Mano a mano con Luciana Aymar, una estrella en la Tierra

La vida de la mejor jugadora del mundo, en 30 minutos

En la charla con El Litoral habló de su infancia, su familia, sus comienzos en el hockey, su presente y su futuro deportivo. “El Mundial de este año será mi última competencia internacional”, reveló.

La vida de la mejor jugadora  del mundo, en 30 minutos

En el hall del hotel Holiday Inn, Aymar, la máxima figura del hockey del planeta, repasó su vida en diálogo con El Litoral.

Foto: Pablo Aguirre

 

 

 

Alberto Sánchez

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En esta oportunidad, no realizaré una introducción para presentar a Luciana Aymar (no hace falta tampoco, ¿no?), la protagonista de la entrevista que leerán. Sólo les anticipo que así como se suceden las preguntas y sus respuestas, se fue dando el diálogo; por eso prefiero decir que, más que entrevista, fue una charla.

—¿Te animás a hacer un balance de 2009?

—Fue positivo, porque los objetivos que me propuse los pude lograr. Por suerte, salimos campeonas con Geba en la Liga Metropolitana, algo muy importante para mi carrera deportiva; más que nada por el grupo, porque fue un año muy difícil, ya que se tuvo que remar mucho para lograrlo, el equipo no pudo contar con las jugadoras de la selección en casi todos los partidos, recién pudimos contar con todo el plantel en los play offs, pero las campeonas fueron más de 20 chicas, y al final fue uno de los campeonatos que Geba disfrutó más.

—¿Y con la selección?

—También, se cumplió el objetivo más grande, que es haber salido campeonas del Champions Trophy. Terminamos el año con buen ritmo gracias a los amistosos en Salta contra Inglaterra, ésa era la idea, ya que este año estará muy “cargado”, y como la mayor parte de enero no trabajamos, fue bueno para nosotras finalizar el año con un buen nivel competitivo.

—Hace un par de años viniste con las Leonas a jugar un amistoso para inaugurar el sintético santafesino. Ése no fue un buen año para vos, ya que la lesión en la rodilla te tuvo a maltraer, ¿te acordás?

—Sí, es que uno llega a una edad en la que empiezan a aparecer algunos “detalles”, (risas), todo lo que no sufriste de joven, empieza a molestarte ahora.

—¿Qué es eso de hablar de la edad?

—(Risas). Es que cuando tenía 20 años podía entrenar en doble turno y todavía me daban ganas de salir por la noche y levantarme a la mañana sin problemas, en cambio ahora ya no es lo mismo, me tengo que cuidar mucho más. En realidad, le pasa a todos los deportistas, que te duele la rodilla..., la cintura..., la espalda..., pero uno llega a tener tanta madurez encima, y tantas piedras y escollos sorteados, que todo lo vas sobrellevando, y un mínimo dolor al final no te perjudica tanto, sabés cómo llevarlo, ¿no te parece?

—¿Cómo te sentís cuando dicen que sos la Maradona del hockey?

—¡¡¡Bien!!! En realidad yo me crié y me formé con toda la idiosincrasia de Diego; para mí no existe otro jugador de fútbol como él, por su habilidad y su talento dentro de una cancha de fútbol, por eso es un placer que digan que dentro del hockey soy “la Maradona”.

—¿Coincidís en que Luciana Aymar para la selección de hockey con “Cachito” Vigil como técnico, es lo que fue Diego para la selección de fútbol campeona del mundo con Bilardo en el ‘86?

—Sí, totalmente. Creo que en esa selección, Bilardo sacó lo mejor de cada uno de sus jugadores, con Diego que estaba en su esplendor, en la cúspide de su carrera, y si bien era la figura, había un orden táctico para que pueda serlo. Por eso creo también que él solo no hubiera podido llevar a Argentina a la final, estaba acompañado de otros muy buenos jugadores que ayudaban a que Diego deslumbrara.

—¿Y en el hockey?

—En nuestro caso, “Cacho” se preocupaba mucho por la persona, por la parte humana de cada jugadora, y nos transmitió mucho la pasión, los valores, el esforzarse por algo, y todo eso no es que lo hizo sólo para que nos sirva en lo deportivo, también lo asimilamos para nuestras vidas. O sea, todos tenemos problemas y tratamos de superarlos, y el hockey me ayudó a llevar todo eso a la vida cotidiana, y “Cachito” fue sin dudas uno de mis mentores, porque quizás yo hubiese quedado en el talento y la habilidad nada más, y si te quedás con eso solamente, te pasan. Uno tiene que darse cuenta de que hay que esforzarse, dedicarse, tener perseverancia, y tenés que tener mucha pasión para seguir adelante, porque el barco navega, pero hay que remar para que las cosas sucedan. Para que lleguen las cosas que uno quiere, hay que trabajar duro, aun cuando te sobre talento y habilidad.

Alma de Selección

—Y ahora con Carlos Retegui, ¿cambió algo?

—Mirá, tuve la suerte de tener muchos entrenadores en mi carrera y obviamente no es lindo comparar, pero quieras o no, terminás haciéndolo. De todos, trato de rescatar lo más positivo, “Cacho” es hiperkinético, “Gaby” (Minadeo) mucho más tranquilo; ahora Carlos (Retegui) que por lo detallista se parece mucho a “Cachito”, quiere que el equipo siempre vaya para adelante. Cada cual tiene lo suyo, y por más que haya cosas que no me gusten, trato de rescatar lo positivo de cada uno de ellos. ¡Ojo!, que a ellos a lo mejor no les debe gustar algunas cosas mías, pero soy una persona que trata de adaptarse al entrenador de turno, y soy como una esponja, siempre trato de aprender.

—Todo depende de cada uno entonces, de cómo tomar la actividad, ¿no?

—Por supuesto. No porque sea “Lucha Aymar”, la mejor del mundo, como dicen que soy hoy, voy a cerrar las puertas a cosas nuevas, creo que siempre se aprende algo. Si no hubiese tenido ese pensamiento, me hubiera estancado, por más que sea una jugadora experimentada, madura, con seis premios como mejor jugadora del mundo, sigo teniendo mi mente abierta para seguir aprendiendo, para seguir formándome, y aparte en el nivel internacional, no te podés quedar con lo que sabés en cuanto a habilidad y desequilibrio, hay que estudiar nuevas tácticas y renovar estrategias.

—El año pasado “Cachito”


Trayectoria y logros

Con 21 años, la primera competencia de Luciana Aymar con la Selección Argentina fue el mundial junior de Ultrech (Holanda). Ganó tres medallas olímpicas: plata en Sydney 2000; bronce en Atenas 2004 y en Beijing 2008. También se consagró campeona del mundo en el Mundial de Perth (Australia), en 2002. Y tres veces obtuvo el Champions Trophy: en 2001, en 2008 y en 2009 (ya como capitana).

Además, a nivel clubes se consagró en diversas oportunidades: con el Rot Weiss Köln se llevó la Liga Alemana en 1998, con Real Club de Polo de Barcelona ganó la Liga Española y la Copa de la Reina de 2004, con Jockey Club de Rosario consiguió el Nacional A de clubes en 2004 y, con su club actual, Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, se llevó el Torneo Metropolitano y la Liga Nacional, en 2008 y en 2009.

Fue elegida la mejor jugadora del mundo por la Federación Internacional en seis oportunidades: 2001, 2004, 2005, 2007, 2008 y 2009. Y considerada “Leyenda del Hockey”, por la misma FIH. En Argentina, fue premiada (con la Selección) por el Círculo de Periodistas Deportivos con el Olimpia de Oro 2002; mientras que en 2005 obtuvo el de plata. En 2007, Clarín le otorgó el Premio Consagración en Hockey sobre césped y en 2008 ganó el Premio Jorge Newbery como la mejor del hockey de Buenos Aires.

Aymar fue considerada en 2009, junto con la holandesa Naomi Van As, como la mejor jugadora del mundo de hockey sobre césped, según una votación organizada por la Federación Internacional. La rosarina y la holandesa Van As obtuvieron la misma cantidad de votos y por eso el premio fue compartido por primera vez desde que se entrega (1998). Aymar es la capitana del seleccionado argentino que el año pasado ganó el Champions Trophy, la competencia más importante del calendario internacional de la temporada anterior.

 

estuvo en Santa Fe brindando una charla que si bien la basó en su experiencia con Las Leonas, no tuvo como tema base al hockey, para mí fue una lección de vida, como opinaron muchos de los presentes. En esa charla, él dijo que muchos lo tildan de obsesivo, pero él dice que no lo es, que es un apasionado...

—Sí, pero en realidad hasta nosotras lo hemos tratado de obsesivo. Muchas veces bromeamos con eso porque se pasaba horas mirando videos. Mientras nosotras dormíamos, él se pasaba la noche sin dormir mirando partidos de hockey. Por ejemplo, podía mirar un partido de Holanda 25.000 veces. Pero te aseguro que al otro día teníamos sabida la táctica holandesa. Él nos decía: “Tal jugadora hace esto, esto y esto”. Entonces cada una de nosotras sabía lo que hacía cada rival, te marcaba adónde tenías que ponerte, cómo y qué hacer en cada jugada, ya sea a favor o en contra, o sea, tenías todas las armas para entrar a la cancha, es un entrenador distinto, indudablemente.

—¿Y vos también sos una apasionada?

—¿En hockey? Sí, por supuesto, soy una apasionada también (risas), soy muy parecida a “Cachito”. De cada jugadora que voy a enfrentar sé cómo juega, cuáles son sus hábitos dentro de la cancha, sus defectos, sus virtudes, para saber cómo eludirla y cómo quitarle la bocha. Es la única manera de superarse, además de lo que sabés hacer, conocer aspectos del juego de tus rivales. Ésa es mi forma de ser, por ahí hay otras jugadoras que no lo hacen, que son más distendidas, o simplemente toman el hockey de otra manera, quizás esperan más la información del entrenador, a mí me interesa buscarla antes.

Viaje al pasado

—Cuando empezaste a jugar hockey, ¿pensabas que ibas a llegar a lo que llegaste?

—No, para nada. La verdad que tuve mucha suerte. Por supuesto que tenía sueños, por ejemplo de jugar un mundial con la camiseta de la selección y hacer un gol en la final, o también jugar los Juegos Olímpicos, obtener una medalla junto a otros deportistas que para mí siempre fueron ídolos. Por suerte las cosas se fueron dando mucho mejor de lo que esperaba, pero como siempre digo: las cosas no se esperan, se trabaja para lograrlas. Todos los deportistas que hemos conseguido llegar al éxito en lo que hacemos, es por el sacrificio y el esfuerzo personal que se pone para alcanzarlo.

—Yo pienso que ahora, para una chica, es más fácil decidirse por ser jugadora de hockey, todo gracias a Las Leonas. En tu caso, ¿por qué elegiste este deporte?, porque cuando empezaste no existía la fiebre de Las Leonas.

—La verdad que no sé (risas). Yo la seguía a mi hermana mayor, deporte que hacía ella, deporte que hacía yo. Igualmente yo tenía una personalidad diferente, era mucho más hiperkinética, practicaba todas las disciplinas que había en el club. En ese momento, por lo menos en Rosario, se vivía mucho más la vida en un club, me pasaba el día allí, además mi familia me inculcaba mucho la práctica de deportes y nunca me privaron de hacerlo. A mi mamá la volvía loca pidiéndole que me lleve a danza, a patín, natación, tenis, y nunca me dijo que no, me llevaba de un lado a otro, es una filosofía de vida. Y con el hockey justo se dio que había un grupo de chicas apasionadas que jugaban en ojotas (risas) en el club Fisherton. Pero la verdad es que éramos muy, pero muy apasionadas, porque entrenábamos en una lonja de pasto que era deprimente, pero yo entrené años en ese lugar. Tenía 15 años y ya entrenaba con las chicas de primera, me acuerdo que siempre peleábamos para no descender, era un caos, pero nos apasionaba el hockey y le dábamos para adelante.

—Además, así se empiezan a formar amistades.

—Así es. Después fui atrayendo muchas amigas, que practicaban otro deporte, o algunas que iban al colegio conmigo. Las invitaba a venir al club y de a poquito fuimos armando un grupo más grande. En realidad me gustaba el hockey, pero también porque la pasaba rebién con mis amigas de la infancia y de la adolescencia, nos divertíamos mucho.

—Si cerrás los ojos y repasás tu vida, hasta hoy, ¿a quién o quiénes le estás profundamente agradecida por todo lo que pasó en tu vida?

—Es muy complicado responder eso, ya, porque la verdad que la lista de personas es muy grande, pero principalmente agradezco a mi familia... (se nota emoción en su rostro). Creo que es la respuesta que la mayoría daría, porque siempre están ahí, ¿no? En mi caso siempre fueron incondicionales, desde lo económico, cuando empecé a jugar al hockey, hasta lo afectivo, que considero fundamental. Cuando tuve momentos muy duros en mi carrera, a tal punto de querer abandonar, me dijeron: “No Lucha, seguí, estamos con vos”.

—¿Cuándo fue eso?

—Hace muchos años, cuando era muy joven y tenía que viajar sola de Rosario a Buenos Aires para los entrenamientos en el Cenard con la Selección, por ejemplo. Pero aparte hubo un montón de cosas complicadas en mi carrera y en mi vida en las que ellos siempre estuvieron a mi lado. Mi mamá siempre trató de estar al lado mío en cada torneo, en cualquier lugar del mundo. Tampoco puedo olvidarme de mi hermana, que también juega al hockey, que me acompañó durante muchos años y siempre me ha brindado su apoyo.

—¿Y fuera de tu familia?

—¡¡¡Huy...!!! Amigas, entrenadores, varios clubes, los que hicieron muchos esfuerzos para que yo pueda seguir jugando en Argentina, la verdad que no puedo nombrar a todos porque la lista de gente que me ha ayudado en mi carrera es muy larga.

—La última Lucha, la divido en dos partes. Primero, ¿sentís que el hockey te quitó algo de tu vida?, y segundo, ¿sentís que le quedaste debiendo algo al hockey?

—No es que el hockey me haya quitado algo, pienso que para todo, hasta para la vida misma, uno toma decisiones. Yo tomé decisiones en mi vida que ha sido muy duro tomarlas, como por ejemplo no estar en el casamiento de civil de mi hermano por ejemplo, por estar jugando un torneo representando a Argentina. Pero fue mi hermano el que me dio el último empujoncito al decirme: “No Lucha, andá al torneo y cuando termines vení”. Pero son decisiones que uno va tomando, que a la vez te van formando, es como te decía antes, podés tener talento, pero las decisiones que tomás son las que hacen que seas diferente o no, sin esperar que las cosas te lleguen, afrontando y aguantando lo que te puedas perder por algo que realmente te gusta.

—Y de las que no te arrepentís para nada...

—No... Si no hubiese elegido hacer otra cosa, y hubiese sido otra persona. Las decisiones hay que tomarlas y aunque te equivoqués, tenés que seguir adelante, peor hubiera sido si no hubieses hecho nada.

—Te falta responder la segunda parte de la pregunta.

—¿Que yo le quedé debiendo algo al hockey?, no nada. Desde que empecé a jugar di mi vida por este deporte, pero porque siempre me gustó, y me gusta hacerlo, no lo digo reprochándole algo al hockey, me encanta, lo disfruto, y trato de dar lo mejor de mí en cada partido. Por supuesto que hay veces que se puede y hay veces que no, por una cuestión anímica, que me parece normal que así sea, por un razón humana, ¿no?

La vida de la mejor jugadora  del mundo, en 30 minutos

Magia. Luciana en acción: como casi siempre, dejando sin chances a los intentos defensivos adversarios.

Foto: Archivo El Litoral