Apuntes de política provincial

Violencia, ¡presente!

Por Teresa Pandolfo

 

En el país se asiste a una falta de entendimiento interno. Los sondeos de opinión muestran un fuerte rechazo a quienes ejercen el poder en el gobierno nacional. Más de un 50 por ciento de imagen negativa al matrimonio Kirchner no es un dato menor en una Argentina con un sistema de gobierno presidencialista fuerte.

Algunos datos de la economía permiten avizorar un 2010 mejor que este año, pero con una recuperación del empleo más lenta que otros parámetros de la economía: otro dato no menor.

En tanto, en el plano político aparece un escenario demasiado confuso y de fuerte confrontación. Todo se impone, se profundiza un esquema de violencia que desborda y con vasos comunicantes que la trasladan de arriba hacia abajo, ocupando todo. Es difícil salir de una dinámica basada en esos términos.

El núcleo duro kirchnerista levanta sus apuestas y su fuga es para adelante. Lo viene haciendo desde hace bastante tiempo, desde que la Casa Rosada perdió las elecciones legislativas de junio pasado.

Frente a ese esquema de redoblar posiciones está una ciudadanía que perdió la confianza y expresa su insatisfacción en forma permanente: sea por no quedar fuera de los planes de empleo, por la falta de representatividad sindical o porque reclama mayores ingresos. Subyacentemente, está presente una inflación que no puede ser contenida porque nace de las falta de inversiones y otra vez aparece el factor confianza.

El escenario no podría ser más preocupante. Se está ante una crisis institucional no nacida por la falta de funcionamiento formal de las instituciones sino de esa pérdida de confianza fuerte, que está repercutiendo en el ámbito socioeconómico y en la toma de futuras decisiones.

Ocupa todo

La violencia es como una inundación, ocupa todo. Y llega también a las provincias. Los problemas de unas y otras pueden ser distintos, pero la crispación se comparte.

En Santa Fe las cosas son diferentes y similares a la vez. Se está a horas de que la docencia decida si mantiene su esquema de paros como el realizado en las dos últimas semanas. Es real que frente a un panorama inflacionario de 1 por ciento por mes como mínimo, hay pérdida del valor adquisitivo del salario. Pero la contraparte de un incremento salarial es la posibilidad de recursos. Un incremento de sueldos debería comprender a todo el sector público y no sólo al magisterio.

El gobierno provincial tienen en carpeta una reforma tributaria pendiente de negociación con el justicialismo, que difícilmente le aporte la cantidad de recursos que necesita para cubrir el déficit de este año. A partir de allí, deberá verse qué más se puede aplicar como aumentos al sector público.

El magisterio fue el sector interno más beneficiado en la gestión de Hermes Binner. Sin embargo, los gremios no dudaron en ir al paro hacia el final del ciclo lectivo y como se dijo en “Apuntes.... “ de la semana anterior, advierten sobre la posibilidad de no comenzar el próximo. Más allá que nada en la Argentina se puede dar por seguro con tanta anticipación, corresponde poner la lupa en la metodología de reclamo elegida: directamente, la medida de fuerza sin importar consecuencias.

Esta semana, inesperadamente, se conoció un documento del Colegios de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial, que sorprendió por la dureza de la terminología empleada, sobre la carencia de recursos y la existencia de vacantes en la estructura funcional, que ya habían sido planteadas por los canales institucionales de las que se hizo eco la prensa.

El gobierno reaccionó, y también lo hizo el presidente de la bancada del Frente Progresista en la Cámara de Diputados, doctor Raúl Lamberto.

Evidentemente, entre los magistrados y el gobierno existe una falta de entendimiento mutuo y de comprensión también sobre las posibilidades de instrumentación de una reforma judicial tan profunda como la que está en marcha, además de la renovación de cargos en la justicia.

Aquí también apareció esa violencia; no en los hechos sino en la severidad de las palabras. La justicia es un sector que, comparativamente a otros, está mejor posicionado en cuanto a sueldos y esquemas de trabajo. Por la índole de las funciones y la formación de quienes participan de este poder deberían darse otras metodología de acercamiento al gobierno para tratar de resolver los problemas que plantean.

En un proceso como el que se ésta llevando adelante, seguramente, hay errores y demoras, pero todo forma parte del todo; nadie puede decir que su zona está liberada respecto de lo que ocurre en otros ámbitos.

Un caso, las colas de personas, interminables, con el propósito de acceder a la asignación universal (subsidio por niñez). Sería prudente no sólo ver el número de futuros beneficiarios sino mirarles las caras, ver la juventud, cuando no adolescencia, de de quienes buscan el aporte. Ver el drama social que hay detrás de cada una de esa personas, de ellas, sus hijos y la sociedad en su conjunto.

Allí se ve ese otro número: el 40% santafesinos que están por debajo de la línea de la pobreza. Y esto tampoco lo podemos ignorar y sacar de un contexto. Esas personas, además de la asignación, concurren al hospital público; sus hijos a los comedores escolares y comunitarios, y el Estado como puede se está haciendo cargo de algunas acciones de promoción.

Si los sectores más preparados, si los que comparativamente están mejores, si quienes tenemos (se incluye esta periodista) responsabilidades funcionales y de conducción hacia el conjunto de la sociedad planteamos las demandas en términos de conflicto, encontrar soluciones más integrales y de solidaridad interna será muy difícil por no decir imposibles.

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Mons. José María Arancedo. La Iglesia ha hecho esta semana un fuerte llamamiento a la revisión de conductas sociales.

Foto: Guillermo Di Salvatore