al margen de la crónica

¿Por qué se queja?

Es enero ¿qué esperaba?, ¿disfrutar de la pileta? ¿una noche cualquiera ir al cine a ver Avatar? ¡Error! Los que tienen el deber de pensar -entre otras cosas- en su bienestar, decidieron levantarle la adrenalina con el thriller “Asalto al Banco Central”. También lo forzaron a escuchar de “piedras en el camino” y “palos en la rueda”; justo a usted que pierde ruedas en las piedras que están donde había asfalto y termina a los palos con el mecánico por lo que pretende cobrarle por el arreglo del tren delantero de su auto. Pero, piense, ¿cómo se reactivaría la economía si los autos no se rompieran?, ¿qué sería de su mecánico?

Si no paga la luz en tiempo y forma se la cortan; pero, ¡tómelo con calma! porque aunque pague, la cortan igual. Sepa que aunque le dijeron que sí, las inversiones para sostener el crecimiento del consumo en los últimos años no se hicieron. Las empresas de energía están sobredimensionadas en burocracia y escasas de infraestructura. ¡Sea generoso amigo!: hay enganchados de toda clase social; los ricos y famosos necesitan de su aporte para seguir siéndolo y los carenciados para hacer funcionar sus artefactos sin límites ni controles.

¿Qué más le molesta? ¿Las picadas nocturnas y los decibeles altos? Véale el lado positivo: si no le jorobaran, estaría sordo. ¿No sabe cómo ni dónde estacionar su auto? El precio en las playas está por las nubes, pero la tarjeta de última generación es su pase al primer mundo. Aunque todavía los detalles finos para su funcionamiento no se han resuelto, con paciencia, puede entretenerse haciendo cola para conseguirla u olvidar por un tiempo el auto y buscar algún transporte alternativo.

Acá no hay subtes ni nada parecido pero tenemos colectivos y, por si no se percató, vea lo lindos que son; todos pintados de amarillo. Para los empresarios “federalizados” es muy conveniente porque pueden moverlos hacia otra provincia cuando la situación lo requiere. Vuelva a ser solidario y, si tiene que esperar cinco veces lo establecido en el cronograma, piense en sus semejantes: seguro que al colectivo que lo dejó plantado lo tomó un pasajero en Chaco.

Si es jubilado y pasa tiempo al sol esperando su turno de cobro, ¡abandone los berrinches!, ¿no le recomendó su médico no estar sentado tanto tiempo? ¿También lo pone furioso el aumento de los impuestos? ¡Pero si usted paga en proporción lo mismo que un suizo! Sus impuestos sirven, entre otras cosas, para que haya muchos hospitales abarrotados de insumos, con excelentes profesionales bien remunerados y para que sus hijos puedan elegir entre muchas escuelas que cumplan con el ciclo lectivo.

¿Tiene miedo?, ¿se siente inseguro? Es sólo eso: una sensación. No proteste más, anímese, camine a cualquier hora por la calle, deje su bicicleta a la sombra, vaya al banco tranquilo. Créalo: no hay empirismo que atienda sensaciones. Por eso, no va a encontrar personas golpeadas, asaltadas; no sabrá de casas robadas ni de gente estafada. Usted vive en Argentina, ¡no sea necio!, recapacite... ¿de qué se queja?