Editorial
Venezuela cada día más tensa
En los últimos días, el presidente Hugo Chávez se ha prodigado en declaraciones, controvertidas algunas y disparatadas las otras. La victoria del líder conservador chileno Sebastián Piñera le produjo previsible desagrado por lo que, vulnerando principios básicos de la diplomacia internacional, no vaciló en pontificar que “no es conveniente que un país hermano esté gobernado por un multimillonario”. No terminaron allí las novedades. Pocos días después, y con motivo de la tragedia de Haití, no vaciló en responsabilizar al imperialismo yanqui no sólo por la presencia de los marines en Puerto Príncipe, sino -y esto es lo más sorprendente- porque, según su particular punto de vista, los imperialistas fueron los que propiciaron el devastador terremoto que provocó la muerte de 200.000 haitianos.
No conforme con ello, atacó al presidente de Colombia y se extendió con sus consabidas diatribas contra Israel. La catarata de invectivas, denuncias y agravios contra jefes de Estado llamaron la atención incluso de los propios chavistas, quienes si bien están acostumbrados a los desbordes verbales de su jefe, consideran que en las últimas semanas esos desplantes crecieron en número y agresividad.
La interpretación de los excesos del mandamás venezolano se relaciona con las crecientes dificultades de gobernabilidad que afronta, ahora agravadas por las renuncias del vicepresidente de la Nación; de su esposa, que se desempeñaba al frente del Ministerio de Medio Ambiente y del titular del Banco de Venezuela. En estos momentos, el país caribeño está atravesando una de las crisis económicas y sociales más graves de los últimos años. A los crecientes cortes de luz y la falta de agua potable, se ha sumado en la última semana el conflicto con los supermercadistas.
Fiel a su tradición populista, Chávez supone que el aumento de los precios no proviene de la fuerte devaluación de la moneda impuesta por él sino de la mala voluntad de los propietarios, de su voracidad económica, cuando no, de su afán conspirativo. Su respuesta, por tanto, ha sido intervenirlos y ponerle topes a los precios. Pero estas medidas a contrapelo de las leyes de la economía no solucionan nada, en tanto que el índice de inflación supera el 25 por ciento anual.
Mientras, los disturbios se reproducen en las principales ciudades de Venezuela y provienen de movilizaciones estudiantiles y populares contra la reciente decisión del gobierno de sacar del aire a RCTVI y otros pequeños canales de cable por desobedecer la obligación de transmitir en cadena.
En 2007, Chávez no había renovado la concesión de RCTVI que entonces transmitía con señal abierta. Con esta decisión, el mandatario arrasa la libertad de prensa en ese país. Esto explica el carácter beligerante de las movilizaciones, agravadas porque el oficialismo moviliza a sus seguidores, motivo por el cual en más de una ciudad se han entablado verdaderas batallas campales con su secuela de heridos y muertos.




