Cambalache
Gustavo J. Vittori
La novela de Martín Redrado quedará en los anales de la Historia Argentina como especial capítulo de la saga de los Kirchner en el poder.
Las interminables idas y vueltas que se produjeron a partir de una violación del procedimiento previsto en la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina para la remoción de su titular, han creado confusión en la ciudadanía y les ha provocado al Ejecutivo nacional un enorme e innecesario desgaste ante la opinión pública nacional e internacional.
Finalmente, la prudencia de la oposición política ha permitido que se subsane el originario error de procedimiento mediante la conformación posterior de la comisión bicameral que debió ser previa, para que provea el dictamen o consejo que, al no ser vinculante, le permitirá a Cristina Kirchner deshacerse de Redrado.
En rigor, todo el procedimiento de saneamiento por parte de la comisión está viciado en origen, ya que todos los pasos se dieron al revés. Pero a fin de que este dañoso intríngulis termine de una vez, todo están de acuerdo con disimular lo indisimulable. En consecuencia, cumplido ex post el acto formal del consejo que elevará el próximo martes la Bicameral a la presidenta, ésta dispondrá el relevo de Redrado.
Lo curioso, entre tanto, es que en los hechos, el presidente del BCRA ya ha sido echado, al punto de que se le ha prohibido la entrada al Banco, y otro titular, el Lic. Pesce, es quien da las órdenes acompañado por un directorio kirchnerista.
Frente a esa situación de hecho, Redrado manifestó en forma reiterada que seguía siendo presidente de la institución hasta tanto se expidiera la comisión bicameral, argumento que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y otras espadas de los Kirchner salieron a cruzar con declaraciones contundentes: “Redrado ya no es presidente del Banco”. Y por las dudas, lo calificaron de “estúpido”.
Ahora, ante la inminencia del pronunciamiento de la bicameral y la falta de plafond político, Redrado ha anunciado por fin su renuncia, pero los funcionarios que habían sostenido que ya no era el presidente del Banco, ahora dicen que el gobierno no le va a aceptar la renuncia. De los dichos, se desprende que para el gobierno que no lo reconocía en su cargo, al punto de cerrarle las puertas de la entidad, el actual titular del Banco es Martín Redrado. En consecuencia vale que nos preguntemos qué validez tienen los actos dispuestos -en sintonía con el gobierno- por el supuesto presidente Pesce.
En realidad, la negativa oficial a aceptarle la renuncia responde sólo a la voluntad de castigar públicamente al díscolo con un despido de tono humillante. Eso ocurrirá el martes próximo. Entre tanto, el cambalache institucional no tiene fin.




