Los 40 años del Túnel Subfluvial
La celebración de los 40 años del túnel subfluvial Sylvestre Begnis-Urganga es un hecho trascendente. Por lo que la obra es y por lo que enseña a la gestión política de nuestros días, a la hora de soñar el desarrollo y realizar obras para alcanzarlo efectivamente.
El enlace vial rompió la hipótesis de conflicto con Brasil, que mantenía aislada a la Mesopotamia; marcó el primer hito del corredor bioceánico; promovió el comercio internacional que vehiculiza integración pacífica y unió a dos ciudades vecinas, hoy enlazadas por su intercambio universitario, profesional, de mercaderías o de turismo sobre un valle fluvial único en el mundo.
No hay manera de cuantificar la magnífica trascendencia de la obra, como tampoco hay excusas para eludir el objetivo de construir nuevos cruces sobre el Paraná. El titular de la Dirección Nacional de Vialidad ha reconocido que el paso subfluvial es obsoleto para cargas peligrosas y para el caudal de tránsito del futuro inmediato, por lo que confirmó la necesidad de un nuevo vínculo entre Santa Fe y Paraná.
Con la complementación de la autovía entre ambas capitales provinciales, incluyendo el nuevo puente sobre el Colastiné, la DNV está pagando en estos días una cuota de la larga deuda histórica del gobierno federal. La ausencia nacional fue la génesis de la decisión de las provincias para impulsar el túnel; pero el gobierno central también faltó a sus deberes cuando hubo que reconstruir la ruta tras la inundación del ‘82 y ‘83, o cuando los mandatarios provinciales avanzaron con la doble calzada entre La Guardia y Colastiné.
Más aún, el tramo de la RN 168 de Santa Fe a La Guardia, que la Nación hizo en los ‘70, debía tener más puentes aliviadores según los proyectos originales; la ruta cedió al embate del agua porque la obra no estaba hecha según aquellos cálculos; la ciudad pagó -como el puente colgante- con efectos devastadores.
Intendentes, gobernadores y legisladores nacionales, junto a las organizaciones de la sociedad civil de ambas orillas, han comenzado a interpretar el mandato histórico por un nuevo enlace vial e incluso ferroviario. El túnel demuestra que se puede hacer; la Nación está obligada a aportar lo que le corresponde y no hay excusa partidaria o jurisdiccional que justifique postergar el emprendimiento.
La vida de quienes todos los días transitan la ruta está en juego; el desarrollo se ahoga si mercaderías y servicios no llegan allí donde hay demanda. El túnel deja como herencia el ejemplo de lo que se puede hacer cuando hay visión estratégica y voluntad política; mientras enseña el camino, sigue prestando los servicios que explican la pasión que sus impulsores y desarrolladores pusieron en esta obra, que hoy sigue siendo única en el país.




