AL MÁRGEN DE LA CRÓNICA
AL MÁRGEN DE LA CRÓNICA
El talento del usurero
Cuando los hechos anómalos se vuelven frecuentes, dejan de asombrar. Hoy, lo preocupante cohabita con lo desopilante y la realidad se parece a la bola plateada de los boliches bailables en la que, cientos de espejitos pegados uno al lado del otro, brillan según cómo les llega la luz e irradian destellos al ritmo del movimiento. Pero, aunque resplandezcan como diamantes, son sólo espejitos; iguales a los espejitos de colores que nos vienen vendiendo a los argentinos desde los tiempos de la colonización.
Pasó mucha agua debajo del puente desde que a los argentinos los escandalizaba que De la Rúa hiciera trabajar al jardinero de Olivos en su residencia particular, o que Menem se “apropiara” de una Ferrari regalada al Estado, o cuando Amira Yoma defendía con su cuerpo unas valijas repletas de dólares, y hasta la bolsa con dinero en el baño de Micelli parece un acontecimiento menor. El diputado Kirchner debe haber llevado en una valija, o en varias, los dos millones de caras de Washington desde la casa de cambio hasta la escribanía del sur del país, para cerrar la operación de su Alto Calafate, el hospedaje cuatro estrellas que construyó en el lugar de Cristina en el mundo. Los negocios hoteleros son la obsesión de los poderosos; es el caso de Moyano, que ya tiene su cuatro estrellas en Pinamar y proyecta otro en Punta del Este. Casi siempre, otros dichos y otros hechos se anexan al desencadenante y la “no sorpresa” se multiplica. Se conoció que Alto Calafate cobija a los pilotos y personal de Aerolíneas Argentinas, aunque no como gentileza. Por apenas $ 577 cada una, el personal de la flota ocupa todos los días 30 de las 103 habitaciones del complejo. ¿Será porque es más barato? No. Es más caro que el hotel cinco estrellas que tiene el lugar turístico. ¿Será conveniente por su ubicación? Tampoco. Los hay más cercanos al aeropuerto y éste queda a 14 kilómetros. ¿Será una condición de los pilotos? No. Ellos sólo exigen uno que tenga restaurante y que sea cómodo. Casualidad, causalidad, o sucede que, como decían las abuelas, “el dinero llama al dinero” y, con envidiable habilidad comercial, el ex presidente se aseguró tener ocupado todo el año un 30 % del complejo.
Pero, para espantar sospechas -o, nada más que para el espanto-, los buenos amigos del matrimonio que gobierna salieron en defensa de los negocios conyugales. Luis D’Elía afirmó que el dinero no lo hizo el actual diputado, sino su abuelo, que era usurero: “Acá hubo una realidad concreta, alguien que tiene mucha plata no desde ahora, aunque a mí me disguste; el abuelo de Kirchner era usurero y tenía plata, plata que acrecentó el papá y plata que tienen los Kirchner”, dijo.
Con un juicio tajante, que impresionó a un panel de duchos periodistas, Diana Conti justificó la riqueza de los K diciendo que, “para animarse a los factores poderosos hay que tener un patrimonio muy grande, hay que tener la vida ya hecha, saldada, saber que uno, tus hijos, tus nietos no te van a poder reprochar por tu actividad política peleándote con el establishment”.