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Elogio de la hipocresía
Julio Cobos invitó a Hermes Binner a integrar una fórmula presidencial en común para 2011; el gobernador respondió que “está pensando en 2009”, interpretando una prudencia que muta su mueca si es sometida a la reflexión.
¿Miente el gobernador? Se puede decir que Binner cuenta por aliado a la inconsciencia pública; la reflexión no abunda en las mentes ciudadanas, como los ciudadanos escasean en el padrón.
Pero si un santafesino ejerciera la reflexión, aún prescindiendo de criticidad opositora, concluiría que un gobernador no puede pensar el año en noviembre, así como un político se vuelve sospechoso cuando reniega de la ambición.
En política, la franqueza se somete a una administración táctica. Si Binner dijera hoy que quiere el poder, la presidenta -y el Senado provincial- le habilitarían menos plata a la gestión socialista; no muy distintas serían las conductas si se invirtieran los roles.
Eso significa que la franqueza supondría menos beneficios para los ciudadanos santafesinos; en los hechos, la hipocresía opera cuanto menos para impedir un perjuicio mayor.
La lucha del poder no siempre se detiene en la ley o la razonabilidad. La política, como la condición humana que la sustenta, es inacabada; no alcanza lo que debe ser sino sólo -y en el mejor de los casos- lo que puede ser (el arte de lo posible). Y eso supone muchas veces una contradicción fáctica ineludible entre las conductas y el valor que procuran, aunque no eximen al gobernante.
En el circo romano, como en el fútbol para todos, no cobraban entrada. Los foros en los que la palabra debate el imperio de la ley y la administración de Justicia, están reservados a la fortaleza moral o la tentación de los doctos.
¿Por qué más gente elige el circo que el foro? La mirada pública es decisiva en la ética del poder; las mayorías se fascinan con las garras de los leones.