Concluyó la 24a. edición

Festival de Cine de Mar del

Plata: después del cierre

Roberto Maurer (Enviado especial)

Al margen de la discusión sobre ajustes presupuestarios, estrellas sí o no, y los criterios de programación, la nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata incluyó un trascendente tributo a Homero Alsina Thevenet, crítico y maestro de críticos, de quien se presentó el primer tomo de sus “obras incompletas”. Son más de 900 páginas publicadas por el Incaa y el propio festival, de trabajos de H.A.T. que reunieron Alvaro Buela, Elvio Gandolfo y Fernando Peña. Además, se incluyó una atractiva retrospectiva denominada “Omisiones de la Academia”, con títulos que, a pesar de su valor, en su momento no fueron nominadas al Oscar, según la lista elaborada por Alsina Thevenet en su tan indispensable libro “Cine Sonoro Americano”.

Fue un selecto paquete de films rescatados de la injusticia, del cual sólo pudimos ver “Huyendo del destino”, basado en una novela del inglés Anthony Berkeley aquí editada en la época de oro de El Séptimo Círculo, que dirigió el impersonal Vincent Sherman en 1941, sin estrellas, y protagonizada por Thomas Mitchell, un actor de reparto, con una trama muy original y un tratamiento very brittish: un profesor universitario que sabe que va a morir, decide cometer un asesinato útil a la sociedad, cuya víctima no debe ser un dictador, porque los sistemas perduran, para elegir a un ciudadano dañino cuya peligrosidad se desarrolla dentro de los límites de la ley. Es un film irónico y sutil, con derivaciones imprevistas.

Algunas películas que concursaron

La última obra de Elia Suleiman ganó el premio al mejor director en la competencia internacional y la Asociación de Cronistas la consagró como mejor película. En “El tiempo que queda”, el realizador palestino sigue combinando un humor introvertido y la tragedia para contar el conflicto con Israel desde el punto de una familia, la suya, desde la ocupación de Nazareth en 1948 a la actualidad del muro, y la situación de los palestinos que optaron por quedarse en Israel. Vuelve a su estilo, que incluye el recurso de largos planos fijos, donde la cámara y los diálogos desaparecen cediendo el espacio a personajes que, a la distancia, parecen independizarse con sus acciones. Hacia el final, el tono satírico se esfuma y una terrible pesadumbre inunda el film cuando se concentra en el regreso del hijo y su imposibilidad de comunicarse con la madre.

Otro realizador de prestigio en la competencia internacional fue Todd Solondz, que reaparece con una especie de secuela de su recordado film “Felicidad”, con los mismos personajes interpretados por otros actores, diez años después, y sus defectos al desnudo, y aun así conmovedores. Son escenas o mayormente diálogos que forman un collage de las vidas desquiciadas de las tres hermanas, el ex marido que sale de la cárcel, otro que se suicida y el fantasma del novio muerto y otro novio de carne y hueso que huye, más hijos en el papel de espectadores confundidos por la lucha de los adultos por un retazo de felicidad, y en el contexto de cuestiones incómodas como la pedofilia y el terrorismo, suavizado con el humor amargo y tan personal del ácido realizador norteamericano. Se registra una discusión continua sobre la dialéctica del olvido y el perdón, y se cierra con la frase de un obsesivo personaje secundario: “Total, van a venir los chinos y se van a quedar con todo”. Allison Janney logró el premio a la mejor actriz.

Otra película en concurso fue “Colmillos”, una producción griega, sobre la experiencia perversa de un padre y una madre que han criado a sus dos jóvenes hijas y a un varón entre los muros de su residencia, aislados del mundo, y sumergidos en una realidad artificial, a quienes hasta el vocabulario les han cambiado. La palabra “mar” significa “sillón”, por ejemplo, para no vincularlos con el exterior. Los padres son cariñosos y brutales, y los inspira la buena intención de proteger la unidad familiar.

La terrible pero absurda situación provoca situaciones cómicas, y el propio director Yorgos Lanthimos explicó el sentido de su film luego de la proyección, en la conferencia de prensa: “El objetivo central fue especular acerca del futuro de la familia. Si habrá cambios estructurales en el futuro, o seguirá así. Me pregunto qué sucedería si dejara de existir la institución familiar tal como la conocemos. Y qué tan lejos puede llegar una persona si está dispuesta a conservarla”.

La fabricación de una santa

Se organizó una retrospectiva del madrileño Javier Fesser, un realizador desconocido para nosotros, cuyo cine extravagante y surrealista parece haber constituido un culto, por su carácter provocador e inventiva desaforada, y que ahora sería ya una atracción para el gran público. La revisión fue coronada por “Camino”, una película que acaba de ganar nada menos que seis premios Goya. Ya es un cine con ambiciones comerciales y producción importante, que se inspira en un caso real: la agonía lenta de una niña de 12 años, llena de vida, enamorada y víctima de un raro tumor, de una madre fanática religiosa y del sadismo de los médicos. Los sueños ya púberes de la pequeña van cayendo uno a uno, mientras su estado físico declina, hasta que, rodeada, el Opus Dei percibe la intensa fe que la familia ha transmitido a la inocente, y se la apropia para tener su primera santa. La muerte se ha convertido en una fiesta, ya que se celebra el inevitable encuentro de la protagonista con Dios.

El Opus Dei nunca es mencionado, se habla de “la institución”, y el nombre de la niña (Camino) es el título de un libro del fundador, elegido por la madre, en tanto que una estampita de Josemaría Escrivá de Balaguer es colocada en el pecho de la protagonista cuando muere. Las alusiones son claras, y el Opus Dei las entendió, ya que elevó protestas. La película dice inspirarse en un caso real, el de una niña cuyo proceso de canonización comenzó en 1985. Son dos largas horas y media de grandilocuencia y oportunismo, con abundantes fantasías paralelas que alcanzan gratuita pero intencionadamente lo bizarro.

Festival de Cine de Mar del Plata: después del cierre

Los protagonistas del film “Camino”, del madrileño Javier Fesser -a quien se dedicó una retrospectiva-: Carmen Elías, Manuela Vellés, Nerea Camacho y Mariano Venancio.

Foto: Archivo El Litoral