Mesa de café

Conservadores y socialistas

 

Erdosain

—Estoy decepcionado con los socialistas -dice Marcial, que acaba de llegar y, a juzgar por la expresión de su rostro, su humor está muy lejos de ser bueno.

—Veo que los radicales nos salvamos -interviene Abel tratando de suavizar el clima.

—Los radicales me tienen harto desde siempre -responde Marcial.

—Desde 1912 -le digo-, desde que se aplicó la Ley Sáenz Peña y los conservadores, jamás pudieron volver al poder en elecciones limpias.

—Los conservadores hemos vuelto al poder en la provincia con Reutemann y cuando se descuiden, de su mano vamos a volver en el país.

—Espero que no lo hagan en nombre del peronismo -puntualiza José.

—Justamente lo vamos a hacer en nombre del peronismo -responde Marcial- ... el peronismo pone el pueblo y los conservadores las ideas.

—Si es por Reutemann, muchas ideas no le conozco -señala Abel.

—Reutemann no habla, pero hace -contesta Marcial.

—Es como Perón -dice José riéndose-, mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar.

—Más o menos, más o menos -dice Marcial no muy convencido.

—Vos estarás harto de los socialistas -dispara Abel, dirigiéndose a Marcial-, pero yo estoy harto de los peronistas y de los corredores de autos devenidos en políticos.

—De lo que yo estoy harto -contesta Marcial- es de las malas administraciones, de los impuestos abusivos.

—Por el contrario, yo estoy harto de una derecha necia y mezquina, que se desentiende de sus responsabilidades sociales. Que sólo se preocupa por la educación de sus hijos, de la seguridad de sus familias y nada más -subraya Abel.

—Ustedes deberían hacerse cargo -observa Marcial- de que en la Cámara de Senadores son una cómoda minoría y que para promover ciertas leyes necesitan del acuerdo con el peronismo.

—Si el acuerdo consiste en privatizar como lo hicieron ustedes o en descontarle el 13 por ciento a los trabajadores, prefiero seguir discutiendo -contesta Abel.

—Tan malo no debe haber sido el gobierno del Lole -insiste Marcial-, cuando después de haber gobernado dos veces sigue siendo el político con más votos en la provincia y el político con más posibilidades de ser candidato a presidente en el 2011.

—Votos tiene -dice Abel-, lo que no tiene son ideas. Hasta ahora no lo he escuchado decir nada interesante. El otro día, un amigo me dijo que su participación en la actividad parlamentaria es nula.

—Ustedes lo subestiman y así les va -enfatiza Marcial-; ustedes creen que los académicos deben hacer política y no se dan cuenta de que los académicos suelen ser buenos para formular ideas, pero son pésimos políticos.

—Si seguís por esa línea -le dice José riéndose-, dentro de un rato vas a terminar cantando “alpargatas sí, libros no”.

—Los peronistas no se han hecho conservadores -reflexiona Abel-; los conservadores como Marcial o Reutemann se han hecho peronistas, y lo peor de todo es que no se han dado cuenta.

—Reutemann no sabrá hablar lindo -dice Marcial-, pero es un hombre formado en los valores republicanos, un demócrata de los de antes, que cree en la austeridad, la decencia y la cultura del trabajo.

—¿Si cree en todas esas cosas -digo yo-, qué hace en el peronismo?

—Los verdaderos conservadores siempre hemos sido populares -señala Marcial-, el hombre del pueblo es conservador por excelencia; no le gustan las disquisiciones de los intelectuales; por el contrario apuesta a favor de la tradición, al mantenimiento de las costumbres, a la aceptación del orden. Reutemann está en esa línea: conservadora, republicana y democrática.

—No comparto -dice Abel.