Profesor de chicos y entrenador de profesionales
Profesor de chicos y entrenador de profesionales
La región se dio un lujo
con la clínica de Alonso
El ex tenista estuvo en San Carlos Centro, dictando su jerarquizada disertación para chicos y profes. Después habló con El Litoral y contó una historia fascinante.
Alejandro Galetto
Sensibilidad, sencillez, buen talante y capacidad. Con esas cuatro virtudes, el éxito de su clínica está asegurado. Y todo su bagaje estuvo en San Carlos Centro, para aportar grandes ideas a chicos y profesores de nuestra región.
Leo Alonso nació en Zárate, provincia de Buenos Aires (hace 45 años), pero a los cinco años se fue a vivir a la capital del país. “Lamentablemente, soy porteño por adopción”, señaló, y lanzó su primera muestra de personalidad.
El inicio
Leo fue jugador de tenis, pero en su época era muy difícil convertirse en profesional. Se sacó las ganas con una gira mundial a los 18, pero supo que no podría mantenerse en ese nivel. Sin embargo, su vida siguió vinculada a este deporte. Para bancarse sus estudios de Ciencias Económicas, Leo comenzó a dar clases de tenis, hasta que a los 21 tuvo la posibilidad de viajar a Estados Unidos para capacitarse.
“Estuve casi un año haciendo todos los cursos de profesor de tenis que encontré. Y tuve la suerte de poder trabajar con Dennis Van der Meer, que es quien más gente ha formado en la historia de este deporte”.
Así logró traer la representación de la Asociación Mundial de Profesores de Tenis al país en 1995. “Entonces empecé a dar cursos en el país, en toda Sudamérica e, incluso, en Estados Unidos”. Hace 10 años comenzó a trabajar con juveniles, algunos de los cuales terminaron siendo profesionales y con los que aún continúa trabajando. “Actualmente soy coach de Carlos Berlocq hace ya seis años, y hace 5 que me desempeño como coach-manager de Leonardo Mayer”.
La clínica
Alonso llegó al ámbito de la Liga de Tenis del Litoral por tercera vez en el año.
—¿De qué se trata, Leo?
—La idea de las clínicas es trabajar con los chicos y sus profesores, de manera de darles pautas para todos los niveles, ya sea principiantes, intermedios, avanzados en incluso de altísima competencia. Queremos dejar algunos conceptos para que, además de trabajarlos en los tres días que dura, aclarar algunas cosas que se puedan seguir desarrollando en sus entrenamientos habituales. Así, cuando hagamos una próxima visita, ver cuál fue la evolución y dar lugar a un siguiente paso, según corresponda.
—¿Cómo viste el nivel de chicos y profes?
—En general, el nivel de los chicos más pequeños es muy bueno. Lo que más cuesta en muchas localidades del interior es la etapa en la que superan los 15 años. Tiene que ver con el tenis en sí, pero, también, mucho con la vida típica de los adolescentes. Dejar de jugar al tenis a los 15 ó 16 es lo más probable y, si la localidad donde viven es chica y no hay un grupo de pibes de esa edad que jueguen bien, tienden a desaparecer.
—¿Hay una solución a eso?
—En esta zona hay emprendimientos pequeños, es decir, clubes de 3, 4 ó 5 canchas, y tienen muy buenos chicos que juegan bárbaro en sub 12 y hasta sub 14, pero les cuesta mantenerlos cuando tienen 16 ó 18. Generalmente, la única forma de que sigan jugando es que ya hayan adquirido un nivel tal que ya casi sean tenistas, que estén enganchados en ser profesionales. De este modo, terminan naturalmente derivando a Buenos Aires o un lugar donde tengan la posibilidad de agruparse con chicos que “tocan la misma música” y, así, entrar en el embudo de la alta competición y, eventualmente, insertarse en el profesionalismo.
Voz autorizada
Para el final de la extensa y amena charla con El Litoral, Leo dejó algunos tips muy claros y específicos para los formadores de tenistas, que lamentablemente no acudieron en masa a las instalaciones del Club Argentino de San Carlos como este acontecimiento merecía.
“Te lo resumo en tres palabras -lanzó tras 5 segundos de análisis-: compromiso, capacitación y trabajo. ¿Qué quiero decir? Si no te gusta lo que hacés, si agarrás un chico y no querés sacarlo bueno, no va a pasar. Por otra parte, si no te capacitás y no estás todo el tiempo relacionándote con colegas que ya hayan hecho el camino, que lo conozcan a través de cursos, es decir, aprender de otros, o si te encerrás en tu cancha de tenis, te pasan por arriba como los aviones. Hay que capacitarse”, subraya con mucho énfasis.
“La última es trabajo, porque para sacar un jugador de tenis te tenés que “comer’ con él miles de horas, ya sea en la cancha, en el vestuario, acompañándolo en el micro o en el avión si está de gira. Sin estas cosas, no se generan grandes jugadores”.
Anécdota que enseña
Desde hace 6 años, Alonso trabaja como entrenador de Carlos Berlocq. Una año después, se hizo cargo de otro chico que entrenaba desde juvenil: el correntino Leo Mayer, que hoy por hoy ostenta, consolidado, su calidad de top 100.
Leo relató una anécdota reciente que marca cabalmente la dificultad del circuito ATP. “En el Abierto de Valencia (semana pasada), Mayer venció a Igor Andreev en primera ronda por 6-3 y 6-3, y perdió en segunda con Andy Murray por 6-4, 3-6 y 6-3. Después del partido con Andy, me dijo: “En el tercer set jugué mal dos puntos’. Iban 2-2, 15-15, sacó mal y cometió una doble falta. En el punto siguiente, falló el primer servicio y el segundo lo dejó muy flojito, Murray se le metió, lo apuró y le ganó el punto. Ya en 15-40, el escocés tiró una devolución galáctica y lo quebró. Luego mantuvo su saque y se puso 4-2. Allí se dedicó a mantener la diferencia y ganó el partido. Moraleja: en el más alto nivel, dos puntos mal jugados significan una derrota”.
De fiesta. Argentino de San Carlos recibió esta importante clínica. Es un club que cuenta con más de 100 chicos y necesita expandirse en el rubro tenis. Foto: Gentileza Organización
Una descripción brillante
Alonso dibujó oralmente el camino lógico que tiene que seguir un jugador de tenis que alcanzará los más altos niveles competitivos, con una claridad impactante.
“Si pudiéramos escribir en un papel el desarrollo ideal de un jugador, te diría lo siguiente. Antes de los 12 años debe manejar la técnica de todos los golpes sin errores: es decir que tenga bien los apoyos, las empuñaduras y que sus tiros se desarrollen con técnica y biomecánica correcta.
“A los 14, ese chico además tiene que manejar variantes tácticas: con las herramientas que tiene, poder armar jugadas y empezar a crear un estilo de juego. A los 16 tiene que tener la técnica, el desarrollo táctico claro y agregar la velocidad al juego y el acortamiento de los tiempos para cerrar mejor las jugadas, o sea conceptos del juego moderno. Por ejemplo, jugar un ángulo y cerrar los espacios para aprovechar el hueco que se abrió.
“Entre los 16 y los 18 es cuando se define si un chico puede ser profesional. Esto es trasladarlo a los primeros pasos del profesionalismo, donde se empiezan a enfrentar a jugadores consolidados. Al principio es la etapa de Futures, que es rentada pero todavía es fase de aprendizaje, sobre todo de “mañas’ y herramientas extradeportivas, como la parte anímica ante las derrotas y los viajes largos.
“Si le va bien en esa etapa se pasa a la de los Challengers, que es 100 por ciento profesional, altísimamente competitiva y muy formativa, porque el que hace las cosas bien en este nivel es el que está listo para meterse en el top 100, que es el objetivo de todo jugador.
“Ahora bien, cuando llegan al top 100 los jugadores se relajan y dicen: “ya está, ahora voy a ganar mucha plata y todo va a ser más fácil’. Y ocurre exactamente lo contrario. Ganan mucha plata, pero están todo el tiempo presionados por no perder ranking y enfrentan a jugadores que son buenísimos y que si te dormís tres pelotas, te ganan el partido”.
No falta agregar absolutamente nada.