Siempre hay una primera vez
Julián Monzón
Una verdadera fiesta se vivió en Ángel Gallardo en la tarde de ayer. Se calcula que una cifra cercana a las 1.700 personas presenciaron la gran final de Clausura. Destacable el gran número de simpatizantes que desde San Justo tiñó de rojiblanco la tribuna visitante. Enfrente en la de los locales, todo de rojinegro. Pero no era un clásico Colón-Unión. Era la definición del campeonato, era la oportunidad de repetir el logro del Apertura para el conjunto de San Justo o era la gloria para los seguidores de Newell’s.
El conjunto de la V negra hizo historia dando la vuelta olímpica. Con un comportamiento especial. Es cierto, el partido estuvo detenido algunos minutos en el segundo tiempo. El alambrado cedió y Manuel Sánchez pidió garantías a la policía. Pero una vez que el pitazo final del árbitro desató el festejo no hubo invasión. Fueron los jugadores los que festejaron con la vuelta olímpica, como corresponde. La gran mayoría siguió aplaudiendo y coreando el dale Newell’s Old Boys o el dale campeón.
Enfrente, alguien tiró una piedra que cayó cerca de Borda, cuando el partido estaba en juego. El árbitro la alzó y advirtió: “No sé de dónde vino, pero creo que de la tribuna de ustedes”, le advirtió a un dirigente de Colón.
Luego hizo gestos a la hinchada muy evidentes, dando a entender que una más y suspendía el partido. Desde entonces, el comportamiento fue correcto por parte de la parcialidad de San Justo, que terminó con la cabeza gacha y el alma herida, pero aplaudió al campeón y emprendió su retirada, asumiendo la derrota como corresponde.
Voces de campeones
“Venía duro el partido y el gol de Paiva lo abrió. En el segundo tiempo, se dieron muchos espacios y a partir de ahí pudimos definirlo. Yo creo que el equipo jugó muy bien y gracias a eso sacamos la final adelante”, dijo Jairo Sanabria.
“Tuvimos un dignísimo rival, en el primer tiempo nos complicaron por arriba, hasta que le encontramos el juego. Pudimos encontrar el gol y ahí pudimos manejar el partido. En el entretiempo, hablamos de que se nos podían presentar los espacios y si lográbamos hacer eso, íbamos a encontrar el juego. Fue así con tranquilidad, con paciencia, con rotación de pelota, explotó Jairo y demostraron estos muchachos que estaban a la altura de lo que se jugaba”, admitió Hugo Servín, el técnico.
“Yo no creo en revanchas. Si la gente en algún momento me insultó, yo tuve que darme cuenta de que tenía con qué sacar las cosas adelante. En un momento del año, éramos tres entrenando. A mí me hablaron de un montón de lugares y yo no quise, porque tenía ganas de salir a adelante y gracias a Dios salió”, dijo Leandro Paiva, el goleador en el Clausura.




