al margen de la crónica

Trombas son las de Santiago

El jefe de esta página ostenta el mismo nombre que el fundador y primer rey de Roma divinizado como dios de la guerra; pero no es un luchador aguerrido, es un apretador. Una de sus obsesiones pasa por tener “material” para “Al margen de la Crónica” hasta en el freezer. El tipo primero pide: “¿Me hacés algo para la dos?”, más tarde presiona: “¿Tenés listo lo de la dos?”. Y después extorsiona: “Mirá que mañana cuento con lo tuyo para la dos...”. No hay forma de evitarlo porque no retrocede ni siquiera cuando una le explica que todavía no tomó vacaciones y que en lugar de cerebro, tiene un ovillo de lana. La cuestión es que, después del “ablande” al que somos sometidas la víctimas de “la dos”, como muchas, intento un escape último: “No tengo tema... Estoy pensando en las mentiras y los mentirosos, pero no lo tengo cerrado”.

Sabiendo que no se puede esperar piedad de un verdugo, no me sorprende que, suelto de cuerpo sugiera: “Escribí sobre la tromba...”. La negativa es normal si viene de alguien como yo- que estuvo encerrada en una sala de reuniones en el momento justo, en el lugar equivocado. Me enteré de la tromba más tarde husmeando en Ellitoral.com.

El jefe niega mi ignorancia e insiste con la tromba. En mi auxilio acude uno de los escribientes estrella de este vespertino (que estuvo compartiendo conmigo la misma reunión y se perdió lo de la tromba) y ayuda: “¡Qué tromba ni tromba!, para ver trombas hay que irse a Santiago del Estero”. El erudito empieza a contar que, en uno de sus numerosísimos periplos por la Argentina (hecho que no le impide coleccionar millas alrededor del mundo), como el Llanero Solitario -a bordo de su impresionante saeta negra modelo 2009 en vez de caballo-, atravesaba las salinas de Santiago del Estero, cuando de pronto enmudeció debe de haber sido importante el fenómeno porque lograr su silencio es imposible- ante la aparición de una tromba juguetona que lo seguía saltando de una a otra banquina, cruzando la ruta por delante de su auto. ¡Éso era una tromba digna de la página dos!

Resignada a no poder evitar la cuestión, recurro a la Real Academia para desasnarme sobre la rareza, pero encuentro una escueta definición que describe a la tromba como una columna de agua que se eleva desde el mar. Como soy bastante curiosa, me prometo en otro momento- recurrir a Wikipedia, y sigo enroscada con las mentiras y los mentirosos. Mientras, reflexiono que los criticones de diarios tienen algo de razón en eso de que las buenas noticias no son noticia; si el remolino se convertía en huracán, el desastre hubiese sido parecido al que vivió San Justo; una mala noticia digna de la portada. Cientos de fotos de cazadores de imágenes llegaron a la web y los teléfonos recibieron numerosos llamados, todos acerca de la tromba; sin embargo, muy pocos aludieron o registraron la enorme belleza del arco iris que apenas un par de horas después, se desplegaba majestuoso en el cielo santafesino.