Por cultura, pague lo que quiera

Janine Albrecht

Deutsche Welle

La mujer echa un vistazo a su monedero. Después, mira a la cajera y le pregunta: “¿Está bien si pago quince euros?” La cajera asiente con la cabeza e imprime una entrada en segunda fila para la siguiente representación de “Nathan der Weise” (“Nathan el sabio”).

En condiciones normales, el billete hubiese costado 32 euros. Pero hoy son los espectadores los que establecen el precio de las entradas en el Teatro Thalia de Hamburgo. La mayoría parece no tener muy claro cuál debe ser el precio a pagar por la función.

“A la gente le resulta extraño, por no decir incómodo, que les dejemos en sus manos la decisión de fijar el precio de las entradas”, explica Ludwig von Otting, el gerente del teatro.

De hecho, lo de menos en esta ocasión es la recaudación. Lo importante es que los espectadores reflexionen acerca del valor de la cultura, además de sensibilizarlos sobre la cuestión de las subvenciones.

El Teatro Thalia recibe cada año 17 millones de euros procedentes del gobierno regional. “Es decir, cada ciudadano de Hamburgo paga por el teatro tres céntimos de euro diarios”, explica el director, Joachim Lux. Lo que no es una cantidad desorbitada.

Sin embargo, cuando la discusión se centra en los impuestos y en cómo se gasta el dinero de los ciudadanos, a menudo se olvida que gracias a esos impuestos se pueden sostener instituciones como el Thalia.

A Lux le viene a la cabeza un ejemplo de Dinamarca. “Allí nadie dice: “trabajo medio año sólo para el Estado’. La gente prefiere plantearse la cuestión desde un punto de vista positivo: “A partir del mes de agosto trabajaré para la construcción de la escuela de primaria, en septiembre lo haré para la restauración de la plaza del mercado y en octubre para la conservación de las calles’. De esa manera, todo toma un sentido completamente distinto”, afirma Lux.

La gente debe ser consciente de por qué paga impuestos. Como remarca Lux, las subvenciones ayudan a preservar la calidad de las obras y la independencia artística.

Para el director, el experimento supone también someterse a una especie de voto de confianza por parte del público. “Si los ciudadanos no consideran valioso nuestro programa, si no acuden al teatro, entonces nada tiene sentido”, explica. A la función de esta noche han acudido unas 700 personas.

Al final de la función, llega el momento de hacer caja. Los asistentes han pagado cantidades que oscilan entre uno y 180 euros por una entrada para “Nathan der Weise”. Y, sorprendentemente, la facturación resulta ser más elevada que en las representaciones en las que el teatro fijó el precio de las entradas.