Edición del Sábado 12 de diciembre de 2009

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Las lluvias apagaron el incendio - Edición Impresa - Campolitoral

opinión

Las lluvias apagaron el incendio

Eloy Rodríguez

La falta de precipitaciones ocasionó una sequía devastadora cuya arista mas dificultosa desató un serio conflicto santafesino (tostadense)-santiagueño por el incumplimiento de lo pactado en setiembre de 1996 de dejar escurrir 3 m3. de agua por segundo en el dique de Colonia Dora, en beneficio de Tostado para destino de consumo humano y de actividades agropecuarias. Pero entre providencias, coincidencias y contradicciones, aquellas precipitaciones ausentes, que comenzaban a crispar el ánimo de la ciudadanía de Tostado, aparecieron en el momento justo y apagaron la llama que amenazaba extenderse a las negociaciones políticas entre Santa Fe y Santiago del Estero, transacciones con tiempos muy diferentes a las necesidades de la gente que reside aguas abajo.

La naturaleza ofreció la solución precaria al conflicto sobre la servidumbre del Río Salado. En Tostado llovieron 205 mm. en el período comprendido entre el 24 y 30 de noviembre de 2009, más las intensas precipitaciones en las altas cumbres de dicho curso y las acaecidas en Santiago del Estero.

El agua alcanzó, coyunturalmente, para el riego por inundación santiagueño, para reverdecer los pastos, para permitir pacer y beber al ganado, para destino agropecuario y fundamentalmente para permitir el agua para consumo humano.

De no ocurrir estas benditas lluvias, lo acordado entre los gobiernos de Santa Fe y Santiago del Estero, el 24 de noviembre ppdo., para que este último libere el caudal del Salado en el dique de Colonia Dora, todavía no tendría el resultado concreto, ya que Tostado debe esperar casi 30 días para que llegue el agua.

La sequía está lejos de superarse. En lo que va del año 2009 llovieron 686 Mm., de los cuales 248 fueron en noviembre. Hasta octubre se registraron 338 Mm. con meses nulos como abril, mayo, junio y agosto, (25 Mm. en julio), y continúa el excesivo déficit hídrico, acumulado desde 2004. El agua lavó el suelo, se evaporó por las altas temperaturas y no percoló hacia los perfiles más profundos.

Santa Fe debe exigir lo que le corresponde por ser integrante de la Cuenca del Río Salado, evitando la desconfianza que provocan los aforos sobre el paso del agua. Por esta vez, providencialmente, las lluvias disimularon demoras y crispaciones.



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