llegan cartas

Carta abierta a la sociedad santafesina

 

Profesores del Departamento de Química - Escuela Técnica

Ntra. Sra. de Lourdes. DNI. 20.699.832. Santa Fe

Señores directores: técnico químico Antonio César Flores, un policía, un ex alumno, un amigo.

Hoy, como hace un poco más de dos años, queremos compartir con la sociedad santafesina nuestro inmenso pesar. En aquel momento fue la muerte de Mario Laracca y ahora es la del oficial principal Antonio César Flores. Ambos ex alumnos de la Escuela de Enseñanza Técnica Particular Incorporada 8122 Ntra. Sra. de Lourdes; ambos Técnicos Químicos.

Cuando todavía lloramos a Mario y esperamos el accionar de la Justicia de los hombres, nos despertamos el domingo 13 de diciembre con la noticia del deceso del Negro a manos de un joven de 15 años de edad.

Los profesores que peinamos canas lo recordamos junto a su hermano mellizo, el otro Negro, haciendo las travesuras propias de la adolescencia, que nos enojaba, pero el enojo se disolvía prontamente porque él se encargaba de borrarlo con su bonhomía y su don de buena persona y buen compañero.

Al poco tiempo de egresar, entró a la Policía de nuestra provincia; luego formó una familia con su esposa y dos hijos.

Antonio tenía un proyecto de vida y el mismo contemplaba la seguridad pública.

Hoy ya no está. Sabemos que la muerte es parte de la vida; pero no lo son las muertes violentas. Nos cuesta aceptar las circunstancias de su desaparición física y, también, nos cuesta aceptar que un adolescente que debería estar gozando sanamente de las vacaciones escolares o estudiando para rendir en el resguardo de su hogar, salga a robar y asesinar.

¿Qué está pasando en nuestra ciudad? ¿Por qué la violencia se apoderó de nuestros barrios, otrora tranquilos y seguros?

Señores gobernantes: la inseguridad no es una sensación. Existe y nos quita lo más sagrado de la creación: la vida humana.

Por este medio, los instamos a ustedes y a toda la sociedad santafesina a trabajar por la seguridad desde el lugar que nos corresponde a cada uno.

Y como dijimos en oportunidad de despedir a Mario, ojalá que el dolor que hoy nos embarga y embarga a tantos otros que padecieron hechos similares, se transforme en luz de inspiración divina para diseñar estrategias que nos permitan recuperar los valores y con ellos la ciudad tranquila y segura que alguna vez supimos tener.