Caída en el debut de la gira
La Catedral de la injusticia

Patricio Albacete, de estupenda actuación, supera el intento defensivo del inglés Shane Geragthy. Detrás, Mauro Comuzzi y Lewis Moddy, elegido Man of the match.
Foto: AFP
Los Pumas disimularon las ausencias con una actuación destacable en Twickenham. El Rose Team aprovechó la única distracción defensiva argentina y alcanzó un éxito inmerecido.
César Miño
Pese a cumplir una actuación satisfactoria, el Seleccionado Argentino de Rugby cayó ayer ante su par de Inglaterra por 16 a 9, en el test-match que abrió la gira por el Viejo Continente, que proseguirá el sábado venidero en el Millennium Stadium de Cardiff, ante Gales y se cerrará el 21 del corriente en el Murrayfield Park de Edimburgo, con el compromiso ante Escocia.
Atendiendo a los condicionantes provocados por la ausencia de un mínimo de seis titulares indiscutidos, Los Pumas estuvieron a la altura de las circunstancias; a punto tal, que resulta indispensable señalar que no merecieron despedirse de La Catedral con una derrota, ya que en el contexto general del encuentro, establecieron algunas diferencias ante el Rose Team.
Capítulo uno
En el primer tiempo, que tuvo un comienzo “insoportablemente” táctico, ya que los kicks se erigieron en el elemento cuasi indispensable para intentar prosperar, Argentina prevaleció en el control de la pelota, a través de un planteo previsible, atendiendo a la necesidad de fortalecerse a través de la imposición del ritmo más conveniente a sus posibilidades.
En ese contexto, construyó más situaciones propicias para marcar que las que finalmente expresaron sus 9 puntos de la etapa, ya que desperdició un par de penales y, fundamentalmente, un par de drops más que factibles. Como contrapartida, la calidad de Jonny Wilkinson permitió que el Rose Team llegase a la igualdad, merced a un excelente drop y dos penales, cerrándose una equidad comparable únicamente en el análisis territorial de lo acontecido.
Capítulo dos
Desde el kick-off, irrumpió una Inglaterra diferente, ya que le otorgó dinámica a sus desplazamientos, a partir de una evidente decisión de mantener la pelota viva, intentando utilizar la totalidad del campo de juego.
También modificó su esquema táctico, ya que concretó un enroque entre el fullback Moyne (con notorias dificultades en el juego aéreo) y el winger Cueto, con lo cual mejoró notoriamente en materia de imperfecciones en el handling, con relación a la etapa inicial.
Frente a tan evidente reacción adversaria, Argentina prolongó su solidez defensiva en los distintos aspectos del juego. La que únicamente se desordenó sobre la media hora, cuando Los Creadores apoyaron el ensayo de la victoria, a partir de un buen movimiento colectivo que provocó una superioridad numérica que culminó en la conquista de Banahan.
Los Pumas mantuvieron la entereza denotada durante todo el partido y dispusieron de varias situaciones factibles para sumar. Sin embargo, entre la contención adversaria y algunos desaciertos en la toma de decisiones, el silbatazo final del correcto referee galés encontró la desazón que siempre provoca el hecho de haber estado tantos minutos asomados vanamente al ingoal adversario.
Posdata
A la hora del balance final, surgen más elementos positivos que negativos con relación a la actuación argentina. Partiendo de lo colectivo, ya que el equipo nunca fue superado, pese a la falta de rodaje provocada no sólo por el semestre de inactividad, sino también por la inclusión de un grupo demasiado importante de inexpertos en estas lides.
En cuanto a lo individual, es indispensable destacar actuaciones de gran nivel, como las de Rodrigo Roncero, Juan Martín Fernández Lobbe, Patricio Albacete, Lucas Borges y Horacio Agulla, quienes junto al resto de sus compañeros, disimularon con creces las ausencias de varios de los baluartes del equipo.
En materia de déficits, quizás los más evidentes surgieron desde las dificultades emergentes del line-out, único ítem en el que los ingleses denotaron supremacía.





