Al margen de la crónica
Y no era inmutable
Todos aquellos que hayan pasado por una buena lección de Biología saben que para determinar el sexo de un bebé o de ciertas crías depende de cómo se crucen los cromosomas. Las mujeres y las hembras de muchas especies de animales tienen una configuración de dos cromosomas XX mientras que los hombres y los machos de varias especies tienen la configuración XY en su par 23. De acuerdo con las posibilidades, casi 50 por ciento, se generarán gametos XX o XY para continuar las especies. Es decir, que la facultad de definir si quienes nacen son hombres o mujeres, dependen del hombre o del macho ya que en él residen las opciones cromosómicas no así en las mujeres. Brutalmente expuesto, esto es un somero trazo sobre la teoría de la herencia.
La lectura de la información científica nos aporta datos que siempre nos llevan al límite del asombro como lo es la última publicación de la revista Nature en la que se señala que el cromosoma Y de los mamíferos ha evolucionado hasta el punto de sufrir cambios considerables en las últimas épocas de la evolución. ¿Qué quiere decir esto? Según lo detectado por un equipo de investigación del Instituto Whitehead, Cambridge, ha secuenciado el cromosoma Y de los chimpancés machos y lo ha comparado con la correspondiente secuencia del Y humano y la conclusión de la investigación es que las dos secuencias de cromosomas son radicalmente diferentes en su estructura y en su contenido genético, lo que indica una rápida evolución en los últimos 6 millones de años. Los autores del estudio especulan con la posibilidad de que a la divergencia observada hayan contribuido la sinergia de distintos factores, desde la producción de esperma hasta el comportamiento de especies específicas en la búsqueda de la pareja. Lo más llamativo es que la investigación entra en contradicción con la idea consolidada de que el cromosoma Y es una estructura muy estable que evoluciona muy lentamente debido a pérdidas genéticas, frente a la conclusión de este estudio según el cual la renovación domina en la evolución de los cromosomas Y de humanos y chimpancés.
En síntesis, los hombres están cambiando. Y mucho. Hace unos días en esta misma columna se revisaban algunos aspectos: Los señores (...) ya no regalan flores, ahora les compran celulares; llevan aros o piercings -o ambos-; eligen pulseras, se hacen tatuajes, se tiñen el pelo, dejan a su pareja por una mujer más joven a la que luego reemplazan por otra más joven aún, recurren al bisturí para parecer tan jóvenes como sus parejas jóvenes; ajustan jeans para exhibir provocativos traseros. Cambiaron el jabón por cremas de limpieza; ahora duermen engrasados y oliendo a perfume importado; usan gel en lugar de gomina. Lejos de copiar la seducción de Clark Gable, Cary Grant, Alain Delon o Sean Connery, a los muchachos de hoy se miran en el espejo de Ricky Fort.
Habrá que reconocer que la autora de estas observaciones parecen demostrar que lo que la ciencia descubrió en el mundo celular, tiene su correlato en la zoncera cotidiana. Eso sí: faltan hombres, aquellos hombres.




