llegan cartas

Convivencia y ruidos molestos en la Costanera

 

Ercilio José Marcos Rudi

D.N.I: 6.259.695.

Señores directores: Envío esta carta pública a la consideración del señor intendente. Entiendo que todos los santafesinos debemos anhelar el éxito de la gestión de los intendentes que se suceden en el gobierno de la ciudad y en la administración de los fondos que aportamos los contribuyentes, pues de su acierto o fracaso dependemos los pobladores.

Esta página, abierta a la expresión ciudadana, registra de modo documental la opinión de los vecinos, y en tal sentido me expreso, en la esperanza de que sean útiles a la eficiencia de su gestión.

Me referiré a ruidos molestos en Av. Siete Jefes, tema que ha sido denunciado repetidamente por numerosos habitantes del lugar que, como en mi caso, no podemos conciliar el sueño nocturno, por el batifondo estrepitoso que emana de vehículos equipados con parlantes de potencia extrema, fácil e indubitablemente identificables por quienes no sufran de hipoacusia profunda o miren ex profeso para otro lado. Se llega a la desmesura de transportar los parlantes en un remolque, cuya resonancia hace trepidar los ventanales.

La ordenanza municipal es taxativa respecto de la prohibición de boliches, talleres, etcétera, en la zona, habida cuenta de su carácter residencial. No se entiende, entonces, la falta de actuación firme y continua para erradicar esta insana costumbre que va in-crescendo, por falta del pertinente control y de las consecuentes actuaciones disciplinantes que fueren menester.

La disciplina es indispensable para mantener el orden y habilitar la convivencia pacífica. Los ciudadanos debemos convivir con arreglo a derecho, y el derecho de uno termina cuando invade el de otros. Siempre habrá una zona de transición, puesto que las cosas no son blancas o negras; pero en este caso es muy simple apreciar que si no son negras, tienen un subido tono de gris pizarra.

Respecto de este mismo asunto: “ruidos abominables” y las acertadas limitaciones impuestas a quienes pagarían impuestos por lucrar con ello, ¿por qué ahora el gobierno utiliza el paseo costanero más emblemático de la ciudad para celebrar eventos multitudinarios, cortando la circulación vehicular de esa arteria vital de conexión norte-sur y atosigando a la vecindad con sus desmesurados decibeles y con las inmundicias y vandalismo consecuente? ¿Acaso no contamos con estadios, anfiteatro y salas apropiadas? ¿Acaso no está probado que los ruidos son nocivos para la salud, aun peor cuando se acomete con ellos en horas de descanso nocturno? ¿Se tiene idea cabal de la agresividad con que estas vibraciones sonoras violentas torturan a quienes debemos soportarlas? ¿Cuál será el límite admisible de la tolerancia, la paciencia, la mansedumbre y la cordura ante tanta locura deliberada persistente? ¿Para qué una ordenanza regulatoria de la zonificación y horario de funcionamiento de locales ruidosos? ¿Acaso entre los roles del gobierno se excluye predicar con el ejemplo?

No se me ocurren razones de valor para justificar estas desmesuras.

¿Acaso por estar de moda, tendremos que organizar piquetes para ver atendidos nuestros reclamos?