectura del Rey Sol.

Tal artículo me motiva para comentar que, además, Luis XIV era aficionado a la relojería y a todo instrumento mecánico afín, jactándose de conocer todos los secretos que ellos guardaban, pudiendo reparar cualquier avería que pudieran tener. Fue tal el interés y dedicación que prestó a estos instrumentos para medir el tiempo que llegó a “contratar” a Cristian Huygens para que aportase a Francia sus variados conocimientos científicos, fundamentalmente los referidos al desarrollo del “péndulo”. Cristian Huygens trabajó para Luis XIV y para Francia desde los años 1666 hasta 1681, aportando muchos avances en la materia.

Todo esto colaboraba a acrecentar la fama de Luis XIV como aficionado a “la relojería” y como “Relojero” a tal punto que en una oportunidad El Rey Sol desafió públicamente a que le lleven relojes con algún defecto y que él lo repararía.

Una anécdota que llega hasta nuestros tiempos cuenta que le llevaron un reloj con un defecto que él no pudo detectar. Con ese preocupante resultado, llamó a quien le procuró el aparato y le dijo: “El reloj que me has traído no tiene ningún defecto, funciona perfectamente, no entiendo cuál es tu reto”. La persona que le llevó el reloj defectuoso le señala la esfera, mostrándole el Nº (en numeración Romana) IV y le responde: “Su majestad, aquí está el defecto: el Nº IV está escrito de esta manera IIII”. El Rey Sol montó en cólera, dictando un decreto que proclamaba: “Todos los relojes debían tener el Nº IV escrito así: IIII”. De esa forma evitó salir como perdedor en el desafío que él mismo había lanzado. Esto explica por qué aún hoy el número cuatro se escribe en la numeración romana como “IIII” en los relojes franceses.