EDITORIAL

Se enrarece la relación entre EE.UU. y China

Estados Unidos deberá perfilar en un tiempo relativamente breve su relación con China. O admite que se trata de una gran potencia económica y acepta las consiguientes reglas del juego, o privilegia el aspecto ideológico e impugna al régimen comunista y su sistemática violación de los derechos humanos.

Como en política, y muy en particular en política internacional, los colores blancos y negros no existen en estado puro, es factible que durante un tiempo se puedan compatibilizar ambas posiciones, pero es muy probable que el dilema vaya tomando volumen con el paso del tiempo y el exponencial crecimiento de una China extraordinariamente competitiva a partir de su híbrido formato político y económico.

Hoy, las relaciones entre ambas potencias han ingresado en un ciclo de turbulencias. Si bien desde el punto de vista económico lo que predomina es el realismo más descarnado, desde el punto de vista político la situación no es muy clara y, en las últimas semanas, se ha enturbiado aún más.

La venta de armas de Estados Unidos a Taiwán fue considerada por la diplomacia china como un agravio. Desde hace años, los comunistas chinos alientan la incorporación plena de Taiwán. La decisión norteamericana de venderle armas a la isla es considerada por los comunistas chinos como un retroceso en la relación bilateral.

También ha sido evaluada como una incalificable intromisión en los asuntos internos de China la recepción oficial que la Casa Blanca hará al Dalai Lama. Para los comunistas chinos se trata -nada más y nada menos- que de la legalización de un terrorista internacional.

El Dalai Lama es la máxima autoridad religiosa y política del Tíbet, un territorio vecino a China e invadido en su momento por Mao Tse-Tung. Este jefe religioso goza de un gran predicamento moral en el mundo, motivo por el cual hace unos años se le otorgó el Premio Nobel de la Paz. En este contexto, a EE.UU. se le hace muy difícil desconocerlo, en tanto que a China le resulta imposible modificar su impugnación.

Por último, la empresa Google ha hecho una denuncia pública por los ciberataques provenientes de China, causados por la existencia de páginas web que manifiestan críticas al régimen.

Si bien Obama mantuvo en un principio excelentes relaciones diplomáticas con China, ahora da la impresión de que se ha ingresado en una zona de conflictos de dudosa resolución. Estados Unidos no pude ignorar la presencia de China en el mundo, a tal punto que un sector importante de factores de poder interno reclaman que se dejen de lado las cuestiones ideológicas, en tanto otros se niegan a aceptar este realismo cínico y sostienen que, si quiere seguir siendo una gran potencia rectora, EE.UU. no puede mirar para otro lado.