Río de Janeiro  se pone en marcha

Vista aérea del estadio de fútbol Maracaná y el diseño que tendrá para 2016.

Río de Janeiro se pone en marcha

Las obras para las instalaciones de los Juegos Olímpicos de 2016 han comenzado. La ciudad carioca acomete el mayor proyecto de renovación urbanística de su historia.

TEXTOS. MANUEL PÉREZ BELLA. FOTOS. EFE REPORTAJES.

Con una cantidad ingente de obras en un horizonte de siete años, Río espera que el título de “Cidade Maravilhosa” que ostenta sea una realidad y no sólo el título de una canción.

La metrópoli brasileña, que dos años antes de los Olímpicos recibirá la final del Mundial de fútbol, pretende recuperar el lustre perdido de sus años dorados, en la primera mitad del siglo XX, cuando todavía era la capital del país y la sociedad carioca vivía toda una “belle epoque” en su auge económico y cultural, y cuando el desarrollo urbano caótico aún no había mancillado sus exuberantes bellezas naturales.

Desde entonces, la falta de inversiones, el exceso de inmigración y el crecimiento desordenado de la ciudad fueron degradando el aspecto y la calidad de vida de la urbe más icónica de Brasil, que sigue siendo un espejo para el resto del país.

BARRIOS POR FAVELAS

En Río viven ahora cerca de seis millones de personas y un tercio de ellos se aglomera en un millar de favelas, los barrios marginales construidos por los propios vecinos que, en muchos casos, adolecen de falta de servicios básicos como agua potable, alumbrado, alcantarillado o calles asfaltadas.

Tras el anuncio de Río como sede olímpica, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, aseguró que espera que en 2016 las favelas de Río se hayan convertido en “barrios” por las ingentes inversiones que se harán en la ciudad y que tendrán reflejo directo en la reducción de la pobreza, por medio de la creación de empleo y la mejoría de las infraestructuras.

Para los Juegos Olímpicos los retos son muchos, desde la depuración de los vertidos contaminantes que hoy amenazan con dejar insalubres las famosas playas de Copacabana e Ipanema, hasta la ejecución de toda una revolución de las infraestructuras de transportes y el desarrollo de las instalaciones deportivas necesarias.

El apartado deportivo es el que menos quebraderos de cabeza plantea a los organizadores, puesto que tan sólo será necesario construir desde cero nueve instalaciones permanentes y acometer reformas estructurales en otras nueve.

Diez de las 34 instalaciones deportivas ya están terminadas y sólo necesitarán reformas menores y otras seis serán estructuras temporales. Además, se levantarán una nueva Villa Olímpica con 32 edificios de doce plantas con capacidad para 17.700 camas, y un nuevo centro de medios.

URBANISMO Y TRANSPORTES

La revolución urbana y de transportes de Río planteará los mayores desafíos, lo que ha llevado al Comité Organizador a ponerse en su horizonte el ejemplo de Barcelona, que utilizó las justas de 1992 para renovarse y convertirse en la ciudad más moderna y dinámica de España.

Al igual que la capital catalana, Río aspira a convertir su degradado puerto en una zona residencial y de ocio, con restaurantes, bares y atracciones que supongan un nuevo polo turístico y que atraigan de nuevo a la población y a los turistas al centro de la ciudad.

Actualmente, la zona portuaria alberga cinco kilómetros cuadrados de almacenes abandonados y casas semiderruidas, que suponen un núcleo de marginalidad en el corazón de la ciudad.

Con el proyecto bautizado “Puerto Maravilla”, el ayuntamiento prevé construir barrios residenciales enteros, cuadruplicar la población de la zona hasta llegar a unas 25.000 personas que gozarán de nuevos servicios, y crear una amplia red de restauración, ocio y hoteles para recibir a muchos turistas durante los Juegos.

Como legado para los vecinos quedará una villa para árbitros con 844 apartamentos y dos de los proyectos estrella: un metro ligero de superficie y el soterramiento de la carretera de circunvalación elevada, una obra que afea el puerto y que hoy supone un muro que lo separa del resto de la ciudad.

Después de su renovación, el puerto tendrá capacidad para recibir trece transatlánticos en 2016, que albergarán a miles de turistas durante los Juegos.

El capítulo de transportes será el que exija un mayor esfuerzo de los cofres públicos, con cerca de 5.500 millones de dólares en inversiones, que servirán, entre otros aspectos, para ampliar el metro y modernizar los trenes de cercanías, cuyo estado deplorable ha motivado recientemente motines de pasajeros.

El metro, que actualmente cuenta con 37 kilómetros, va a ganar tres estaciones ya en construcción y, al menos, otras cinco más, aunque podría llegar a extenderse otros 20 kilómetros más hasta el año de los Juegos.

El gobierno regional todavía tiene que decidir si llevará el metro hasta el apartado barrio de Barra da Tijuca, donde se concentrará la mitad de las pruebas olímpicas, o si mantiene el plan de construir corredores de autobús exclusivos, que figuran como la base del sistema de transporte.

Según el proyecto original de la candidatura, se extenderán 150 kilómetros de estos carriles para colectivos, que funcionarán en la práctica como un metro en la superficie, puesto que no enfrentarán el tráfico normal de la ciudad.

En cualquier caso, se espera reducir el tiempo de viaje entre la zona hotelera y la de competición hasta los 30 ó 40 minutos, frente a las dos horas que actualmente cuesta cubrir esa distancia en autobuses convencionales.

Para descongestionar el tráfico también se ha proyectado la construcción de una carretera de circunvalación de 172 kilómetros, que aligerará la circulación de camiones en la ciudad y que ya tiene cuatro tramos en obras.

AEROPUERTO RENOVADO

Río de Janeiro, que pretende consolidarse como principal destino turístico de Brasil, también prevé ampliar y privatizar el aeropuerto internacional Antonio Carlos Jobim, cuya capacidad pasaría de los actuales 15 millones de pasajeros a 25 millones en 2016 y a 40 millones en 2025.

La conexión del aeropuerto con el centro es hoy uno de los mayores problemas del sistema de transportes, pero podrá estar solucionado en 2016, una vez que se concluya el tren de alta velocidad entre Río y SÆo Paulo, cuyas obras aún no han comenzado y que tendrá paradas en los principales aeropuertos.

El alcalde de Río, Eduardo Paes, ha insistido en que estos proyectos coinciden con las necesidades de desarrollo de la ciudad y que se hará hincapié en el cambio del modelo de locomoción, reduciendo el uso del automóvil, puesto que se desea acabar con los atascos a la vez que se “limpia” la ciudad de gases contaminantes.

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Aspecto que tendrá la Marina da Gloria, en Río de Janeiro, en 2016.

TRATAMIENTO DEL AGUA

La descontaminación de las degradadas bahías, lagunas y ríos será otro de los grandes desafíos de esta ciudad que vive de cara al mar y que se precia de poseer algunas de las playas más famosas y bellas del mundo, ahora amenazadas por la polución. El Gobierno prevé gastar 4.000 millones de dólares para limpiar 41 ríos, arroyos y canales, construir seis plantas de tratamiento de aguas y retirar la basura y los deshechos que se acumulan en muchas áreas de aguas oscuras, grasientas y fétidas.

Tan solo en la cuenca de Jacarepaguá, en el sistema de lagunas vecino a la futura Villa Olímpica, se drenarán 543.186 metros cuadrados de vías fluviales, se canalizarán 91 kilómetros de ríos, se desalinizarán varias lagunas y se retirarán dos millones de metros cuadrados de residuos de todo tipo.

En la bahía de Guanabara, escenario de las pruebas de vela y que baña a 16 municipios vecinos con un total de 11,3 millones de habitantes, se construirán “eco-barreras” para retener la basura sólida antes de que llegue al cauce principal.

Además, se drenarán varios de los canales más degradados y se realizarán programas para mejorar la red de alcantarillado en muchas barriadas pobres, que actualmente vierten sus aguas fecales a los ríos sin tratamiento alguno.

La planta de tratamiento de aguas fecales de Caju, inaugurada este año, doblará su actual capacidad de filtrado, hasta 432 millones de litros al día, con lo cual las autoridades esperan mejorar la calidad de las aguas que bañan a Río de Janeiro.

Además, se replantarán 2.800 hectáreas de bosque para mejorar la calidad del aire y recuperar bosques protegidos como el de Tijuca y el macizo de Pedra Branca, que han sufrido el avance incontrolado de las favelas.

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Vista aérea de Río de Janeiro, la “Cidade Maravilhosa”.